El documental “Terraformar Marte”
(“Living on Mars”) de National Geographic realizado en 2009 hace un recorrido
por los pasos que se deberían dar en los próximos siglos por parte del ser
humano para poder acondicionar Marte a la vida humana y que pudiera ser
habitable. Cuando lo vi me acordé de las pretensiones del famoso astrofísico
estadounidense Carl Sagan, que en 1961 ya hablaba de la posibilidad de
terraformar Venus mediante la eliminación de una gran parte de su atmósfera para
eliminar el efecto invernadero descontrolado y corregir la presión, (91 veces
mayor que la de la Tierra), la adaptación de su temperatura superficial (de
unos 465ºC de media) y la adicción (o la extracción del propio planeta) de
oxígeno. Indicó lo que había que realizar, pero no cómo se podría hacer, ya que
en su momento no había tecnología lo suficientemente avanzada como para llevar
a buen puerto dicho proyecto y, mucho me temo que aún no parece haberla. Es por
ello que el objetivo de terraformación de algún planeta vecino ha puesto sus
miras en Marte, más factible que Venus, y en dicho documental se hablaba de los
distintos pasos futuros que habría que dar para lograr realizarlo.
Hay que recordar que Marte está situada
a 80.477.400 Km de la Tierra, (unos 56 millones Km en el punto más cercano),
más alejado del Sol. No tiene atmósfera y su temperatura media es de -32ºC. Su
superficie es de 144.800.000 km² que es casi la misma que la superficie de
tierra emergida habida en nuestro planeta, (aunque en el caso de la Tierra sólo
sea el 28% de su superficie total), siendo en su totalidad un enorme desierto
de rocas congeladas de hielo y polvo, habiendo sido así durante los últimos
tres mil millones de años. Al no tener atmósfera, presenta una presión muy baja
y una intensa radiación ultravioleta y cósmica que esteriliza la superficie. Las
temperaturas varían de -127º en los polos a 27ºC cerca del ecuador pero su
atmósfera de dióxido de carbono es tan fina que cuando el hielo se funde pasa a
ser vapor directamente dejando la superficie seca.
Sin embargo, Marte no siempre ha
sido hostil para la vida como lo es en la actualidad. Hace unos hace unos 3.500
millones de años fue más cálido que actualmente y tuvo una atmósfera lo
suficiente densa para atrapar el calor del Sol (como un invernadero) creando la
presión atmosférica suficiente para mantener agua líquida estable en la
superficie, condiciones que podían haber sido favorables para la vida. Eso fue,
cuando el Sistema Solar era joven, el núcleo de Marte estaba caliente y sus
volcanes bombeaban dióxido de carbono a la atmósfera. Pero debido a que su masa
es diez veces menor que la de la Tierra, se enfrió rápidamente, provocando que
la actividad volcánica cesase, por lo que cesó el envío de dióxido de carbono a
la atmósfera, provocando que su espesa atmósfera desapareciera gradualmente, ya
que debido a su baja gravedad (3,7 m/s²) no pudo retenerla en cuanto ésta dejó
de regenerarse. Al no tener gases invernadero para atrapar el calor del Sol,
crear presión y bloquear las radiaciones, Marte se convirtió en un planeta helado,
seco y estéril. Además, por su baja cantidad de masa, parece ser que no tiene
placas tectónicas para reciclar los sedimentos y no tiene campo magnético para
protegerse del viento solar.
Pero los restos de su atmósfera
primitiva están presentes en su superficie en forma de hielo de dióxido de
carbono y agua, y además gran parte del dióxido de carbono de su atmósfera reaccionó con
el suelo para formar carbonatos. Esto es la clave, que Marte tenga el
suficiente dióxido de carbono como para poder regenerar su atmósfera. Por lo tanto, para que un planeta tan
hostil, como lo es éste en la actualidad, pueda alojar vida sería necesario un
trabajo de ingeniería interplanetaria a una escala que actualmente se puede
considerar inconcebible, más aun cuando todavía ningún ser humano ha pisado ese
planeta.
El primer paso para hacer que
Marte fuera habitable consistiría en calentarlo, porque ahora está demasiado
frío, por lo que la solución más sencilla para llevarlo a cabo sería liberar
gases de efecto invernadero. Como el suelo de Marte está formado por rocas
pulverizadas y minerales y partiendo de que se cree que una gran parte de la
superficie marciana está formada por carbonato mineral como el yeso y por
minerales con una elevada acidez, como el ácido sulfúrico, al mezclar el polvo
del suelo y los carbonatos junto con agua, se liberaría dióxido de carbono,
por lo que añadiendo agua (extraída mediante el proceso de “cocinación” del
suelo del planeta que tendría agua en forma de hielo) se podrá generar el dióxido de carbono suficiente como para comenzar a espesar la atmósfera de Marte. Este proceso
debería estar en funcionamiento de forma constante para lograr que la atmósfera
marciana fuera tomando grosor.
El segundo paso consistiría en forestar
Marte para poder transformar esa recién creada atmósfera de dióxido de carbono en otra con mayor contenido de oxígeno. Para este paso de forestación se
necesita nitrógeno y éste era parte de la mezcla de elementos de la antigua
atmósfera marciana, (algo que se pudo confirmar a partir de las muestras
obtenidas por el robot Curiosity), habiéndose convertido en compuestos
minerales del suelo. Por ello, el suelo puede estar sembrado de microbios como
las cianobacterias que pueden descomponer esos compuestos volviendo a poner en
circulación el nitrógeno en las circunstancias adecuadas. De esta forma, se
podrían exportar desde la Tierra, musgos y líquenes que serían los encargados
de fertilizar el suelo, (unos 50 o 100 años después de iniciar el calentamiento),
pues florecen con el dióxido de carbono y obtienen los nutrientes que
necesitan de los microbios y la fotosíntesis, fabricando tierra y ayudando a
crear más nutrientes, generando la base para poder plantar árboles. Esto se
realizaría una vez que se logre alcanzar en algunas zonas temperaturas medias
de 5ºC. A esas temperaturas, se pondrán plantar pinos de alta montaña, que son
los más resistentes que conocemos en la Tierra y que pueden vivir con poco
oxígeno y altas radiaciones, diseminando sus semillas a través del viento.
Se estima que, con la tecnología
actual, los árboles tardarían 100.000 años en transformar el helado Marte y la recién
creada atmósfera marciana de dióxido de carbono en un planeta verde y templado
con suficiente oxígeno para los humanos, aunque si se pudieran desarrollar
tecnologías no-biológicas para convertir el dióxido de carbono en oxígeno, Marte
podría tener aire respirable mucho antes, quizá en unos 10.000 años.
Si finalmente se logra
terraformar Marte, tal y como se vaticina en este documental, podrían
terraformarse, en un futuro más remoto, la Luna, Venus (tal y como ya predijo
Carl Sagan, por ser el planeta más parecido a la Tierra) o alguno de los
satélites de Júpiter o Saturno, aunque para ello, se necesita tecnología que
aún no hemos sido capaces de desarrollar.
Al fin y al cabo, tal y como ha
dicho Stephen Hawking en varias ocasiones, el ser humano ha de buscar otro
planeta donde vivir pues, a largo plazo, nuestra supervivencia puede depender
de ello.