lunes, 15 de julio de 2013

EL PRINCIPIO ANTRÓPICO

Desde los 15 años hasta que acabé la universidad siempre tuve la misma carpeta archivadora, todo ello a pesar de la fuerte oposición de mi madre, que cada vez que la veía decía que le daba vergüenza que siguiera con ella con todas las que tenía vacías en el armario. Pero es que dicha carpeta estaba llena de muchos recuerdos. Entradas de casi todos los conciertos a los que había ido, fotos de las chicas famosas que más me habían inspirado, diversas pegatinas, montones de frases mías y de mis compañeros del instituto, diversas caídas al vacío desde un tercer piso, (cosas de los compañeros de clase)… El caso es que lo intenté, pero el apego que tenía hacia ella hizo que me acompañara hasta el final de mis estudios.
En el centro de la carpeta, al lado de mi querida Samantha Fox había una frase bien remarcada que se podría considerar mi primer aforismo escrito. Recuerdo que dicha frase surgió en una clase de Filosofía en la que estaba en plena batalla naval con el Chopo. El profesor estaba explicando a Descartes y citó su famoso aforismo “Pienso, luego existo”. En ese momento le dije al Chopo, de forma muy simplista, rozando la idiotez adolescente con la que tanto disfrutábamos, que sin una buena frase no se podía pasar a la historia. Acto seguido escribí en el centro de mi carpeta, en mayúsculas, y de manera que pareciera improvisada, “La razón de nuestra existencia está en la propia existencia”, y puse debajo mi firma “J.F.”. El Chopo cuando lo leyó no paró de reírse y comenzó a contárselo a Nicol y Mariano, que estaban al lado, bajo la connotación de que era mi primera frase filosófica. El caso es que cuanto más lo contaba, más orgulloso estaba yo de mi primer aforismo y lo remarqué hasta que cada uno de los trazos que componían cada letra alcanzó su máximo grosor posible.
Recuerdo que le intenté explicar varias veces que el hecho de la existencia humana era casual, que había sido un proceso evolutivo que había acabado en el origen del ser humano y que no había otra razón más que esa, que era como buscar explicación a la existencia de cualquier otro ser u otro objeto existente en el Universo, una concatenación azarosa de sucesos que había culminado en la existencia de ese ser u objeto a partir de los elementos básicos que formaban el primitivo Universo y no había que buscar más explicaciones de origen místico. Y que era a partir de aquí, desde nuestra existencia, desde donde se busca la explicación de todo lo que nos rodea. Por muy casual que fuera nuestro origen, existíamos, por lo que no quedaba más remedio que ir hacia atrás a buscar nuestro origen, o la razón de nuestro existir. Era una manera de expresar que nuestra existencia había sido una concatenación azarosa de sucesos.
Sin saberlo, pues aún no había oído hablar de ello, me estaba postulando como defensor del principio antrópico, ese principio que viene a enunciarse de forma generalizada como que “el mundo es como es porque hay seres que se preguntan por qué es así”. Dentro del campo de la cosmología, el principio antrópico establece que cualquier teoría válida sobre el universo tiene que ser consistente con la existencia del ser humano, lo que conduciría a la tautología que dice que “si en el Universo se deben verificar ciertas condiciones para nuestra existencia, dichas condiciones se verifican ya que nosotros existimos”, es decir, cualquier teoría acerca de la naturaleza del Universo debe permitir la existencia del ser humano y de cualquier ente biológico basado en el carbono, más aún en este momento y lugar concretos del Universo.
El concepto del principio antrópico se le debe al astrofísico teórico australiano Brandon Carter, que en un simposio celebrado en Varsovia en 1973 en conmemoración del 500 aniversario del nacimiento de Copérnico dijo, en referencia al principio copernicano que afirma que “los seres humanos no ocupan una posición privilegiada en el Universo”, que a pesar de que nuestra situación no es necesariamente ser el centro del Universo, es inevitablemente privilegiada en cierta medida, ya que como observadores de éste, cualquier argumentación acerca del origen del Universo ha de tener en cuenta la existencia de vida en la Tierra en la actualidad, ya que de lo contrario, ninguno de nosotros existiríamos en este momento.
No obstante, la idea básica del principio ya había sido utilizada anteriormente por el físico experimental estadounidense Robert Henry Dicke en el libro “El principio de equivalencia y las interacciones débiles” que publicó en 1957 donde reseña que "La edad actual del Universo no es casual sino que está condicionada por diversos factores biológicos que deberían concluir con la existencia del ser humano que considera el problema". Igualmente, una formulación equivalente hizo el antropólogo y biólogo británico Alfred Russel Wallace, conocido por haber propuesto una teoría de evolución por medio de selección natural que motivó a Charles Darwin a publicar su propia teoría. Publicó en 1903 “El lugar del hombre en el Universo” donde afirma que "un Universo tan vasto y complejo como el que sabemos que nos rodea puede que sea absolutamente necesario para producir un mundo tan adaptado al desarrollo de una vida que habría de culminar en la aparición del ser humano."
Es evidente que el principio antrópico viene a ser, dentro de la comunidad científica, un enunciado tautológico, es decir, una obviedad, pero sí que sirve de punto de partida, para, a partir de un punto evidentemente cierto, poder ir buscando las distintas explicaciones a todo aquello que desconocemos de nuestros orígenes. Igualmente sirve de punto final, conclusión u objetivo de toda investigación o teoría que parte desde un punto inicial muy anterior.
Lo más gracioso de todo, en relación a mi aforismo, fue cuando me encontré con el libro “Los hermanos Karamazov” en donde su autor, Fiódor Dostoyevski, dice que “el misterio de la existencia humana no está sólo en poder vivir, sino en encontrar una razón por la que vivir”. Ese fragmento me refrescó la frase ubicada en mi carpeta archivadora y que siempre me acompañó en mi última época de estudiante. Para colmo, según mi aforismo, el misterio de la existencia humana está sólo en el puro sentido de vivir, o de la propia existencia, por lo que, sin saberlo, le había quitado a Dostoyevski todo el misterio de la existencia humana.
Es curioso, pero a pesar del tiempo que ha pasado de aquello y de que a Dostoyevski no creo que le hubiese gustado mi simplicidad con respecto a sus palabras, me reafirmo en dicho enunciado. Casi nadie busca una razón por la que vivir, se vive sin más, con todas las emociones, percepciones y vivencias que eso conlleva, adaptándose a ella o dándole algún pequeño giro para que la adaptación o el enfoque de la vida sea más personal y sólo se buscan razones para vivir cuando la vida parece un absurdo.

lunes, 1 de julio de 2013

EL COMPORTAMIENTO GREGARIO

Tras cursar mi primer año de Bachillerato en un internado de Valladolid, volví a mi ciudad natal para continuar mis estudios de B.U.P. en el segundo instituto de la ciudad y que tanto mi promoción como la siguiente íbamos a inaugurar. Era el instituto Mixto 2 y que durante el curso siguiente sería bautizado como I.B. Vela Zanetti en honor de un pintor de la zona.
Al volver me encontré con el problema de que no podía contar con mis amigos de siempre. Antonio y Jesús seguían estudiando en el mismo internado de Valladolid en el que me a mí, afortunadamente, los responsables del centro no me habían permitido continuar, y Marcos tenía pareja. Por todo ello, tras un tiempo sin tener con quien salir los fines de semana, empecé a quedar con José Carlos, Juan Pedro, Chavi y Julio, y más tarde Misis. Ellos fueron mis compañeros de batallas durante algo más de un año, hasta que Antonio y Jesús volvieron y empezaron a quedar con Marcos, cuando éste dejaba en casa a Paloma, pues tenía un horario de vuelta a casa muy severo. Empecé a compaginar a ambos grupos. Quedaba con José Carlos y compañía a media tarde y, sobre las doce, que era la hora en la que ellos se solían ir, me unía a mis amigos de siempre, con los que pasaba el resto de la noche. Con el tiempo, acabé quedando solamente con Marcos, Antonio y Jesús, pues solía acabar muy perjudicado quedando con ambos grupos y, además, el grupo de José Carlos ya era muy numeroso, pues se había unido mucha gente para salir con ellos.
Fue ahí cuando empezamos a hacer pandilla, ya que, por entonces, se unió a nosotros Fernan y, posteriormente, Míguel, (hermano de Fernan), y su amigo Javi. Un par de años después se unirían a nosotros Rule y Ropecho. Era una pandilla heterogénea aunque no había ninguna dificultad en decidir las cosas que hacíamos. Teníamos gustos musicales diferentes, pero encontramos unos gustos comunes como cuadrilla que utilizábamos para amenizar nuestras meriendas, viajes y reuniones, así como una ruta que incluía muchos lugares a los que ir cada noche que, sin planificación alguna, comenzó a convertirse en habitual. Igualmente, ideológicamente, comenzamos a tener una visión muy similar, de izquierdas, (algunos más que otros), pero donde el PSOE se situaba a nuestra derecha. Hasta nuestro grito de guerra “Viva la que se meaba de pie” surgió de manera espontánea en una noche de fiesta en Langa de Duero, donde Antonio aseguró haber visto a una mujer en tales circunstancias, todo ello sin que ninguno de los demás nos diéramos cuenta de ello, pese a tenerla a escasos metros. Evidentemente, dicho grito de guerra lo plasmamos en el reverso de la camiseta de grupo que nos hicimos para las fiestas de Aranda.
Con el tiempo, comenzamos a encontrar nuestra zona de confort. Bares como “El Gato Invisible”, en donde nos podíamos pasar todo la noche a solas con Félix, el dueño, con nuestras amenas tertulias políticas, y el “Kilombo” o el “Anubis”, los preferidos para nuestros desfases más sonados. Posteriormente, acabaría siendo el Vayvén el lugar que los sustituyó. Esos lugares, seguramente, no eran los preferidos de todos, pero eran los preferidos del grupo como tal. Tampoco había ningún problema a la hora de acudir a conciertos fuera de Aranda, pues la cuadrilla tenía sus gustos comunes. Así fue como Marcos, Fernan y yo nos fuimos “a dedo” a Madrid para ver tocar a Siniestro Total en Las Ventas, donde los demás no pudieron ir por circunstancias diversas, entre otras cosas porque éramos menores de edad. Pero en cuadrilla nos fuimos a ver a Los Ramones en Valladolid, a Rosendo en Hontoria del Pinar, a Los Suaves en Salas de los Infantes o a Siniestro Total y Tijuana in Blue en Melgar de Fernamental, entre otros muchos conciertos a los que asistimos por entonces.
Me di cuenta de que eran los gustos de la cuadrilla y no de que tuviéramos gustos en común cuando a Marcos le oí maldecir, años después, que una cosa que no volvería hacer es ir hasta Melgar a ver un concierto de Tijuana in Blue. También yo, he de reconocer, que pasar tantas horas en “El Gato Invisible”, aislados del mundo, no me hacía mucha gracia. Estoy seguro de que si preguntara a todos los demás, uno por uno, acerca de esto, me encontraría con que todos en alguna ocasión o circunstancia hicimos algo o acatamos algún dictamen de la cuadrilla sin coincidir con sus gustos o preferencias.
Es ahí donde comprendí que la cuadrilla tomaba sus decisiones propias, sin planificación alguna, con mayor influencia por parte de unos que de otros miembros en ciertos casos, pero en la que todos opinábamos y proponíamos y, de manera no planificada y casi espontánea, se generaban unas decisiones que eran las que todos seguíamos. Me di cuenta entonces de que los miembros de la cuadrilla habíamos tenido durante años un comportamiento gregario.
El comportamiento gregario describe cómo los individuos de un grupo pueden actuar juntos sin una dirección planificada. El término se suele aplicar al comportamiento de animales en manadas y a la conducta humana durante situaciones y actividades, tales como las burbujas financieras especulativas, manifestaciones callejeras, eventos deportivos, disturbios sociales e incluso la toma de decisiones, juicio y formación de opinión de todos los días.
Un grupo de animales huyendo de un depredador muestra la naturaleza del comportamiento gregario. Cada individuo miembro de un grupo reduce el peligro para sí mismo al moverse tan cerca como sea posible al centro del grupo que huye. Entonces, parece que la manada actúa como una unidad en movimiento conjunto, pero su función emerge del comportamiento no coordinado de individuos que buscan su propio bienestar.
Evidentemente, este tipo de comportamiento no es único de nuestra cuadrilla sino, más bien, un comportamiento generalizado de todas aquellas cuadrillas que no tengan definido uno o unos líderes firmes que asuman la toma de decisiones. Lo más lógico es llegar a una toma de decisiones basada en los gustos comunes y en la que ningún miembro de la cuadrilla se vea desplazado, para la supervivencia de ésta.
Lo más gracioso es que buscando en el origen de las decisiones que acabaron siendo comportamiento generalizado del grupo o decisiones de la cuadrilla, hay influencias de la gran mayoría de los miembros del grupo, por lo que es de suponer que el comportamiento gregario ha de ser, por lo tanto, el comportamiento generalizado en cualquier grupo unido sin una causa concreta más allá que la de buscar estar juntos para satisfacción y disfrute colectivo.
Es posible que, aparte de todos los cambios que todos desarrollamos a los largo de nuestra vida, principalmente con la aparición de parejas sólidas y de las situaciones laborales, es ahí donde puede estar uno de los orígenes del final de las cuadrillas de la adolescencia y de la juventud, en dejar de acatar el dictamen de la cuadrilla, en dejar de tener un comportamiento gregario.

martes, 18 de junio de 2013

EL PRINCIPIO DE PETER

Hace casi cinco años tuve que ir a Rabat por motivos laborales para realizar una presentación técnico-comercial de nuestro producto a una empresa pública marroquí. El principal motivo de mi presencia allí fue la indisponibilidad por parte de la empresa de disponer de un comercial que hablase francés en esas fechas, por lo que aprovecharon mi experiencia profesional y, sobretodo, mi conocimiento del idioma.
Unos meses después de haber realizado dicha presentación, el Director de nuestro mercado me comentó que desconocía que hablase francés y que era un valor añadido muy importante en ese momento, ya que uno de los objetivos del Departamento era su introducción en países francófonos, por lo que podía asumir las tareas de Jefe de Proyecto, una vez que había demostrado eficientemente mi valía dentro del puesto que ocupaba. Para mí, esa oferta no suponía ningún ascenso, pero sí un desplazamiento lateral a una línea jerárquica con más recorrido y un cambio funcional bastante importante, puesto que, si aceptaba, mis tareas iban a ser muy diferentes a las que desempeñaba en ese momento.
Aunque en un principio le dije que no me apetecía afrontar ese cambio funcional porque por entonces no atravesaba ni mucho menos el mejor momento en mi vida personal para afrontar un cambio profesional tan importante, lo pensé concienzudamente porque tiempo atrás sí que había estado interesado en desempeñar dichas funciones y lo hubiese aceptado sin dudarlo. Analicé lo que supondría dejar de realizar unas funciones para las que estaba totalmente cualificado y que llevaba desempeñando varios años de una manera satisfactoria para la empresa, por otras notablemente diferentes y para las que no estaba del todo seguro si iba a estar lo suficientemente cualificado para desempeñarlas.
Aunque el puesto de Jefe de Proyecto, por entonces, gozaba de prestigio dentro del departamento, yo consideraba que los proyectos salían adelante principalmente gracias al trabajo de las distintas áreas técnicas del departamento. Consideraba igualmente que muchas veces las gestiones de los distintos Jefes de Proyecto entorpecían considerablemente el trabajo a realizar por las distintas áreas técnicas y que éstos poco podían hacer ante posibles inoperancias técnicas. Igualmente pensé en distintos casos habidos en la empresa en las que distinto personal técnico había asumido responsabilidades operacionales y, en algunos casos, ese cambio no había sido fructífero, por lo que pensé que esas personas habían sido víctimas del principio de Peter, situación a la que me podía ver abocado en el caso de aceptar la propuesta sin tener la convicción y la motivación necesaria.
A partir de estas premisas, acabé considerando que sería más útil si continuaba realizando funciones técnicas que operacionales y que no estaba dispuesto a asumir un posible arrepentimiento de tomar una decisión de la que no estaba convencido.
El principio de Peter, también conocido como el principio de incompetencia de Peter, está basado en el estudio de las jerarquías en las organizaciones modernas o jerarquiología. Fue promulgado por el catedrático de ciencias de la educación Laurence J. Peter en el libro que publicó en 1969 con el mismo nombre. En él afirma que, en una jerarquía, las personas que realizan bien su trabajo son promocionadas a puestos de mayor responsabilidad, hasta que alcanzan su nivel de incompetencia. Anteriormente, a principios del siglo XX, José Ortega y Gasset ya había hecho referencia a este concepto, pues suyo es el aforismo que dice: "Todos los empleados públicos deberían descender a su grado inmediato inferior, porque han sido ascendidos hasta volverse incompetentes".
El principio de Peter fue deducido del análisis de cientos de casos de incompetencia en las organizaciones y da explicación a los casos de acumulación de personal, según el cual el incremento de personal se hace para poner remedio a la incompetencia de los superiores jerárquicos y tiene como finalidad última mejorar la eficiencia de la organización, hasta que el proceso de ascenso eleve a los recién llegados a sus niveles de incompetencia.
Como corolario de su famoso principio, Lawrence J. Peter añadió que “con el tiempo, todo puesto tiende a ser ocupado por un empleado que es incompetente para desempeñar sus obligaciones” y que “el trabajo es realizado por aquellos empleados que no han alcanzado todavía su nivel de incompetencia”. Todo ello es consecuencia de la tendencia generalizada a creer que cuando una persona ha demostrado estar capacitado en sus funciones actuales ha de estar preparado, por tanto, para poder desempeñar las funciones que requiere el puesto jerárquico inmediatamente superior.
El caso es que meses después de su propuesta volvió a preguntarme acerca de ella. Yo le contesté que no me importaba probar esa nueva funcionalidad ante una necesidad puntual o para un proyecto concreto, teniendo la posibilidad de volver a mi puesto en el caso de que la experiencia no fuera fructífera o satisfactoria, algo que le pareció insuficiente, dejando entrever una falta de ambición por mi parte.
Sinceramente, nunca sabré qué habría pasado si hubiese aceptado dicho cambio, pero hay cosas que tengo muy claras como que no hay que afrontar unas responsabilidades para las que no se está preparado o, como era mi caso, para las que no se está suficientemente motivado como para aceptar. Sé de sobra que el ser bueno en un puesto no garantiza el poder serlo en cualquier otro puesto. Evidentemente, no rechacé el cambio profesional por temor al fracaso, pues nunca me asustó afrontar nuevos retos, pero lo que sí que tengo claro es que no es bueno afrontar un cambio cuando no se tiene la motivación suficiente para desempeñarlo.
Lo más curioso de todo es que uno de mis aforismos recurrentes es aquel que Maquiavelo dictó a finales del siglo XV que dice “Vale más hacer y arrepentirse, que no hacer y arrepentirse”. A pesar de que es un aforismo que define muy bien la forma que tengo de ver la vida, en este caso “no hice y no me arrepentí”.

lunes, 3 de junio de 2013

EL SENTIDO COMÚN

Mi primer trabajo, una vez terminados mis estudios universitarios, fue en TelePizza S.A. Tras un par de meses buscando trabajo fui seleccionado en un muy peculiar proceso de selección en el que buscaban un Informático de Sistemas que hablase francés con el objetivo de desempeñar todas las funciones profesionales propias del puesto en Francia, donde TelePizza acababa de adquirir 28 tiendas distribuidas por todo el país.
Tras un mes y medio de formación en las oficinas de TelePizza situadas por entonces en un MiniPark de El Soto de La Moraleja, me trasladé a París donde trabajaría entre seis meses y un año realizando dichas funciones junto con otro compañero, Andrés, para poner en funcionamiento las oficinas, las tiendas que aún no habían abierto y realizar todas las tareas de soporte y mantenimiento de la compañía en territorio francés. Una vez sentadas las bases, que debería ser a partir de los seis meses de estancia, sólo se quedaría uno de los dos informáticos.
Aunque en Andrés encontré una gran alianza de cara a asentarme en una ciudad nueva en la que no conocía a nadie, no tuve la misma suerte en el terreno profesional. Desde un primer momento, se desentendió en demasía de las funciones importantes, debido a sus limitados conocimientos, y dejó que yo llevara el peso funcional de todas las tareas importantes, convirtiéndome así en el único nexo de comunicación con las directrices que venían de las oficinas centrales. Funcionalmente, que no jerárquicamente, Andrés era mi ayudante, algo que se acrecentó con el paso del tiempo. Sin embargo, mis relaciones con el director del mercado francés nunca fueron nada buenas, a pesar de que fui avisado desde Madrid de las particularidades de dicho personaje. Desde un primer momento tuvimos importantes roces y la relación se deterioró de una manera considerable debido a una mutua animadversión. Tampoco ayudó en nada el que rehuyese su grupo de adulación, formado por el subdirector y un par de ambiciosos supervisores, que entre todos aglutinaban la mayor parte de los defectos más odiosos que puede tener una persona. Por estos motivos, tras los seis meses de rigor, yo fui el elegido para volver a las oficinas de Madrid, dejando a Andrés al mando de las tareas del mercado francés, ante el estupor de la casi totalidad de los jefes de tienda, entre los que se encontraban una decena de españoles desplazados para inculcar la metodología de trabajo. Cuando volví a España lo primero que me comentó Juan Carlos, el director del departamento de Informática, es que el director del mercado francés había recomendado mi despido, pero que si yo quería seguir él mediaría para que eso fuera así, ya que sabía que se dichas recomendaciones se debían a criterios personales y que en esos momentos les iba a ser muy útil porque podía incorporarme en cualquier área de su departamento y, además, TelePizza tenía un plan de expansión en Bélgica y Marruecos.
El caso es que me incorporé en el área de explotación que dirigía Suso, principalmente orientado a dar soporte a las más de 500 tiendas que, por entonces, TelePizza tenía en España, así como a la instalación de nuevos establecimientos.
Un par de meses después de mi vuelta, tuve la evaluación profesional. No es que esperase una gran calificación, pero Suso conocía perfectamente tanto el trabajo que había desempeñado en Francia como el que estaba desarrollando en su área de trabajo. Las calificaciones de dicha evaluación fueron bastante flojas en tres de los cuatro bloques de los que constaba, algo que le repliqué que era injusto. Él me dijo que no podía evaluarme mejor con los antecedentes que traía, pero que en el último apartado, donde se evaluaba principalmente el sentido común y la toma de decisiones, me había dado la máxima puntuación y él la consideraba las más importante. Recuerdo que reaccioné diciéndole que para mí era el punto menor importante ya que “el sentido común lo tiene todo el mundo”. Me contestó diciéndome que me sorprendería de la poca gente que logra tener buenas puntuaciones en ese bloque y que el sentido común suele brillar por su ausencia.
Según la RAE, el sentido común es la facultad que tenemos de juzgar razonablemente las cosas. Dicha facultad nos permitiría distinguir todo lo que nos rodea: el bien, el mal, la razón y la ignorancia.
Las funciones que tradicionalmente se le atribuyen son conocer las diferentes cualidades captadas por los sentidos externos y establecer una comparación entre dichas cualidades, conocer los actos u operaciones de los sentidos externos y distinguir los objetos reales de las imágenes fantásticas. Es decir, el sentido común no entiende, sino que siente las sensaciones externas. Se dice que el sentido común regula el acto del sentido externo y lo hace consciente, por lo que se puede concluir que el sentido común utiliza los sentidos externos como instrumentos de los que se sirve para llegar al conocimiento del objeto.
Socialmente se podría decir que el término “sentido común” describe las creencias o proposiciones que parecen, para la mayoría de la gente, como prudentes, más adecuadas o idóneas, sin depender de un conocimiento esotérico, de investigación o de estudio, por lo que se puede decir que el sentido común vendría a ser la capacidad que tiene un individuo para comportarse y tomar decisiones de la forma más razonable en pos del bien común y del proceder más eficaz y todo ello a partir de las percepciones externas o de la regulación de los sentidos.
En aquel momento en el que Suso me habló de la carencia de sentido común sólo me acordé de Andrés, que carecía completamente de sentido común, pero lo curioso es que esas palabras que Suso me dijo en su día las he recordado en innumerables ocasiones, debido, principalmente, a la cantidad de gente que he conocido o con quien he coincidido en todo este tiempo, con muy poco sentido común, algunos en toma de decisiones concretas, otros en la mayoría de sus comportamientos. Por algo se dice que es el menos común de los sentidos.

lunes, 20 de mayo de 2013

LA FILOSOFÍA SOCRÁTICA

Cuando realizaba mis estudios de C.O.U. (Curso de Orientación Universitaria), equivalente al segundo curso del Bachillerato actual, tuvimos como profesor de Historia de la Filosofía al mismo que el año anterior nos había dado las clases de Introducción a la Filosofía y al que ya hice referencia en la entrada “El Origen de la Filosofía”. Como es tradición, todos los profesores suelen tener un mote y él no se libró de ello. Le llamábamos “Fu Manchú” por su parecido físico a las distintas representaciones cinematográficas que se han plasmado de ese personaje ficticio creado por el escritor de misterio y novelas policíacas Sax Rohmer, personificado en un villano chino que odiaba la civilización occidental y a la raza blanca y que siempre aparecía perseguido, derrotado y con sus planes desbaratados por el investigador inglés Sir Denis Nayland Smith junto a su acompañante, el doctor Petrie.
El caso, acerca de ese profesor, es que tras entregarnos los exámenes corregidos de la segunda evaluación del curso a mi compañero Nicol no se lo entregó y nos comentó que con su examen había tenido el primer dilema moral de este tipo. Nicol había entregado el examen a los cinco minutos de haberlo comenzado y solamente plasmó en él la frase “Sólo sé que no sé nada”. Para nuestro profesor, suspender a Nicol era como suspender a Sócrates, pero el sistema educativo le obligaba a hacerlo. Finalmente, optó por esta segunda corriente de actuación y Nicol vio como “Fu Manchú” le entregaba el examen con un cero plasmado en todo el centro.
Entiendo que el hecho de “suspender” a Sócrates en un examen de “Historia de la Filosofía” es toda una herejía, ya que Sócrates está considerado como uno de los filósofos más grandes tanto de la filosofía occidental como de la universal y considerado para algunos como el más grande de la filosofía universal. Es más, Sócrates marcó toda una línea en la filosofía de la Grecia clásica, por ello se realizó una división entre la filosofía presocrático y la socrática. Es uno de los tres representantes fundamentales de la filosofía de la Antigua Grecia, junto con Platón, su discípulo, y Aristóteles, discípulo de Platón, todo ello a pesar de que Sócrates no escribió ninguna obra y el conocimiento que se tiene de su figura y su filosofía se ha realizado a través de “Los diálogos de Platón”, “Los escritos de Jenofonte”, que contiene algún que otro error histórico, la comedia “Las nubes” de Aristófanes, escrita cuando Sócrates tenía 41 años, en la que aparece ridiculizado y colocado en el lugar de los sofistas, (considerándolo un demagogo), y las sucesivas menciones que hace de él Aristóteles a lo largo de todas sus obras, (aunque no lo conoció directamente, se considera que su recuento es el más objetivo).
Sócrates nació en Atenas en el 470 a.C. Se dice que sus padres lo dejaron crecer “a su aire”, sin oponerse a su voluntad ni reprimirle sus impulsos. Puede ser que, por ello, ya desde joven llamó la atención por la agudeza de sus razonamientos y su facilidad de palabra, además de la fina ironía que aplicaba en sus tertulias, que solía basar en continuas preguntas sobre la confianza en las opiniones populares, aunque muy a menudo él no les ofrecía ninguna enseñanza. Tuvo por maestro al filósofo Arquelao, (discípulo de Anaxágoras), que decía que “lo justo y lo injusto no lo son por naturaleza, sino por la ley”, y estableció, entre otras máximas, que el mayor de todos los astros es el Sol y que el Universo es infinito. Lo introdujo en las reflexiones sobre la física y la moral.
El poder de su oratoria y su facultad de expresión pública eran su fuerte para conseguir la atención de las personas. Su inconformismo le impulsó a oponerse a la ignorancia popular y al conocimiento de los que se decían sabios. Sócrates nunca se consideró un sabio, pues era consciente tanto de la ignorancia que le rodeaba como de la suya propia. Esto lo llevó a tratar de hacer pensar a la gente y hacerles ver el conocimiento real que tenían sobre las cosas. Asumiendo una postura de ignorancia, interrogaba a la gente para luego poner en evidencia la incongruencia de sus afirmaciones. Esta práctica se denominó “ironía socrática”, la cual queda expresada con su célebre frase “Sólo sé que no sé nada”. Creía en la superioridad de la discusión sobre la escritura y, por lo tanto, pasó la mayor parte de su vida iniciando diálogos y discusiones con todo aquel que quisiera escucharle, a quienes solía responder mediante preguntas. Así creó la mayéutica, método inductivo que le permitía llevar a sus alumnos a la resolución de los problemas que se planteaban por medio de hábiles preguntas cuya lógica iluminaba el entendimiento, es decir, lograr que el interlocutor descubra sus propias verdades. Por ello Sócrates no escribió ninguna obra porque creía que cada uno debía desarrollar sus propias ideas y que la sabiduría no consistía en la simple acumulación de conocimientos, sino en revisar los conocimientos que se tienen y a partir de ahí construir conocimientos más sólidos, pues sólo superando el relativismo se podría alcanzar la verdad absoluta.
Fue maestro de Platón quien atribuyó sus propias ideas a su maestro Sócrates y lo describió como un personaje que se escondía detrás de una irónica profesión de ignorancia, conocida como ironía socrática, con gran ingenio y agudeza mental. También fue maestro de Arístipo, que fundó la filosofía cirenaica de la experiencia y el placer, de la que surgió la filosofía más elevada de Epicuro. Igualmente influyó considerablemente en el filósofo Antístenes, amigo suyo, que fue el fundador de la escuela cínica de filosofía.
Sócrates fue condenado a muerte en el año 399 a.C. acusado de despreciar a los dioses, motivado por su postura que planteaban una existencia etérea sin el consentimiento de ningún dios como figura explícita, y de corromper a la juventud ateniense, pues el método socrático era imitado con frecuencia por los jóvenes atenienses, trastornando en gran medida el orden social y los valores morales ya establecidos. Al mismo tiempo era un fervoroso crítico de la democracia ateniense de elecciones de grupo, ridiculizándola, ya que en ningún otro oficio podía ser elegida una persona de esa forma.
Los amigos de Sócrates planearon su huida de la prisión, lo cual era esperado e incluso habría sido aceptado por la ciudadanía, pero él se negó por principios y por coherencia con su propia filosofía de obediencia hacia las leyes, pues consideraba que peor habría sido la ausencia de ley, llevando a cabo su propia ejecución bebiendo la cicuta, forma de ejecución de la época, convirtiéndose así en uno de los primeros “mártires” intelectuales.
Sinceramente, aunque sólo fuera por la originalidad de su acción, y sin que ello supusiera un precedente, yo habría aprobado a Nicol dicho examen. Nicol hubiese suspendido la asignatura y repetido curso igualmente, pero el mito de aquel profesor hubiera sido aún mayor con esa acción y un aforismo de Sócrates hubiese estado por encima de las directrices evaluativas del sistema educativo.
Por cierto, aunque no sea el más conocido, para mí el más brillante aforismo atribuido a Sócrates es: “Habla para que yo te conozca”.

lunes, 6 de mayo de 2013

LA INCURSIÓN PERIODÍSTICA

A principios de los 90, la radio libre Radio Iris 7 reanudó su emisión, siguiendo las directrices de la Coordinadora de Radios Libres y como medida de presión al Gobierno para aportar una solución a la denegación de las licencias, después de haberlas cesado a instancias del Gobierno Civil que forzó a la Concejalía de Juventud de Aranda de Duero al cese de las emisiones mientras se solicitaba una licencia que finalmente fue denegada por cuestiones políticas.
Debido a dichos problemas, en ese momento, la Asociación Socio-Cultural Iris 7 contaba con un número muy pequeño de asociados. Jero, hermano de mi amigo Marcos, se puso en contacto conmigo para realizar algún programa de radio, pues no había gente suficiente para cubrir la programación. Acepté la propuesta y así nació “La Resaca Deportiva”, el programa deportivo de una hora de duración que se emitió todos los lunes de la temporada. La hora siguiente fue ocupada por un programa de música que venía a ser un monográfico de los grupos que más me gustaban, aunque esto ya lo realizaba yo en solitario.
Lo que más me gustaba de esto era el poder asistir a las ruedas de prensa. Recuerdo que Ramón Cuadrado, el entrenador de la Arandina C.F. de ese año siempre me atendía en último lugar. Un día le pregunté el porqué de ese orden y él me contestó que era para hacerlas con más tranquilidad porque disfrutaba de mis entrevistas ya que siempre le hacía preguntas incómodas y que era una lástima que él viviese en Valladolid porque le gustaría oír nuestro programa, algo que he de reconocer, me gustó oír. También me dijo que nunca sabía lo que podían escribir los demás con esas entrevistas tan complacientes, pues de las preguntas incómodas se sacan los titulares, tanto si son contestadas como si no.
Tiempo después, nació una revista de difusión local y periodicidad semanal llamada “Ecos del Duero”, que se nutrió, de forma importante, de colaboradores que estaban haciendo programas en la radio. Al no contar con sección de Deportes se pusieron en contacto con Jero  y conmigo que, a regañadientes, aceptamos la propuesta, ya que no nos fiábamos mucho de la viabilidad de dicha publicación, considerábamos que era “vendernos” y no nos acabábamos de creer el que fuéramos a tener total libertad de publicación y de compaginación de tareas, que era lo único que pedimos.
El caso es que dicha decisión fue un acierto, ya que cobrábamos por realizar lo que ya hacíamos como una mera afición y dejamos de tener problemas con las credenciales, pues en muchos sitios nos ponían demasiadas pegas por acudir con una credencial de una radio que estaba en situación de alegalidad. Gracias a ello, comenzamos a ser bien recibidos en todos los  lugares a los que decidíamos ir, a pesar de ser “dos chavales”. El presidente de la Arandina CF nos abrió su casa, al igual que el gran maratoniano Santiago Manguán, olímpico y varias veces campeón de España. Incluso no tuvimos ningún problema para acreditarnos en Valladolid en el final de etapa de la Vuelta a España, donde pudimos estar en línea de meta junto a Miguel Induráin, Marino Lejarreta o Steven Rooks entre otros. El motivo de ese viaje fue entrevistar, “desde el corazón de la Vuelta”, al ciclista arandino Carmelo Miranda, por entonces, jefe de filas del equipo Artiach, antes de que fichara por el Banesto donde brilló como gregario de Miguel Induráin. Dicha entrevista la realizamos en Hotel Meliá Parque donde estaban alojados gran parte de los equipos ciclistas, por lo que pudimos disfrutar de ver en persona a la gran mayoría de los ciclistas importantes del momento.
Pero el momento estrella lo vivimos con la disputa de la I Concentración Olímpica de la Juventud que se disputó en Castilla y León, con la celebración de la competición de fútbol en Burgos y Aranda, que cubrí junto con mi primo Jose, que por entonces era el fotógrafo de la revista. Esa semana, los deportes no sólo acapararon la portada y el reportaje central, que ya había sucedido en dos ocasiones anteriores, sino también el editorial.
Recuerdo que empezamos el sábado con el partido Argentina-México, donde aprovechamos para realizar numerosas fotografías y tuve el placer de entrevistar al gran Reinaldo Merlo, seleccionador argentino, antiguo jugador de River Plate y que posteriormente ganaría el Torneo Apertura de Argentina con Racing de Avellaneda. Fue una entrevista muy entretenida a pesar de que no reconociera el mal partido que había jugado su equipo.
Al día siguiente, a las doce de la mañana acudimos al Portugal-Israel. Sin apenas haber dormido tuvimos que aguantar otro partido soporífero. En la rueda de prensa, Carlos Queiroz, el seleccionador portugués, (posteriormente fue ayudante de Alex Ferguson en el Manchester United, entrenador del Real Madrid y seleccionador portugués absoluto), se mostró muy amable a pesar de no estar de acuerdo con las insinuaciones que realicé en mis preguntas acerca del juego de su equipo, al fin y al cabo estaba hablando con el recientemente proclamado campeón del mundo sub-20. Tras terminar su rueda de prensa se ofreció a traducir las preguntas al seleccionador israelí. Israel había acudido a la competición de fútbol para cubrir una baja de última hora, provocando la retirada de Argelia de todas las competiciones, dejando todas ellas con sólo siete participantes. Evidentemente, tenía que preguntar acerca de ello al seleccionador de Israel, para saber cuál era su opinión al respecto, ya que no estaba por allí el “lumbreras” que lo decidió. Esto provocó un gran revuelo en la sala de prensa. A pesar de las reticencias, Carlos Queiroz lo tradujo debido a mi insistencia y el seleccionador israelí hizo alusión a que no se debería mezclar deporte y política.
El que mejor se lo pasaba en las ruedas de prensa era mi primo Jose. Decía que tenía que ver las caras que ponían los distintos representantes de la organización en cada pregunta que realizaba y que un día nos iban a echar porque era el único que no “peloteaba” a los entrevistados pero que, realmente, mis preguntas eran las más interesantes.
El último partido de dicha competición en Aranda fue el encuentro semifinal España-Argentina. En la rueda de prensa tras ver de nuevo a Reinaldo Merlo, apareció Chus Pereda, seleccionador español, que como buen burgalés, se mostraba muy orgulloso del éxito de la competición a pesar de la derrota de su equipo. En Aranda, a excepción de ese partido en el que se logró una gran entrada debido a que no se cobró entrada, la asistencia media había sido de unos 50 espectadores, algo que le recordé cuando me tocó el turno. Eso, unido a que no le gustó lo que le pregunté acerca del mal planteamiento del equipo, provocó que se fuera de la rueda de prensa sin contestarme, ante las miradas desaprobatorias hacia mí del resto del personal acreditado, muchos de ellos venidos desde Burgos para cubrir el partido.
Me pareció un comportamiento muy soberbio por su parte pero me acordé de lo que me dijo tiempo atrás Ramón Cuadrado acerca de las preguntas incómodas.
Varios meses después la revista cerró y yo me fui a Valladolid a cursar mis estudios universitarios. Elegí Ingeniería Informática de Sistemas, como no podía ser de otro forma.

lunes, 22 de abril de 2013

LA FORMACIÓN DE LA LUNA


El 19 de mayo de 2011, el Festival de Cannes declaró a Lars Von Trier "persona non grata", a raíz de unas desafortunadas declaraciones en las afirmaba simpatizar con Hitler. Por la tarde se disculpó, pero no evitó que fuera expulsado del festival. Posteriormente declaró a la prensa que todo había sido una "broma muy pesada" y que había interpretado mal una pregunta de un periodista francés, debido al mal dominio del inglés de dicho periodista. Su película “Melancolía” estaba incluida en la selección oficial del festival.
A mí me sorprendieron enormemente dichas declaraciones. No me quedó otra que considerarlo una provocación más de un director acostumbrado, ya de por sí, a provocar con sus creaciones, al fin y al cabo estamos hablando del creador de películas como “Rompiendo las olas”, “Celebración”, “Los idiotas”, “Bailando en la oscuridad”, “Dogville”, “Manderlay”, “El jefe de todo esto” o “Anticristo”, la mayoría de ellas rodadas según la "Manifestación del Dogma 95" que sugería, entre otras cosas, que se puede realizar una película de calidad sin depender de grandes presupuestos.
Meses después, tras una tranquila cena en el piso de la que, por entonces, era mi compañera sentimental, Elisa, junto con sus compañeros Anna y Lim, acompañamos a Anna al cine a ver “Melancolía” en V.O. a sugerencia de un compañero suyo de trabajo, que también nos acompañó a la proyección, a pesar de que dicha polémica nos retrajo un poco inicialmente.
La película es realmente buena y nos gustó a todos, como era de esperar. De vuelta a casa comentábamos la posibilidad de que el acontecimiento apocalíptico plasmado en la película pudiese suceder en la realidad, pues la película finaliza con la colisión del planeta Melancolía con la Tierra. Mi respuesta fue que actualmente era imposible, puesto que es un consenso dentro de la comunidad científica el que el Sistema Solar se encuentra en una fase de extrema estabilidad, pero que eso ya podría haber sucedido según la “Teoría del gran impacto” y que el resultado de dicha colisión lo teníamos brillando encima de nuestras cabezas, señalando a una luna brillante y casi llena en una noche de verano totalmente despejada. Acto seguido, no sé cómo, comenzamos a hablar de la posibilidad de que existiese vida extraterrestre.
La “teoría del gran impacto” es reciente, pues fue formulada a mediados de la década de los 70 por los astrofísicos William Hartmann y Donald Davis y es la teoría científica más aceptada para explicar la formación de la Luna, aunque existen varios interrogantes que no han sido resueltos. Afirma que nuestro satélite se originó como resultado de una colisión entre la Tierra y otro planeta con el que compartía órbita y que se bautizó como  Theia, nombre que proviene de la mitología griega, ya que Theia era la madre de Selene, (la diosa lunar).
Anteriormente, a finales del siglo XIX, George Darwin ya había sugerido que la Tierra y la Luna habían sido en algún momento un solo cuerpo, aunque Darwin lo explicó a partir de que la Luna se habría formado debido a las fuerzas centrífugas, partiendo de un estado fundido de la Tierra y mediante un efecto de deshilado. A pesar de la deficiencia de los cálculos aportados por Darwin, esta hipótesis se convirtió en la explicación académica dominante. El uso de la mecánica de Newton, calculó que la Luna había orbitado mucho más de cerca en el pasado y se alejaba de la Tierra, algo que fue confirmado en las décadas de los 50 y 60 por estadounidenses y soviéticos, a partir de mediciones realizadas con láseres retro-reflectores. Sólo el geólogo canadiense Reginald Aldworth Daly, profesor de la Universidad de Harvard, había osado refutar dicha explicación a mediados del siglo XX con su teoría del impacto para la creación lunar, aunque apenas se le prestó atención.
Según la teoría del gran impacto, Theia se habría formado aproximadamente en la misma órbita de la Tierra. En un momento determinado, cuando Theia creció hasta un tamaño aproximado al de Marte, entró en una órbita caótica por lo que la distancia entre ambos planetas dejó de ser estable, hasta llegar a colisionar con la Tierra. Se ha calculado que esto ocurrió hace unos 4.500 millones de años, cuando apenas hacía 500 millones de años de la formación de la Tierra. Theia impactaría con la Tierra con un ángulo oblicuo y a una velocidad de 40.000 km/h, lo que provocaría su propia destrucción, expulsando la mayor parte del manto de Theia y una fracción significativa del manto terrestre hacia el espacio, mientras que el núcleo de Theia se hundió dentro del núcleo terrestre. Esto provocó en el entorno terrestre unas condiciones infernales tras el impacto, con el planeta fundido en su totalidad y rodeado por una atmósfera de roca vaporizada, con una temperatura de 4000°C hasta a una distancia de unos 150.000 kilómetros, (casi ocho radios terrestres).
La masa que salió despedida al espacio tras la colisión acabó formando un disco de escombros, y una gran parte de ésta se fusionó para formar la Luna entre uno y cien años después del impacto, que poco a poco fue alejándose hasta la distancia actual de unos 385.000 kilómetros de promedio ya que la Luna tiene una órbita elíptica alrededor de la Tierra. 
Evidentemente, una colisión tal en la actualidad devastaría la totalidad de la superficie terrestre, pues actualmente, si la Tierra fuera del tamaño de un balón de baloncesto, sólo la corteza terrestre sería sólida y ésta tendría el espesor de un folio de papel, siendo líquido el resto del planeta en forma de materia fundida.
El caso es que el resultado de aquella supuesta colisión, lo podemos ver todos los días. No sólo alumbra tenuemente las noches en las que aparece, sino que también es la causante de las mareas y ayuda a mantener el eje de la Tierra en su posición, facilitando nuestra vida. Quién sabe si la vida se hubiese podido originar de no ser por la existencia de nuestro satélite, independientemente de que la teoría del gran impacto sea cierta o no.

lunes, 8 de abril de 2013

EL RECUERDO PARAMNÉSICO

Cuando éramos adolescentes, mis amigos y yo acostumbrábamos a ir a las fiestas de los pueblos de alrededor en los que teníamos algún conocido del Instituto. Al llegar el invierno, para seguir con la costumbre y cambiar un poco de ambiente, solíamos irnos de fiesta a algún otro lugar de los alrededores. Lo solíamos realizar a menudo, aprovechando que Jesús sabía conducir y tenía disponibilidad para coger “prestado” el coche de su padre. Asumíamos que si pasaba algo, nos tocaba pagarlo a escote que era la forma que usábamos para financiar todos nuestros gastos. Todo esto duró apenas un año, puesto que enseguida nos cansó este tipo de fiestas que siempre acababan con todos nosotros saliendo “a rastras” de casi todos los sitios que visitábamos, víctimas del efecto que provoca el hacer turismo nocturno y de visitar los únicos lugares que había abiertos de madrugada en los lugares que visitábamos.
Unos años después, durante un fin de semana que pasamos en el pueblo de Antonio, no recuerdo por qué motivo acabamos en una discoteca de San Leonardo de Yagüe que estaba ubicada junto a la carretera y justo al lado de un arroyo. Sabía que había estado en aquella localidad en una de esas noches a las que he hecho referencia en el párrafo anterior, pero no me era familiar nada de lo que veía y eso que suelo tener una buena memoria fotográfica. El caso es que cuando salimos de dicha discoteca, debido a que no queríamos participar en los servicios de limpieza del local, y antes de enfilar dirección al lugar donde habíamos dejado el coche, Jesús y yo fuimos a realizar “una meada preventiva”, aunque en mi caso era más necesaria que preventiva, de cara a afrontar el viaje hasta el pueblo de Antonio donde pernoctaríamos esa noche. El lugar más indicado era la orilla del arroyo que pasaba al lado de donde estábamos, por lo que nos encaminamos hacia allí. Justo en ese momento padecí un flashback o analepsis, a uno de esos momentos de la adolescencia descritos anteriormente, apareciendo en mi memoria un recuerdo paramnésico, (más popularmente conocido como “déjà-vu”), en el que Jesús y yo estábamos en el mismo lugar, aunque con una temperatura más gélida y bajo una tenue cortina de lluvia. Lo que cambiaba era el estado, puesto que años atrás, en ese mismo lugar y en esa misma situación, Jesús acabó sumergiendo la cabeza en el arroyo, producto del estado lamentable en el que ambos estábamos. Nada más recordarlo se lo conté a Jesús, que no recordaba nada de aquello, aunque comenzó a recordar algo según le di algún detalle más, para reírnos a carcajada limpia durante unos instantes después de su recurrente, “ahí va, es verdad” y compartirlo a continuación con el resto de la cuadrilla.
Evidentemente no era la primera vez que me sucedía, aunque sí que era la primera vez que me sirvió para rescatar un recuerdo oculto en mi memoria, ya que, por lo general, la mayoría de las veces en las que creí tener un “déjà-vu”, no logré recordar su origen o si todo era producto de mi imaginación, al fin y al cabo, muchos de estos recuerdos se deben a un asincronismo entre la memoria consciente y la inconsciente, en el que la primera percibe que está viviendo una situación parecida a la que ya tiene acumulada en la memoria inconsciente que es donde se acumula la llamada memoria a largo plazo, la que aglutina los sucesos catalogados de pertenecientes al pasado.
Por lo general, la gran dificultad que solemos tener a la hora de recordar un suceso o una situación que creemos haber vivido anteriormente se debe a que la memoria inconsciente es la más utilizada en los periodos de somnolencia, por lo que los sueños se suelen nutrir más de ésta. Cuando una persona duerme, presenta un gran despliegue de actividad en zonas cerebrales relacionadas con el proceso de la memoria de largo plazo. Esto implica que muchas de nuestras experiencias paramnésicas pudieran deberse a una memoria de sueños olvidados con elementos comunes a la experiencia que se está viviendo en el momento de la aparición de éste, por lo que el recuerdo de haber vivido una situación parecida a la que se está produciendo en ese momento podría ser el resultado de tenues recuerdos provocados por un sueño anterior, no sólo por una experiencia anterior muy parecida a la de ese momento.
La primera vez que se catalogó este tipo de experiencias fue a finales del siglo XIX, por el psíquico y filósofo francés de origen argelino Émile Boirac en su libro “El futuro de las ciencias psíquicas”, para describir la experiencia de sentir que uno ha sido testigo o ha experimentado con anterioridad lo que parece ser una situación nueva. Actualmente también se utiliza de forma irónica para destacar algún momento que se sabe que ha sucedido anteriormente.
Las experiencias paramnésicas, (déjà-vu), suelen ir acompañadas por una convincente sensación de familiaridad y sobrecogimiento, extrañeza o rareza. La experiencia previa es con frecuencia atribuida a un sueño, aunque en algunos casos se da una firme sensación de que la experiencia ocurrió auténticamente en el pasado y suele ser difícil asociarlo con un hecho real.
El caso es que la aparición de aquel recuerdo me hizo estar durante unas semanas recordando, o intentando recordar, pasajes de mi vida de los últimos años, pues cuando contaba con apenas veinte años me daba la impresión de que los cinco años anteriores se me habían pasado volando, seguramente, motivado por que durante esa época mi actividad social había sido frenética, algo propio de cualquier persona de esa edad. Me vino muy bien dicha actividad, porque rebuscando en la memoria pude recordar un buen número de situaciones satisfactorias que había vivido, así como otras situaciones curiosas que había dejado en segundo plano.
Desde entonces, intento guardar algún detalle de cada experiencia satisfactoria vivida, pues recordarla no deja de ser un sucedáneo de volver a vivir dicha situación y poder volver a disfrutarla, aunque sea con menor intensidad.

lunes, 25 de marzo de 2013

EL ANTIGUO TESTAMENTO

Mi primer año de Bachillerato lo cursé en un internado, debido a la lejanía del único Instituto de la ciudad con respecto al barrio en donde residía mi familia y a la mala fama que éste había adquirido en los corrillos de mercadillo que diariamente frecuentaban las amas de casa del barrio, entre las que se encontraba mi madre. Se hacía referencia a una trifulca con arma blanca acaecida en el pasado y a que “había mucha droga” según las participantes en dichos corrillos. Debido a todo esto y junto con el descontento que mi madre tenía hacia el incipiente ateísmo que yo estaba desarrollando por entonces que tuvo como último episodio mi baldía negativa a confirmarme como católico, después de haber sido expulsado de la catequesis a la que tuve que asistir con tal propósito, fui matriculado, contra mi voluntad, en un colegio religioso ubicado a las afueras de Valladolid, como último recurso para encaminar mi adoctrinamiento religioso. El colegio estaba ubicado aledaño a los barrios San Pedro Regalado y España. Creo que mis padres pasaron por alto este detalle o no investigaron lo suficiente, pues, por entonces, el barrio España era uno de los principales focos de comercialización de sustancias estupefacientes de la ciudad, por lo que si hubiera tenido inclinación hacia el consumo de dichas sustancias, me lo habrían facilitado mucho más que si hubiese seguido estudiando en Aranda de Duero, mi ciudad natal y de residencia familiar.
Por la naturaleza de dicho colegio, tuve que cursar la asignatura de Religión, pues no había opción a elección. Dicha asignatura la impartió el director del colegio, italiano y hombre de mucha bondad, tanta como su ignorancia acerca del mundo y de la sociedad del momento, pues su vida era dedicada en exclusiva al cumplimiento de los mandatos religiosos, muy al contrario de otros de los religiosos de dicho colegio. Sus clases eran tan dogmáticas como aburridas lo que me provocaba una desidia y desinterés que poco tardó en percibir. Ante tal actitud por mi parte, me propuso la lectura de la Biblia como alternativa al seguimiento de sus clases, algo por lo opté sin dudarlo, por lo que a partir de aquel día, yo leía la Biblia en el mismo aula que él impartía la clase del día sin ninguna obligación de presarle atención por mi parte. Lo hice durante el resto del curso, leyéndomela por completo una vez, releyendo incluso el Antiguo Testamento varias veces.
La verdad es que la lectura de la Biblia no es tan aburrida como se puede pensar. El Antiguo Testamento es un recopilatorio de libros dispares procedentes de antiguas leyendas egipcias  y mesopotámicas, así como de tradiciones orales de pastores nómadas que, tras muchos siglos de remiendos y añadidos, fueron recogidas, ampliadas y reelaboradas, encubiertas bajo reformas religiosas, por distintos profetas y clérigos al servicio de los intereses políticos de diferentes épocas, mientras que el Nuevo Testamento comprende los cuatro Evangelios canónicos, los hechos de los Apóstoles, epístolas de diversa atribución y el Apocalipsis, todos ellos redactados entre la segunda mitad del siglo I y el siglo II y publicados originalmente por Atanasio de Alejandría en 370, basándose todos ellos exclusivamente en la vida de Jesús y en su influencia y legado, siendo bastante más aburrido y repetitivo que el Antiguo Testamento.
El Antiguo Testamento es todo un recopilatorio de crueldades, atrocidades, barbaries, exterminios y amenazas con el objetivo de aterrorizar al lector en el caso de no seguir los dictámenes divinos. Igualmente, se enumeran continuos episodios detestables, aberrantes e inhumanos, que incluyen violaciones, incestos, expolios, misoginia, racismo, esclavismo y homofobia. Se describe continuamente a Dios como un ser tremendamente injusto, vengativo, autoritario y genocida. Entre otras cosas, Dios mató por propia mano a cientos de miles de personas y exigió que su pueblo perpetrase enormes matanzas sin piedad, ordenó matar a cualquier hijo rebelde por lapidación pública y tomar como botín de guerra ganado, burros y mujeres vírgenes de forma prototípica, consideró hombres justos a quienes ofrecieron a sus hijas o esposas para ser violadas, mató a dos hijos de Judá, Er, por el hecho de ser malo según su criterio, y Onán, por no eyacular dentro de su cuñada cuando se acostaba con ella; a Nabal, para facilitar que David se vengase y pudiese apropiarse de su esposa y riquezas; se apostó la fidelidad de Job con uno de sus ángeles, matando por el camino a muchos inocentes, arruinando y torturando a "tan paciente varón"; torturó a quienes le guardaban fidelidad absoluta de modo bien evidente; arrasó a su pueblo con la peste para castigar al rey David por haber cumplido, sin chistar, una orden divina; instó a la lapidación de Acán y de su familia por quedarse con algunos bienes hallados en los restos de Jericó, una ciudad masacrada por orden divina; hizo morir a un profeta que se negó a darle una paliza a otro; reguló la esclavitud, matando o mandando matar a miles de ellos; bendijo y posibilitó que los profetas Elías y Eliseo, matasen a placer a decenas de inocentes. En fin, que mató directamente a cientos de miles de personas y exigió a su pueblo que perpetrase enormes matanzas.
Igualmente, todos sus elegidos fueron autores de aberraciones tales. Abraham, el primer patriarca de Israel, hizo pasar a su esposa Sara por hermana para entregarla al placer de distintos reyes, logrando así una fortuna y el castigo divino de muchos inocentes. Posteriormente expulsó de su casa al niño Ismael, su primer hijo tenido con la criada Agar, y acató sin rechistar la orden de dios de sacrificar a su hijo Isaac. Jacob, el tercer patriarca de Israel, engañó a su hermano Esaú y a su padre Isaac, ciego, para apoderarse de los derechos del hermano primogénito y se enriqueció desvalijando a su tío y suegro Labán. Lot ofreció a sus dos hijas vírgenes para impedir que los sodomitas violasen a dos ángeles. Más tarde, éstas emborracharon a su padre, Lot, para tener sexo con él y quedar embarazadas. Un levita, para evitar ser violado por los hombres de Guibea, entregó a su hija y posteriormente a su mujer, de quien abusaron hasta la muerte. Posteriormente, distorsionó la historia para provocar una guerra contra los benjaminitas que se saldó con miles de muertos y cientos de mujeres esclavizadas sexualmente. David, (el elegido por Dios para glorificar a su pueblo), forzó a una casada a ser su amante e hizo matar a su marido. Amnón, hijo de David, violó a su hermana Tamar para después repudiarla. Salomón, hijo mayor de David, asesinó a su hermano Adonías para acceder al trono de Israel. Noé, borracho y desnudo, maldijo a su nieto Canaan y a toda su descendencia porque su hijo menor Can, (padre de Canaan), le vio en tal situación. Jefté, juez de Israel, asesinó a su hija única para cumplir un pacto con Dios. Mesa, rey moabita, inmoló a su hijo mayor para salvar a su país de la destrucción israelita y de la furia de Dios. Los héroes bíblicos Ehud, Yael y Judit asesinaron a Eglón, Sísara y Holofernes respectivamente de forma traicionera y mediante métodos ruines y cobardes. Jehú, traidor, asesino sanguinario y usurpador del trono de Israel para cumplir la voluntad de Dios... todo ello con la complicidad o el mandato divino de por medio.
Es más, una de las cosas que más nos abochornan en la actualidad es cuando escuchamos noticias acerca de mujeres violadas en países islámicos que han de casarse con su violador, porque éste ha optado por ello para evitar ir a la cárcel, en aplicación de la sharia o ley islámica. Dicha ley está plagiada en el Corán a partir del Antiguo Testamento, (Dt 22,2829), al fin y al cabo el Corán plagia literalmente muchos párrafos de éste.
Lo que más me aterroriza de todo esto es pensar que éste es el libro sagrado de los judíos y que la totalidad de las pseudo-religiones evangélicas siguen el Antiguo Testamento al pie de la letra. Cualquier ser sensato, interpretaría todos los textos ahí incluidos como lo que son, antiguas leyendas e historias recogidas en épocas donde el analfabetismo y la ignorancia eran las características más comunes de los pobladores de la época, pero, sin embargo, hay corrientes religiosas que la interpretan como dictamen divino que hay que seguir a rajatabla. Así le va al mundo.

martes, 12 de marzo de 2013

EL SÍNDROME DE PETER PAN

Hace unos meses, estando una noche tomando unas copas con mis amigos Marta y Rule en el bar de Rafa, al que solemos ir muy habitualmente cuando voy de visita a mi ciudad natal, Marta, se refirió a Rafa, a Rule y a mí como sus tres “Peter Pan”. A ninguno nos molestó pues queremos mucho a Marta y sabíamos en el sentido en el que lo decía, aparte de que se encargó de resaltarlo como algo positivo. Entendimos que no lo dijo para tacharnos de irresponsables, sino para destacar que manteníamos la vitalidad y mentalidad de cuando éramos bastante más jóvenes y que nos gustaba vivir de esa manera.
Me llamó mucho la atención, porque unos años antes, Isa, una chica encantadora con la que mantuve algo más que amistad, me llamaba cariñosamente “su Peter Pan” y solía pedir en los bares a los que íbamos la canción de El Canto del Loco que se titula de la misma manera para vacilarme a continuación con la canción. También Isa lo decía como un aspecto positivo y supongo que lo hacía por el hecho de que llevábamos el mismo estilo de vida a pesar de los casi nueve años de diferencia que había entre ambos.
Para colmo, hace unas semanas fui a Valladolid a pasar el fin de semana con mi primo Jesus y sus amigos. En una de éstas, Raquel, una chica maravillosa por cierto, hizo un comentario parecido acerca de nosotros dos. Espero que fuera en los mismos términos que anteriormente hicieron Marta e Isa, aunque no lo quise aclarar.
Como casi todo el mundo ya conoce, Peter Pan es el nombre de un personaje ficticio creado por el escritor escocés James Matthew Barrie para una obra de teatro que llevaba el nombre de dicho personaje y que creó a principios del siglo XX. Dicho personaje es un niño que nunca crece. Sin embargo, inspirado en este personaje, un comportamiento sociológico caracterizado por la inmadurez del individuo en ciertos aspectos psicológicos y sociales se denomina “síndrome de Peter Pan”, aceptado en la psicología popular desde la publicación en 1983 del libro “El síndrome de Peter Pan, la persona que nunca crece”, escrito por el Dr. Dan Kiley.
En psicología, la personalidad de quien padece dicho síndrome es inmadura y narcisista, incluyendo algunos rasgos de irresponsabilidad, rebeldía, cólera, narcisismo, arrogancia, dependencia, negación del envejecimiento, manipulación y la creencia de que está más allá de las leyes, normas y convenciones sociales. Todo esto sería una coraza defensiva para protegerse de su inseguridad y del miedo a no ser querido y aceptado. Esto conllevaría que los que padecen este síndrome acaben siendo personajes solitarios, con escasa capacidad de empatía y cerrados sentimentalmente.
Por lo general, quienes padecen de este síndrome idealizan la juventud, tienen un marcado miedo a la soledad, se muestran inseguros y con baja autoestima, suelen ser egocéntricos y no se preocupan por los problemas ajenos, son irresponsables, tienen miedo al compromiso, por considerarlo coartador de su libertad, y baja tolerancia a la frustración, por lo que se sienten permanentemente insatisfechos. No se enfrentan a sus problemas, ni toman la iniciativa y ni se esfuerzan en ello.
Lo que es evidente es que, en la actualidad, los patrones sociales convencionales han cambiado considerablemente. El objetivo de una persona adulta no tiene por qué ser la formación de una familia, algo que siempre, hasta hace unas tres décadas, se había denotado socialmente como el culmen de la madurez, aunque todos hayamos conocido muchos ejemplos de que eso nunca se ha correspondido con la realidad. El caso es que la ausencia de responsabilidades familiares suele conllevar una mayor libertad individual que se suele asociar a patrones que se corresponden con generaciones ubicadas en tramos de edad más bajos haciendo una fácil asociación a que dicho individuo no quiera comportarse con los patrones supuestamente más acordes a los de su generación y se ubica más fácilmente en los de las generaciones que están en su misma situación social, es decir, la de generaciones sucesivas a la suya, todo ello sin evaluar el que las circunstancias personales de cada individuo son muy diversas y la ausencia de responsabilidades familiares o el grado de libertad individual pueden ser adquiridas a partir de otro tipo de circunstancias de origen muy distinto. Igual que hay individuos inmaduros que han optado o han acabado llevando una vida “más responsable” a los ojos de sociedad, otros individuos más maduros o responsables no han optado por llevar ese tipo de vida, (o no han podido optar o si han optado no lo han conseguido), y han adaptado su vida a esa decisión o circunstancia.
Está claro que en las sociedades más avanzadas la adolescencia es cada vez más duradera. Se prolonga el estilo de vida propio de la juventud y, por lo general, se quiere ser joven durante más tiempo. Eso provoca que se intenten tomar responsabilidades a edades más tardías, sobre todo aquellas que condicionan la vida o la forma de vivirla.
Evidentemente, Marta sólo se refería a una parte de lo anterior, de lo contrario, no saldría con nosotros frecuentemente y mucho menos se hubiese casado con uno de los tres, pues Rule es su marido. Los tres sabemos que se refería a que somos individuos que intentamos sacar diversión de cualquier momento y que intentamos disfrutar cualquier situación, al fin y al cabo, ella también es un poco “Peter Pan”. Con Isa guardo el mismo recuerdo, pues de no ser por los 400 kilómetros que nos separaban nuestra historia podría haber tenido un recorrido mucho más importante. Lo que no estoy muy seguro es si Raquel lo dijo con las mismas intenciones. Se lo tendré que preguntar.