martes, 28 de marzo de 2017

EL DEJAR DE FUMAR

Llevo un año sin fumar. El último cigarrillo que me fumé lo hice el 30 de Marzo de 2016, (el 29 me fumé sólo uno) y recuerdo que me supo a gloria, después de llevar casi 20 años fumando sin interrupción, (a excepción de dos días, en una pequeña prueba que me hice ocho años atrás para ver si era capaz de estar un día sin fumar).

Elegí dejar de fumar en el momento menos adecuado, ya que fue unos días después de volver de vacaciones de Fuerteventura y tenía acumulada una gran reserva de tabaco en casa. Curiosamente, justo antes de tomar el avión de retorno a Madrid, estando en el aeropuerto de Fuerteventura, me enteré de la muerte de Johan Cruyff tras no haber superado un cáncer de pulmón. Johan Cruyff había dejado de fumar poco antes de cumplir 44 años, en 1991, tras padecer un infarto al corazón, después de haber sido fumador toda su vida. Cuando me preguntaban acerca de cuándo iba a dejar de fumar, ponía a Cruyff como ejemplo. Mientras la salud me responda y me siga gustando fumar, seguiré. Si eso cambia, lo dejaré, tal y como hizo Cruyff. Pero el que su muerte tuviera una relación tan directa con el tabaco cuestionó totalmente mi planteamiento con respecto a la gestión de esta adicción y aunque no tomé ninguna medida al respecto, sí que me lo tomé como un toque de atención.

El caso es que 28 de Marzo, estando en Asturias, donde había pasado la Semana Santa, me desperté algo antes de lo normal debido a un dolor de pecho bastante fuerte. Creía que era algo pulmonar, pero el diagnóstico médico dijo que se trataba de una pericarditis aguda. En principio y siempre según el diagnóstico, todo parecía apuntar a que eran las consecuencias de una infección bucal que me había provocado una muela unos meses antes, pero de cara a la opinión de mis círculos más cercanos, la culpa era otra ya que el asociar corazón y tabaco es algo casi automático. Yo, como era la segunda vez en mi vida en la que me diagnosticaban pericarditis y la primera vez fue de manera errónea, debido a que en los electrocardiogramas que me han hecho siempre aparece un patrón de repolarización precoz que puede confundirse con pericarditis (tal y como advertí en el hospital cuando me dieron el diagnóstico), no me acababa de creer lo de la pericarditis y ese lunes fumé como cualquier otro día, aunque al día siguiente reduje la dosis, (reconozco que fue debido a la gran presión externa que tuve que soportar cada vez que me encendí un cigarrillo el día anterior). La reduje tanto que sólo me fumé un cigarrillo. El miércoles, cuando me fumé el cigarrillo de media mañana, el que solía ser mi primer cigarro del día de una serie de diez que como mínimo me solía fumar diariamente, y que, tal y como he dicho al principio, me supo a gloria, me dije a mí mismo “estás preparado para dejarlo, si quieres”. Fue el último cigarrillo que he fumado.

Estaba preparado sí. Llevaba fumando “light” desde hacía unos cinco años, tras haber estado otros tantos fumando Nobel (tabaco con dosificación intermedia entre el tabaco normal y el “light”) a partir de un consejo de Jesús para cuando estaba acatarrado, algo que consideré en su  momento como una reducción de dosis. Me había leído el libro “Es fácil dejar de fumar si sabes cómo” del británico Allen Carr, (que curiosamente también murió de cáncer de pulmón). No me convenció para nada, pero es que cuando lo leí no estaba convencido de que quería dejar de fumar, tal y como me hizo ver Marcos (compañero de trabajo y amigo). Sin embargo, lo que Allen Carr decía principalmente en el libro, que “la mayoría de cigarrillos que alguien se fuma es por hábito y no por necesidad”, lo repetía tantas veces a lo largo del libro que se me había quedado clavado en la mente, tal y como el autor buscaba, y cuando fumaba de más me acordaba de la cantidad de cigarrillos que ese día, o noche, me había fumado por hábito o por automatismo.

Una vez que dejé de fumar, ante la sorpresa de quienes más me conocían, recuerdo que Bea me dijo que una de las cosas que tenía que asumir en esas primeras semanas, y era que estaba solo en esto de dejar de fumar a pesar de que todos me alagaran por la decisión que había tomado, ya que a la gente que no fuma le da igual que dejes de fumar o no, no piensan en el tabaco ni en los fumadores porque para ellos es algo ajeno; y en cuanto a los que fuman, perdían en mí a un compañero, un aliado o un cómplice. Y la verdad es que fue así, pero la decisión ya estaba tomada por mi parte y era irrevocable. Además, me estaba resultando bastante más fácil de lo que pensaba.

El caso es que, aunque a mí me haya resultado fácil dejar de fumar, la nicotina (C10H14N2) es una de las sustancias psicoactivas más adictivas que existen. La causa de que la nicotina cree adicción está en que activa los circuitos del cerebro que regulan los sentimientos de placer, (también conocido como las vías de gratificación), provocando un aumento de los niveles de dopamina en estos circuitos. Con el tiempo las neuronas reaccionan de forma menos inmediata a la nicotina, por lo que la secreción de dopamina se limita y las necesidades de ingerir mayores cantidades de nicotina aumentan. También la nicotina aumenta los niveles de endorfinas, lo que nos provoca una sensación de euforia, y la actividad en las vías colinérgicas del cerebro, lo que provoca una sensación de estar más nítido y centrado. Además, los síntomas asociados al síndrome de abstinencia de la nicotina (irritabilidad, déficit cognitivo y de atención, perturbación del sueño, aumento del apetito, ansiedad…) comienzan a las pocas horas de haber fumado el último cigarrillo, llegando a su punto máximo en los primeros días después de haber dejado el cigarrillo, pudiéndose aplacar en unas tres o cuatro semanas, aunque para algunas personas los síntomas pueden durar meses. Una vez pasado este tiempo, la adicción física al tabaco ha finalizado, pero se puede seguir teniendo adicción psicológica, puesto que detrás de cada historia de ex fumador, hay una larga historia de fumador, y modificar los hábitos mantenidos a lo largo de muchos años, también requiere de un esfuerzo, que en la mayoría de los casos es mucho mayor que el vencer a la adicción física.

Lo más gracioso de todo es que cuando finalicé el tratamiento de la supuesta pericarditis que padecía consistente en tomar una aspirina cada ocho horas durante tres semanas, justo el tiempo que llevaba sin fumar, acudí al cardiólogo y me ratificó algo que ya sospechaba, que el diagnóstico había sido erróneo, pues tras comparar el electrocardiograma que me realizaron para obtener el diagnóstico de la pericarditis con otros que me habían realizado con anterioridad, no se apreciaba ninguna diferencia, ni ningún indicio de pericarditis, y que aquel dolor de pecho no tenía un origen cardiaco y que, en función, de la analítica, sólo podía tener un origen muscular o gástrico.

Se puede decir, por lo tanto, que dejé de fumar gracias a una negligencia médica en un momento oportuno.

martes, 28 de febrero de 2017

LA HISTORIA AUTOMOVILÍSTICA ESPAÑOLA

Cuando era niño tenía fascinación por los coches y me conocía la casi totalidad de los modelos de vehículos que se comercializaban en España, aunque no era muy difícil, ya que el número de marcas que operaban en España a finales de los 70 o principios de los 80 era pequeño y entre Seat y Renault copaban aproximadamente la mitad del parque automovilístico español de la época. Aún así, como por entonces, el número de modelos que tenía cada marca en el mercado era superior a los que se puedan tener ahora, (al menos los fabricantes principales), había variedad suficiente como para entretenerse. Aparte de conocerme casi todos los modelos, me sabía hasta donde marcaba el velocímetro de cada modelo, pues era lo que más podía fascinar a un niño, el cuánto podía correr un coche. Incluso era capaz de reconocer gran cantidad de ellos por la noche sólo con ver sus luces traseras. Era algo a lo que solía jugar en solitario para entretenerme en los viajes nocturnos, aunque a veces retaba a mi padre, al que siempre ganaba.

Esta fascinación por aprenderme los modelos nuevos finalizó el día en el que me encontré con el primer Volkswagen. Aún estaba reciente la entrada de Opel, Nissan y Fiat en España, entre otros, lo que supuso tener que aprenderme varios modelos nuevos de las marcas que acababan de desembarcar en España y que se habían publicitado adecuadamente para poder conocerlas o para saber que había nuevas marcas de coches comercializando en España. Pero cuando me encontré con aquel Volkswagen Golf en la Plaza del 7 de Agosto (por entonces se llamaba así la Plaza de la Constitución) de Aranda, me supuso replantearme todo lo relativo acerca de esta afición. Para mí, y para la mayoría de la gente, Volkswagen era una marca desconocida, que no se había presentado debidamente con un anuncio de televisión para que supiéramos que estaba aquí y, además, tenía un nombre que era casi imposible de pronunciar para un estudiante de Primaria que todo lo pronunciaba de manera literal. Decidí que ya era el momento de poner fin a esa fascinación, que la cosa se comenzado a complicarse bastante.

El motivo de esa presencia tan poco numerosa de marcas comercializadoras en España, se debió principalmente a las restricciones comerciales habidas durante la dictadura. Se puede decir que la historia automovilística española fue “reseteada” con la llegada de la dictadura y se sustituyó una industria basada en importaciones por otra de total intervención estatal, en donde los precios de los automóviles fueron impuestos por la administración estatal.

Así, en 1946 se nacionaliza la compañía Hispano Suiza (que había sido fundada en 1904) para crear la Empresa Nacional de Autocamiones S.A. (ENASA). Comercializó la marca Pegaso, con factorías en Madrid y Barcelona, utilizando tecnología propia hasta 1957, momento en el que comenzó a utilizar la tecnología de la compañía británica Leyland (propietaria de Land Rover).

En 1950 se funda la Sociedad Española de Automóviles de Turismo (SEAT) en Barcelona. Se constituyó como empresa del Instituto Nacional de Industria (INI), pero utilizando licencias de la empresa italiana FIAT que también tomó una pequeña parte del capital. Ese mismo año, se funda Industrias del Motor S.A. (IMOSA) en Vitoria, para comercializar DKW, con participación tecnológica y financiera alemana, (actualmente filial de Mercedes-Benz).

En 1951, se funda Fabricación de Automóviles S.A. (FASA) en Valladolid gracias al empuje de un grupo de cerca de 80 empresarios y del Banco de Santander, para ensamblar modelos prefabricados de Renault. Ante las buenas perspectivas existentes, en 1955 se pasó del montaje a la fabricación, para convertirse con el tiempo en filial de grupo francés.

En 1954 se nacionaliza Ford Motor Ibérica (presente en España desde 1920) para crear Motor Ibérica S.A., con factoría en Barcelona, que fabricará los vehículos industriales y tractores de la marca Ebro y, a partir de 1966, también de la marca Massey Ferguson. Ese mismo año se funda la compañía Barreiros Diesel S.A. con factoría en Villaverde (Madrid).

En 1957 se funda Citroën Hispania S.A. en Vigo, filial del grupo francés, y Munguía Industrial S.A., que fabricó el Goggomobil durante una década, hasta que cerró.

En 1966 se funda Automóviles de Turismo Hispano Ingleses S.A. (AUTHISA), filial del fabricante británico Leyland (posteriormente Rover), que fabricaría vehículos de la marca Cooper en la factoría de Pamplona hasta 1974. Ese mismo año se registra la entrada de Chrysler en España, de la mano de Barreiros Diesel S.A., que fabricaría las marcas Dodge y Simca inicialmente y Chrysler y Talbot en los años 70.

En los años 70, ya con unas leyes menos exigentes en cuanto al capital español necesario para establecerse en España, entran los fabricantes Peugeot y Ford. Peugeot lo hace tras quedarse con todas las filiales europeas de Chrysler y Ford tras negociar con el gobierno franquista y lograr unas medidas legislativas acordes con sus exigencias.

A principios de los 80, se establecen General Motors, (con su factoría en la localidad zaragozana de Figueruelas para fabricar vehículos de la marca Opel), Nissan (tras adquirir Motor Ibérica), Fiat (tras vender su parte de Seat y adquirir Enasa-Pegaso), y Volkswagen (tras firmar un acuerdo de colaboración con Seat que finalizaría en adquisición en 1986). Igualmente, se establece Suzuki al adquirir Santana Motor, aunque esta historia finalizó en 1995.

A partir de 1986, con la entrada de España en la Unión Europea, se suprimen todas las restricciones en el sector, por lo que pueden comercializar en España cualquier empresa que lo esté haciendo en la Unión Europea, por lo que todos los fabricantes mundiales tienen acceso al mercado español, aunque ni se registre la introducción de ningún nuevo fabricante.

La historia automovilística española es muy parecida a la historia de cualquier otro sector industrial del país. Una historia basada en la ayuda extranjera a través del uso de sus licencias de fabricación, habilitado gracias a unas prohibiciones o duras restricciones a la entrada de estos fabricantes y que permitió que durante un tiempo pudieran operar sin ningún tipo de competencia las frágiles empresas nacionales que con participación y control estatal no se pudieron abrir paso en un economía cuasi tercermundista como era la economía española del régimen franquista y que tuvieron que ser vendidas a multinacionales extranjeras debido a las grandes deudas que arrastraban y al nulo futuro de proyecto empresarial que tenían por delante sin la posibilidad de poder utilizar las licencias de fabricación de otras compañías. Pues en España, durante la dictadura, podría decirse que había mucha hombría, (esa mal usada hombría, nombrada con relativo a los atributos masculinos para cometer salvajadas o temeridades), pero intelecto para desarrollar proyectos industriales o tecnología, no había. Era mucho más barato invertir en hombría al servicio del régimen que en intelecto.

miércoles, 11 de enero de 2017

LA SOBERANÍA DISCUTIDA

La película “Mandarinas” es una película de 2013 dirigida por el director georgiano Zaza Urushadze, rodada en Georgia y coproducida entre Georgia y Estonia, que fue nominada a los premios Óscar y al Globo de Oro como mejor película extranjera en 2014, en representación de Estonia y que no dudo en recomendar a todo aquel que tenga cierto gusto por el cine menos comercial.

La película se sitúa en 1992, en el marco de la guerra de Abjasia y narra un fragmento de la vida de Ivo, un estonio que reside en Abjasia, (una provincia autónoma georgiana que busca la independencia), y que, al contrario que el resto de sus compatriotas, decide quedarse. Por diversas circunstancias, dos soldados resultan heridos delante de su casa, (un combatiente georgiano y un mercenario checheno que combate del lado abjasio), e Ivo se ve obligado a cuidar de ellos.

El caso es que aquella guerra en la que se sitúa la película fue ganada por Abjasia poniendo fin a una década de tensiones. Abjasia, que era una república autónoma dentro de la república soviética de Georgia, intentó convertirse en una república soviética más (e incluso así se auto-declaró en 1990) para que una hipotética independencia de Georgia no la condenara a separarse de la Unión Soviética y tener que seguir formando parte de Georgia con la que tenía serias tensiones étnicas. Sin embargo, al año siguiente Georgia declaró su independencia de la Unión Soviética y poco después anuló la constitución soviética y restauró su antigua constitución de 1921, provocando con ello que se anulara la autonomía de Abjasia, por lo que unos meses después Abjasia se declaraba independiente (el 23 de Julio de 1992), hecho que Georgia no aprobó ni reconoció, y que desembocó en la declaración de guerra que duró casi año y medio y que acabó con victoria abjasia, con la expulsión de todos los georgianos de Abjasia y una nueva declaración de independencia por parte de Abjasia, que no fue reconocida por ningún estado de la comunidad internacional.

En 2008, tras el final de la guerra de Osetia del Sur, que enfrentó a Georgia con su otra república autónoma de Osetia del Sur y que involucró a Abjasia, finalizando con derrota georgiana, Rusia reconoció a Abjasia y a Osetia del Sur como estados independientes, algo que también hicieron Nicaragua, Venezuela y Nauru, mientras que el resto de la comunidad internacional las siguieron considerando como repúblicas autónomas perteneciente a Georgia, a pesar de que de facto funcionan como repúblicas independientes.

Existen otros dos casos muy parecidos originados a partir de la desintegración soviética, las de las repúblicas de Nagorno Karabaj y Pridnestrovia.

Nagorno Karabaj era una república autónoma de mayoría armenia que pertenecía a la república soviética de Azerbaiyán. Tras la declaración de independencia de Armenia y Azerbaiyán en 1991, se celebró un referéndum en Nagorno Karabaj donde se decidió la reunificación con Armenia, no siendo reconocido por Azerbaiyán, lo que provocó la declaración de independencia unilateral de Nagorno Karabaj. Esto derivó en una guerra no declarada con victoria armenia e independencia de facto, aunque no reconocida, del territorio de Nagorno Karabaj.

Pridnestrovia es como se denomina a la región moldava de Transnitria tras haber declarado su independencia en 1990, ante el temor de una inminente unión entre Moldavia y Rumanía debido al colapso soviético. Transnitria había sido separada en 1940 de Ucrania para pasar a pertenecer a Moldavia, por lo que su población era de mayoría rusa y ucraniana. En 1992 se produjo una guerra entre moldavos (apoyados por Rumanía) y transnitrios (apoyados por Rusia y Ucrania), sin que hubiese cambio significativo en la zona tras el alto el fuego, por lo que se declara la República Moldava de Pridnestrovia como estado libre, aunque la comunidad internacional la reconoce como un territorio autónomo dentro de Moldavia.

Abjasia, Osetia del Sur, Nagorno Karabaj y Pridnestrovia son, por tanto, estados con soberanía discutida, pues a pesar de funcionar como estados independientes no son reconocidos o lo son por muy pocos países. Pero no son casos únicos.

Chipre del Norte (oficialmente República Turca del Norte de Chipre) sólo está reconocida por un país (Turquía). Se formó como estado federado turco, a partir de la intervención militar turca en Chipre como respuesta al golpe de estado provocado por militares pro-griegos en 1974. Se declaró independiente en 1983.

Taiwán (oficialmente República de China) sólo está reconocido por 23 países, a pesar de que participa en competiciones internacionales como China Taipéi. Se formó en 1949 tras huir el gobierno chino a la isla de Taiwán (también conocida como Formosa), tras ser derrocado por el ejército comunista en la guerra civil china, quienes proclamaron la República Popular China. Esos 23 países que reconocen a Taiwán, no reconocen a la República Popular China, a pesar de ser miembro de la ONU.

Sáhara Occidental (oficialmente República Árabe Saharaui Democrática) llegó a ser reconocido por 84 países, aunque sólo 47 mantienen dicho reconocimiento. En 1976, se auto-proclamó independiente tras la retirada de España, ya que el Sáhara Occidental era una provincia española. Sin embargo, al abandonar España el territorio, éste fue ocupado por Marruecos y Mauritania, para ser anexionado en 1979 por Marruecos tras retirarse Mauritania de la zona que ocupaba. Actualmente, el Sáhara Occidental es considerado como un territorio no autónomo y ocupado por la mayoría de la comunidad internacional, sin reconocer soberanía alguna sobre la zona, aunque de facto el territorio está controlado por Marruecos y la soberanía saharaui se limita a la zona fronteriza con Argelia.

Hay otros países con reconocimiento mayoritario, pero que tienen un gran número de países que no los reconocen, como Kosovo, reconocido por 109 países de los 193 estados miembros de la ONU, o Palestina, reconocida por 137 países. Igualmente, Israel no está reconocido por 32 países de la ONU y China por 23. Hay ciertos casos particulares de no reconocimiento debido a particulares enfrentamientos y animadversiones entre ciertos países, como que Armenia no es reconocida por Pakistán, Chipre no es reconocida por Turquía, Corea del Sur (República de Corea) no es reconocida por Corea del Norte y Corea del Norte (oficialmente República Popular Democrática de Corea) no es reconocida por Corea del Sur y Japón.

Parecen increíbles estas situaciones en pleno siglo XXI, pero el odio humano no tiene límites, sobre todo cuando se trata de enfrentamientos étnicos y ese odio provoca enemistades irreconciliables entre vecinos, hasta el punto de no reconocer la existencia del otro. Esos odios se pueden ver reflejados en otras películas que recomiendo igualmente como “Antes de la lluvia” (Macedonia, 1994), “En tierra de nadie” (Bosnia, 2001) que obtuvo el Óscar a la mejor película de habla no inglesa, “Bloody sunday” (Gran Bretaña, 2002), “El viento que agita la cebada” (Irlanda, 2006), el cortometraje “Shok” (2015) o, desde un punto de vista más neutral, las películas españolas “Guerreros” de Daniel Calparsoro y “Un día perfecto” de Fernando León de Aranoa.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

LOS HUSOS HORARIOS

Hace año y medio estuve de vacaciones en Estados Unidos para hacer un recorrido por los Parques Nacionales de la costa Oeste. Después de visitar Yellowstone y los parques nacionales de Utah (Canyonlands, Arches y Bryce Canyon), tocaba llegar hasta Page (Arizona), para visitar el Antilope Canyon. Habíamos planificado llegar al hotel a las dos de la tarde para dejar el equipaje, comer, pasar la tarde en el Lago Powell y ver atardecer en Horseshoe Bend (o Curva de la Herradura), el espectacular meandro en forma de herradura que traza el río Colorado poco después de dar el salto a la presa del lago Powell. Así que a las dos de la tarde estábamos en la recepción del hotel para pedir la habitación cuando nos enteramos de que en Page y en casi todo Arizona (lo de “casi todo Arizona” tiene una explicación) era una hora menos, a pesar de usar el mismo huso horario que Utah. Esto se debía a que Arizona y Hawai son los dos únicos estados de todo Estados Unidos que no aplican el horario de verano.

A partir de aquí, tuvimos una especie de odisea horaria, ya que Arizona no aplica el horario de verano, pero dentro de Arizona se encuentra gran parte de la Nación Navajo (un territorio autónomo de 71.000 Km2 y con gobierno propio que se extiende a lo largo de Arizona, Utah y Nuevo México) que sí que aplica el horario de verano, y dentro del territorio navajo está la reserva Hopi que ocupa 6.557 Km2 y que aplica el mismo horario que Arizona. Y por si esto fuera poco, hay lugares que aun perteneciendo a la Nación Navajo son administrados por el gobierno, como el Parque Nacional de Monument Valley (nuestro siguiente destino) y se rigen por el horario del estado en el que está ubicado, (en este caso Arizona).

Así estuvimos tres días, con continuos cambios horarios según nos movíamos entre la nación Navajo, la reserva Hopi, el estado de Arizona y la pequeña incursión que realizamos para ver el Valle de los Dioses, (aledaño de Monument Valley, pero que está en Utah), lo que provocaba que tanto la radio del coche como nuestros móviles estuvieran continuamente cambiando de hora y marcando, cada uno, una hora diferente en función del momento en el que se sincronizaban. Es más, al tercer día de haber llegado a Arizona, según íbamos hacia el Gran Cañón tuvimos que hacer una parada obligada en una ciudad llamada Tuba City, ya que no había otro lugar donde comer o repostar en 75 millas (unos 120 Km) a la redonda. Lo hicimos, más o menos en el medio de la ciudad en un establecimiento que estaba justo en la carretera. Allí nos encontramos con la paradoja de que un lado de la carretera tenía un horario y el otro de lado de la carretera tenía otro. Eso era debido a que, aunque para nosotros todo parecía ser una única ciudad, Tuba City era lo que estaba a nuestra derecha y lo que estaba a nuestra izquierda era la ciudad de Moenkopi (ciudad Hopi en plena Nación Navajo), sólo separadas por la carretera.

Todo este follón horario nos duraría un día más, ya que la desincronización entre nuestros teléfonos y la radio del coche (que también se sincronizaba automáticamente), nos provocó un pequeño susto de camino al helipuerto del Gran Cañón.

Lo curioso de todo esto es que hasta mediados y finales del siglo XIX cada lugar tenía su propio horario en función de la posición solar. Por ejemplo, en España en el siglo XIX, la hora oficial hacía referencia al meridiano de Madrid, pero cada provincia tenía su propia hora local en función de sus coordenadas. Esto no suponía mucho trastorno, ya que los transportes y las comunicaciones se realizaban a muy baja velocidad y los minutos de diferencia horaria entre los distintos lugares no afectaban. Sin embargo, la aparición del ferrocarril y los horarios de éste, supuso la necesidad de buscar una cierta coordinación horaria, aunque con la aparición del telégrafo esta necesidad se convirtió en urgencia.

La primera uniformización horaria se realizó en Gran Bretaña por parte de las compañías ferroviarias que crearon el Railway Time (la “hora del ferrocarril”) en 1840, basándose en la hora de Greenwich (el actual GMT), lo que provocó que todo el país adoptara dicho horario de forma extraoficial, hasta que en 1880 se hizo oficial. Este hecho, unido a que otros países como Estados Unidos y Alemania ya habían adoptado soluciones similares de uniformización horario provocó un intento de uniformización horario a nivel mundial. Así, en 1884, se celebró en Washington la Conferencia Internacional del Meridiano, a propuesta del presidente estadounidense Chester Arthur, donde se decidió que el meridiano que atravesaba el Real Observatorio de Greenwich iba a ser el meridiano inicial (0º) y se iba a tomar como referencia para la hora mundial. Aunque algún país se resistió en un primer momento, todos los países acabaron adoptando estas resoluciones en los años sucesivos, creándose así el Tiempo Universal Coordinado (UTC), también llamado Tiempo del Meridiano de Greenwich (GMT).

A partir de esta decisión, nacen los husos horarios, definiéndose inicialmente 24 husos horarios que se correspondían cada uno con una franja delimitada por dos paralelos distanciados 15º de longitud. Como la Tierra es esférica, dicha franja tendrá una distancia máxima de 1670 Km en el ecuador y una distancia mínima y nula en los polos. En función de la situación de cada país en el mundo y de los paralelos por los que era atravesado, cada uno fue adoptando el tiempo solar medio correspondiente a su huso horario (o sus husos horarios, en función del tamaño de cada país) o a un huso horario adyacente.

Así, en España, en función de la latitud a la que se encuentra Madrid en la que un huso horario abarca unos 1.300 Km, se decidió un único horario para toda la península y otro para las islas Canarias y territorios africanos, (aunque esto último se oficializó en 1922). Igualmente, como las coordenadas del meridiano que atraviesa la Puerta del Sol de Madrid pasaron a tener una longitud de 3º41’31” dirección Oeste, la hora solar en el reloj que rige el horario de España pasó a ser UTC-0:14:46. Esto significó que España adoptase el huso horario UTC, o UTC+0, a partir del 1 de Enero de 1900. Sin embargo, el 16 de Marzo de 1940, el huso horario que adoptó España fue UTC+1 durante el periodo de invierno y UTC+2 durante el periodo de verano. El motivo fue un gesto de simpatía del gobierno franquista hacia la Alemania nazi después de que Alemania impusiera en Francia el horario alemán tras invadirla, unido a que Gran Bretaña y Portugal ya habían hecho lo mismo un año antes por razones bélicas durante la II Guerra Mundial, aunque estos dos últimos países volvieron al horario UTC al terminar la guerra.

Sin duda, la aplicación de la uniformización horaria ha terminado con que cada localidad aplique un horario diferente, aunque no ha acabado con que atravesar una frontera nacional o regional suponga cambiar de horario oficial que puede ser de hasta dos horas debido a la aplicación de los horarios de verano. Este salto se hace más brusco cuanto se traspasa por cualquiera de los 76 Km de frontera que hay entre China y Afganistán, concretamente de tres horas y media. Como China tiene un horario único (a pesar de los 5.500 Km que mide de Este a Oeste) las diferencias con algunos de sus países vecinos son superiores a una hora (tres horas con Pakistán, Tayikistán y la zona horaria rusa de Vladivostok, dos horas y media con India, dos horas y cuarto con Nepal y dos horas con Bután y Kazajistán).

Por cierto, en las pasadas elecciones del 20 de Diciembre, Ciudadanos planteó que España debería volver al huso horario solar que le corresponde (UTC+0). Particularmente creo que cambiando el huso horario, sin cambiar los hábitos o los horarios, se conseguiría lo contrario a lo que se persigue. La hora de referencia para acostarse en España suele ser las doce de la noche, lo que se corresponde con la medianoche en horario solar por lo que o se modifican los hábitos o la hora real ha de estar una, dos o incluso tres horas por encima de la hora solar local, tal y como ha querido realizar el parlamento balear al aprobar una declaración institucional para mantener el horario de verano (UTC+2) y así tener más horas de sol por la tarde. Además, no sólo España está fuera del huso horario solar que le corresponde, también lo están países próximos como Francia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo, y a lo largo del mundo son muchos más los países ubicados fuera del huso horario que aplican. Creo que a muy poca gente le importa despertarse de noche en invierno e ir al trabajo mientras amanece con tal de tener una hora más de sol por la tarde.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

LOS FILÓSOFOS PRESOCRÁTICOS

Hice la selectividad en Burgos, en la Escuela Politécnica. Entonces, dicha prueba duraba dos días, tenía un total de ocho exámenes y terminaba con las pruebas de Lengua e Historia de la Filosofía. Yo había acudido a los dos días de prueba junto con Jorge, Marcos, Tomás y el Chopo, es decir, casi los mismos con los que luego compartí piso en Valladolid. Fuimos en vehículo particular pues eso nos daba mayor libertad, así el primer día, después de comer nos fuimos a echar unos billares y el segundo día nos subimos al monte de San Miguel. Recuerdo que allí arriba, todos, salvo Marcos y yo, se pusieron a repasar para el examen de Filosofía. Marcos y yo no éramos partidarios de hacer cosas así y nos pusimos a charlar, aunque sí que recuerdo un momento en el que provocamos un poco a los que estudiaban, sobre todo al Chopo que era el más fácil de desconcentrar, al que le solté toda la parrafada de los presocráticos, a pesar de sus continuas quejas y de su insistencia para que me callara y me fuera lejos para dejarle repasar para el examen de Historia de Filosofía. Le vacilé con que con eso le valía para aprobar, ya que era lo único que me sabía bien.

Como los filósofos presocráticos era el primer tema y venía a ser el prólogo del curso, nadie se lo estudiaba. Sin embargo, yo me lo sabía completamente, pues era el tema que más me había llamado la atención y el único divertido para mí por el aquel entonces.

Realmente, cuando se habla de los filósofos presocráticos, se habla de los primeros filósofos de la historia de la humanidad. Los primeros que pretenden explicar la realidad a partir de algo que sería común a todo lo existente, interesándose por los procesos de la naturaleza, eliminando las explicaciones místicas para hacerlo de una manera racional, por lo que se independizaban de la religión y lo hacían de una manera más científica. Así, partiendo de estas premisas, tratan de responder a la pregunta que lanza Tales de Mileto, la de cuál es el principio de todas las cosas, ese elemento del que ha surgido todo y o que está presente en todas las cosas que forman el Universo que nos rodea, (al que denominan arché), dando cada uno de ellos una respuesta diferente.

Tales de Mileto (624-546 a.C.) dijo que el agua era el origen de todas las cosas, pues si la realidad es física, su causa también ha de ser física como el agua, que es el origen de la naturaleza y originó la vida.

Anaximandro de Mileto (610-545 a.C.) dijo que el origen era el ápeiron, una sustancia infinita, indeterminada e indefinida que no se parecía a ninguna clase de materia del mundo ya formado. Éste sería el origen de la realidad, el principio del Cosmos por medio de un principio no material, de donde partían las cosas y adonde debían retornar de acuerdo a un ciclo vital en el que los seres humanos derivaban unos de otros.

Anaxímenes de Mileto (585-524 a.C.) dijo que era el aire, al que consideró aliento vital, pues el aire estaría formado por la dispersión de las almas, ya que el alma sería el aire que nos sostendría, por lo que el aire sostendría al mundo entero. Todo surgiría del aire y todo retornaría a éste.

Pitágoras de Samos (572-496 a.C.) dijo que eran los números, pues los números serían lo permanente, lo que constituiría la esencia de las cosas. Los números serían entes inmutables y eternos ya que los conceptos matemáticos poseen una validez eterna y el mundo tiene un orden acorde a un sistema numérico.

Jenófanes de Colofón (570-475 a.C.) dijo que todo tendría su origen en el barro, ya que el mar disuelve la tierra hasta convertirla en barro y al final del ciclo, con la muerte, acontecería un proceso inverso de solidificación.

Heráclito de Éfeso (544-484 a.C.) dijo que sería el fuego es el origen de todo lo existente y adonde volverían para luego renacer, lo que conformaría el "ciclo cósmico". En la naturaleza no existiría nada estable y los continuos cambios en la naturaleza estarían originados por dicho ciclo.

Parménides de Elea (540-470 a.C.) dijo que es el ser, puesto que el “no ser” sería inconcebible, ya que en el momento en el que se piensa ya se es. Todo lo que hay ha existido siempre pues ningún verdadero cambio es posible. Fue discípulo de Jenófanes.

Empédocles de Acragás (495-435 a.C.) dijo que era la unión de los cuatro elementos o raíces que tiene la naturaleza (agua, aire, fuego, tierra). Los cambios en la naturaleza se producirían debido a que estos elementos se mezclarían y se separarían en diferentes proporciones. Por ello, en la naturaleza todo estaría compuesto y se formaría por esos cuatro elementos y por dos fuerzas antagónicas, que son el amor y el odio, dejando de ser cuando las partículas de estos elementos primordiales se separan.

Anaxágoras de Clazomene (500-428 a.C.) dijo que eran las semillas y que la naturaleza estaría hecha de muchas piezas minúsculas que contienen algo de todo, esas piezas serían los gérmenes o semillas. También se imaginaba una especie de fuerzas que ponían orden y que serían el espíritu y el entendimiento o inteligencia.

Demócrito de Abdera (460-370 a.C.) dijo que eran los átomos, pues el principio de todo se explicaría a partir de la existencia de unas unidades, piezas o partículas pequeñísimas que serían invisibles, indivisibles, eternas e inalterables y serían los denominados átomos o cuerpos densos. Las cualidades de las cosas dependerían de la figura, la magnitud, la posición y el orden de estos átomos. Es más, lo único que existiría serían los átomos y el espacio vacío.

El atomismo sería la culminación del pensamiento presocrático. Aunque pueda parecer increíble, muchas de las afirmaciones realizadas por Demócrito hace unos 2400 años, a partir de la simple observación y sin ningún tipo de artilugio, son admitidas como válidas por la ciencia actual.

Pues cayeron los presocráticos, los presocráticos y Hegel, aquel filósofo alemán que se estudiaba después de Kant, pero al que no llegamos a conocer ya que se nos acabó el curso y Kant fue el último tema que habíamos dado, por lo que el Chopo se tiró las dos horas del examen intentando recordar todo aquella parrafada que le había soltado en el monte de San Miguel y que casi le repito en aquella vieja casa okupa de Las Llanas a la que nos acercarnos después del examen a bebernos unos cachis de cerveza y donde estuvimos echando unas risas a costa de la jugada.

lunes, 17 de octubre de 2016

LA DIVISIÓN MUNICIPAL

Tenía unos 13 años cuando vi un capítulo de la serie documental de TVE “España a vista de pájaro” en la que hablaban de mi ciudad, Aranda de Duero, y en la que se entendí que se trataba de una ciudad que contaba con unos 45.000 habitantes, por lo que cuando me preguntaban acerca de la población que tenía Aranda, yo ofrecía esta cifra como buena, a pesar del asombro de alguno de mis interlocutores y la puesta en duda del dato por parte de algún otro. Es por ello, que decidí acudir al ayuntamiento, junto con mi amigo Antonio, para preguntar. Allí nos informaron de que Aranda contaba por entonces con 29.000 habitantes (cuatro mil menos que en actualidad) y nos dimos cuenta de que la cifra que manejábamos estaba bastante inflada, por lo que dedujimos, acertadamente, que el dato de 45.000 habitantes se debería referir a la población de toda la comarca arandina, “La Ribera”.

A partir de entonces me surgió una terrible curiosidad por conocer los datos de población de las distintas localidades españolas, (con el tiempo también de las europeas y mundiales), puesto que la gente tiende a exagerar la población de su localidad, como yo había realizado aprovechando un dato incorrecto escuchado en televisión y menospreciando otros datos recibidos por ser inferiores en cantidad. Esa curiosidad la empecé a cubrir gracias una publicación de un anuario de “El País” en la que me encontré con la publicación de los dos últimos censos y padrones de todos los municipios españoles de aquel momento. A partir de entonces pude hacer mis “rankings” de municipios, así como conocer la población de todos los municipios por los que tenía cierto interés. Repasé tanto aquellos folios fotocopiados que a veces tenía problemas para leer los datos debido a que la tinta impregnada comenzaba a borrarse.

Cuando posteriormente llegó a mis manos la serie poblacional de todos los censos del siglo XX con la configuración de los municipios españoles del momento, (donde hacían alusión a los municipios que desaparecieron y cuya población se había incluido en el municipio del que formaban parte), me entró una enorme curiosidad por conocer todos aquellos municipios desaparecidos a lo largo del siglo, (unos 1450), principalmente en los censos de los años 50, 60 y 70, debido a las reorganizaciones municipales que se realizaron debido a los movimientos migratorios acaecidos en aquellas décadas que acabaron casi despoblando muchas localidades y municipios. Es por esto que me hice asiduo de la oficina del I.N.E. de Valladolid para completar mi datos de aquel enorme listado que yo tenía, y saber cuál fue la población real de los municipios existentes en el momento de la realización de cada censo, más en concreto la población de derecho, que es la población empadronada en el lugar independientemente de que estén residiendo o no, que es la que se maneja en los padrones actuales.

Eso generaba mucho cachondeo entre mis compañeros de piso, por considerarlo extraño, así que cuando nos encontrábamos con algún amigo le solían incitar a que me preguntase dónde había estado y por qué, aparte de vacilarle con que me sabía la población de todos los pueblos de España y retarle a que lo comprobara.

Sin embargo, pronto descubrí que esos datos por sí solos eran engañosos, y la población que tiene un municipio no tiene por qué corresponderse con la población que tienen los pueblos o ciudades que le daban nombre, puesto que la distribución municipal no es homogénea en el país y aunque en ciertas zonas del país la mayoría de los municipios suelen ser pequeños, tener una sola localidad que es la que da el nombre al municipio y es raro ver pueblos sin ayuntamiento (sobre todo en Castilla, País Vasco, Navarra, Madrid, Aragón, Valencia y Cataluña), en otras zonas del país un municipio no es más que una división territorial inferior a las comarcas o a las mancomunidades. Así hay municipios que contienen varias localidades, a veces decenas de ellas, otros contienen un gran porcentaje de población desperdigada, e incluso otros tienen un nombre diferente a la de cualquier localidad existente. En Galicia y Asturias, regiones con gran número de núcleos rurales, los municipios se llaman concejos y suelen están formados por varios núcleos de población (normalmente decenas de ellas) que se dividen en parroquias, por lo que la población del municipio no es más que la población de una división administrativa y es mayor, en muchos casos de una manera muy considerable, que la población de la localidad que le da el nombre. Algo parecido pasa en el sur de España y en las islas donde los municipios son grandes y están formados por varios núcleos de población, aunque estas zonas no cuenten con una cantidad tan elevada de núcleos de población como Asturias o Galicia, sino todo lo contario, al haber tan pocos municipios, estos engloban varias localidades de población elevada.

Por todo ello, realicé un proyecto de reforma territorial para eliminar todos aquellos municipios menores de 100 habitantes, mediante procesos de fusión o absorción entre municipios de tal manera que todos aquellos que no llegaban a esa población mínima pasaran a ser pedanías, para posteriormente intentar elevar la cuota mínima a 500 habitantes. Dicho proyecto también incluía la posible emancipación de las pedanías de más mil habitantes, o grupos de ellas que lo sumasen, y su transformación en municipio.

Sin saberlo, había hecho hincapié en un problema largamente debatido en España y Europa, la necesidad de que los municipios tuvieran una dimensión demográfica suficiente. Durante los años sesenta y setenta, diversos países de la Europa nórdica y central adoptaron importantes reformas de su mapa administrativo (Suecia entre 1959 y 1974, Alemania R.F. entre 1960 y 1978, Dinamarca en 1970 y posteriormente en 2007, Gran Bretaña entre 1969 y 1972, Bélgica entre 1971 y 1977 y Noruega en 1974) mediante las cuales redujeron el número de municipios existentes entre un 65% y un 90% y en Holanda y Austria redujeron el número de municipios existentes en un 40% desarrollando políticas favorables a la reducción de municipios y a la incentivación de las fusiones municipales.

Sin embargo, en España, la única reforma general y exitosa del mapa municipal español se realizó con la Ley Municipal de 1845, que exigía la presencia de un mínimo de 30 vecinos (unos 150 habitantes aproximadamente) en el municipio como condición necesaria para conservar el ayuntamiento. Posteriormente en 1866, se aprobó la Ley de Ayuntamientos, por la que se suprimirían todos aquellos ayuntamientos con menos de 200 vecinos, aunque la Revolución de 1868 dio al traste con el proyecto de reforma general del mapa municipal. Hubo proyectos de reforma de la Ley Municipal a principios y mediados del siglo XX, sobretodo en la década de los 60 y 70, en los que desaparecieron cerca de 1200 municipios, (lo que supone una reducción de un 15%), pero ninguno se llevó a cabo en su totalidad, ya que casi todas las propuestas de reforma local del siglo XX dejaron de lado cualquier previsión de reforma global del mapa municipal, dejando estas competencias en las autoridades locales.

Sigo pensando que es necesaria una reforma del mapa municipal. En España existen más de 1200 municipios con una población inferior a los 100 habitantes, (diez de ellos no superan los 10 habitantes) y el 47% de los más de 8100 municipios existentes tiene una población inferior a 500 habitantes. Por otro lado existen cientos de pedanías que superan los mil habitantes (decenas de ellas por encima de los 10.000 habitantes) y no logran tener municipio propio, ya que históricamente se ha desincentivado la creación de nuevos ayuntamientos. Lo lógico sería realizar una distribución más ecuánime en cuanto a tamaño y población, teniendo en cuenta la distribución poblacional, puesto que el norte de España es propenso a tener una gran densidad de pequeñas poblaciones mientras que en el sur las poblaciones son más grandes y dispersas, fomentando las fusiones entre municipios pequeños o excesivamente cercanos, facilitando las escisiones de pedanías con una población considerable y absorbiendo a todos aquellos municipios que por tamaño o población no debieran tener que asumir las competencias de gestionar un ayuntamiento.

domingo, 18 de septiembre de 2016

EL RECICLAJE DEL VIDRIO

Cuando fui niño, los únicos ingresos propios que tenía provenían de la “paga” que recibía de mi madre, de una cantidad que estaba en consonancia con lo que recibían el resto de mis amigos, y de las propinas de los familiares, supervisadas por mis padres, a excepción de aquellas que recibía de forma cuasi-clandestina para evitar dicha supervisión.

Pero cuando tuve once y doce años, de forma esporádica, tuve unos ingresos extras que podían duplicar o triplicar esa asignación semanal pactada con mi madre gracias a la intermediación en el “abono de cascos”. El proceder era sencillo, tenía algún que otro compañero de clase que junto a otros amigos suyos conseguían cascos (es como denominábamos a las botellas vacías que eran retornables y que se abonaban en las tiendas de alimentación) y me llamaban a mí para realizar el correspondiente abono, ya que ninguno de ellos se atrevía a hacerlo. Yo no preguntaba acerca del origen de los cascos, (aunque podía sospechar cuál era su origen), iba a una de esas tiendas que para mí eran “de confianza” donde realizaba el abono de los cascos, y nos repartíamos el dinero a partes iguales. A veces me tocaba negociar con la dependienta un precio a la baja o escuchar conjeturas incriminatorias acerca del origen de los cascos por parte de alguna clienta, pero precisamente esa era la dificultad del trabajillo y por eso es por lo que ninguno de ellos se atrevía a hacerlo.

Y es que por aquel entonces, la gran mayoría de los recipientes de vidrio que contenían refrescos o cerveza eran retornables, es decir, eren envases diseñados para ser reutilizados. Al adquirirlos, se pagaba el valor de los envases (denominados popularmente cascos) y eran abonados cuando se devolvían. Luego estos envases retornables eran recogidos, lavados desinfectados y vueltos a llenar por las empresas embotelladoras. Esta práctica se fue abandonando gradualmente desde finales de los 80, a medida que se popularizaron los contenedores de vidrio y al ir sustituyendo los fabricantes sus envases retornables por otros no retornables que iban directamente a la basura o a estos nuevos contenedores de reciclaje de vidrio. Sí que es cierto que en hostelería aún se ha continuado con la práctica de los envases retornables, incluso aún perdura en ciertas marcas, pero cada vez en menor medida.

Este giro probablemente se ha debido a la sencillez en el procedimiento de fabricación del vidrio, la abundancia de las materias primas y a la mecanización de este proceso. El vidrio se crea mezclando arena, sosa y caliza o, lo que es lo mismo, dióxido de silicio o sílice (SiO2), carbonato sódico (Na2CO3) y carbonato cálcico (CaCO3), en una proporción de 65% de arena, 20% de sosa y 15% de caliza. Calentando la mezcla a 1500ºC durante 24 horas se obtendrá un líquido pegajoso de la consistencia de la miel, denominada gota de vidrio. Posteriormente, mediante el proceso de soplado, el mismo que se utiliza desde hace 5000 años cuando el ser humano comenzó a fabricar vidrio, se logrará ajustar el líquido vítreo a la forma del molde del envase que se desea fabricar.

Por cierto, los colores del vidrio se obtienen mediante la adición de pequeñas cantidades de óxidos metálicos (también llamados protóxidos) que actúan como colorantes, oxidantes, reductores y estabilizadores. Las botellas de los colores verde y marrón se obtienen de materias primas que contienen óxido de hierro, mientras que el resto de colores se consiguen mediante mezcla de distintos óxidos metálicos. Para que el vidrio sea cristal, se debe añadir un 30% de protóxido como mínimo a la mezcla.

Además de ser fácil de fabricar, hay que añadir que el vidrio es totalmente reciclable, por lo que puede reaprovecharse íntegramente toda la materia cuantas veces se quiera, manteniendo sus cualidades intactas tras este proceso.

El reciclado del vidrio comenzó en Dinamarca en 1962 y no fue hasta 1982 cuando se instaló en España el primer contenedor de vidrio. Una vez que se ha dejado de utilizar de forma considerable los envases retornables, el reciclaje del vidrio es la única opción para reducir los residuos que van a los vertederos. Cada kilogramo de vidrio reciclado supone dejar de generar un kilogramo de basura y, al ser totalmente reciclable, ahorrar un kilogramo de materia prima. Además, la fundición de vidrio reciclado contamina el aire un 20% menos, el agua un 50% menos y consume un 25% menos de energía que utilizando materias primas.
Cuando el vidrio reciclado llega a las plantas de tratamiento, se limpia, se eliminan las impurezas y todos los elementos que no sean vidrio, se tritura y se transforma en un polvo grueso denominado calcín, que se fundirá junto con arena, sosa y caliza para formar nuevamente la gota de vidrio, que será la que formará los nuevos envases. El vidrio nuevo puede llevar hasta un 90% de vidrio reciclado.

En España es Ecovidrio quien se encarga de la gestión del reciclado de los residuos de envases de vidrio en todo el país. Es una asociación sin ánimo de lucro y nació como un sistema integrado de gestión donde están representados todos los sectores relacionados con el reciclado de vidrio: fabricantes de envases, recuperadores, envasadores y embotelladores. Es responsable de gestionar la recogida selectiva de envases de vidrio mediante la instalación de contenedores que facilitan la colaboración ciudadana y garantizan el reciclado, realizando campañas de sensibilización ciudadana.

La verdad es que, personalmente, veo en la gestión del vidrio una involución. Entiendo que para los puntos de venta es mucho más cómodo que el vidrio no sea retornable, pero no creo que sea así ni para las empresas comercializadoras de productos que utilizan envases de vidrio que pudieran ser retornable, ni para el cliente final que tenga una cierta conciencia por la sostenibilidad. Al cliente le da igual llevar el vidrio al contenedor que al punto de venta y las empresas comercializadoras han seguido utilizando el envase retornable con aquellos que tienen un trato más directo como los negocios de hostelería. Además, el envase retornable sólo ha de ser lavado y desinfectado para volverlo a utilizar y eso sí que genera mucha menos contaminación y mucho más ahorro energético. Todo lo demás va en la línea de la letra de aquella canción de título “Bandejitas, latas y paquetes” del grupo La Polla Records que decía “después de cobrarte el casco, quieren que se lo devuelvas, pa que vuelvas a pagarlo”.

sábado, 20 de agosto de 2016

LA DESINTEGRACIÓN DEL CARBONO-14

En un viaje que realicé a Puerto Rico de Gran Canaria por motivos de trabajo, recuerdo una conversación que tuve con compañeros acerca de ciencia y religión y de cómo la ciencia, poco a poco, va destapando ciertas falsedades, imprecisiones o creencias infundadas que la religión da como verdades absolutas. Que si la Tierra era plana, que si la Tierra era el centro del Universo, que si el hombre surgió del barro por creación divina… hasta que apareció en la conversación la denominada Sábana Santa.

Hasta 1988, la Sábana Santa había sido considerada como el sudario sobre el que se colocó el cuerpo de Jesucristo en el momento de su entierro, siendo uno de los objetos de mayor adoración en la religión católica. Sin embargo, a partir de una datación por carbono-14 de dicha sábana, que se realizó en tres laboratorios diferentes, se pudo comprobar que tanto la tela como los restos orgánicos que ésta contenía tenían una antigüedad máxima de entre seis y siete siglos, por lo que se trataría de una falsificación originaria de finales del siglo XIII.

Sin embargo, uno de los contertulios puso en duda que el método de datación por carbono-14 fuera fiable, ya que no era capaz de comprender que hubiese un método para poder conocer con bastante exactitud la antigüedad de ciertos materiales, por lo que la conversación derivó a este tema.

El carbono-14, es un isótopo natural y débilmente radiactivo del carbono, descubierto en 1940 por los físicos estadounidenses Martin Kamen y Sam Ruben en la Universidad de California de Berkeley. Su particularidad es que contiene ocho neutrones, dos más que el carbono, por lo que su peso atómico es 14, mientras que el del carbono es 12, motivo por el que se le denomina así. Al ser un isótopo, no es estable, como sí que lo es el carbono, y se desintegra dando lugar a otros isótopos. Tiene un tiempo de semidesintegración de 5730 años (con un error de ± 40 años) que es el tiempo que transcurre desde que un material radiactivo comienza a desintegrarse hasta que la cantidad de muestra de dicho material se reduce a la mitad.

El carbono-14 se produce de manera natural en las capas altas de la atmósfera. Los rayos cósmicos del Sol, que son partículas subatómicas que se desplazan a gran velocidad, al penetrar en la atmósfera colisionan con los átomos de nitrógeno, que tienen masa atómica 14. Si la partícula subatómica que choca contra el átomo de nitrógeno es un neutrón, al hacerlo a una velocidad tan grande logrará desplazar un protón del átomo de nitrógeno convirtiéndolo en carbono-14 radioactivo, que se combina con el oxígeno para formar dióxido de carbono radioactivo. Como el dióxido de carbono es absorbido por las plantas durante la fotosíntesis, (tanto si es radiactivo como si no), el carbono-14 pasará a formar parte de la composición de las plantas, de la cadena alimenticia y del ciclo vital del carbono, en una proporción constante de uno por cada billón, es decir, por cada billón de átomos de carbono, habrá uno de carbono-14. Esta proporción se mantendrá constante mientras la materia orgánica se mantenga con vida y será igual a la que hay en la atmósfera, ya que alcanzan un equilibrio.

Cuando la materia orgánica muere, cesa la incorporación de carbono-14 y los átomos de carbono-14 que contiene el organismo comienzan a transformarse en nitrógeno. Esto se produce porque en el proceso de desintegración del carbono-14, uno de sus neutrones se transforma en un protón mediante la emisión de un electrón y un antineutrino. Así, el carbono-14, con seis protones y ocho neutrones, se convierte en nitrógeno, con siete protones y siete neutrones. No pasará lo mismo con los átomos de carbono, ya que el carbono es estable, por lo que la proporción de carbono-14 es cada vez menor, quedándose a la mitad cuando han transcurrido 5730 años y a la cuarta parte cuando transcurran otros 5730 años más y así sucesivamente, por lo que en función de la proporción de átomos de carbono-14 presentes en una muestra en relación con la cantidad de átomos de carbono que haya, se obtiene la antigüedad de casi cualquier resto de materia orgánica que tenga una antigüedad menor de 60.000 años, debido a que la presencia de carbono-14 en restos orgánicos tan antiguos es tan escasa, (del orden de un átomo de carbono-14 por cada mil billones de átomos de carbono), que es difícil obtener resultados fiables.

Por cierto, la antigüedad obtenida ha de ser calibrada, ya que la concentración de carbono-14 existente en la atmósfera no ha sido siempre la misma y en el último siglo ha sufrido importantes variaciones por la quema de combustible de origen fósil y por los ensayos nucleares, que ha disparado su presencia. Como se conoce en todo momento cuál ha sido la concentración en la atmósfera de carbono-14 durante los últimos 15.000 años, gracias a los anillos de crecimiento de los árboles y a las concentraciones de carbono-14 que presentaban, se tienen unas curvas de calibración de donde se obtiene la cantidad de carbono-14 presente en cada momento en la atmósfera a partir de la cual se obtiene la antigüedad calibrada, que será mucho más exacta que la obtenida de no tener en cuenta estas curvas de calibración.

Este método de datación basado en el carbono-14 fue desarrollado en la década de los 40 por un grupo de científicos estadounidenses de la Universidad de Chicago encabezado por el químico Willard Libby, experto en radiactividad que había participado en el proyecto Manhattan para el desarrollo de la bomba atómica. Gracias al desarrollo de este método, Willard Libby recibió el Premio Nobel de Química en 1960.

Utilizando este método se han podido concretar con más exactitud muchas de las páginas de la historia universal y también se han podido corregir falsedades. Lo de que la denominada Sábana Santa pudiera haber sido el sudario de Jesucristo al ser enterrado no es más que uno de tantos mitos que han caído gracias a la utilización de este método. Una buena manera de desenmascarar la mitología y dejarla en el lugar en el que le corresponde.

jueves, 21 de julio de 2016

EL AZÚCAR MORENO

La primera vez que viví en piso compartido fue cuando me fui a Valladolid a cursar mis estudios universitarios y lo hice con otros cuatro amigos, de los que ya he hablado alguna vez. Y una de las primeras cosas que hay que definir cuando se comparte piso es qué se organiza de forma en común y qué no, por lo que hay que definir hasta dónde llega la propiedad comunitaria, es decir, qué productos se consideran de necesidad básica y por lo tanto son comunitarios, lo que significa que son financiados de forma conjunta, y cuáles han de ser financiados por quien los quiera.

Ese fue nuestro primer dilema, aunque, por lo general, como todo lo que tenía que ver con la alimentación y el mantenimiento del piso era conjunto, no solía haber problemas. Hasta que Roberto (al que todos llamábamos por su apellido materno, “Haro”) dijo que él quería azúcar moreno. Como todo se votaba, se decidió que el azúcar moreno era un gasto considerado como “superfluo” y que andar comprando dos tipos de azúcar no era lógico. Incluso realizamos catas para ver qué diferencias había, decidiendo que se compraba el azúcar blanco, pues no encontramos ninguna mejora que justifique un precio más elevado. Así que Roberto se compró su propio azúcar moreno, puesto que el comunitario era el azúcar refinado, azúcar de más pureza, algo que recordaba de la visita escolar que hice juntos a mis compañeros de clase a la desparecida azucarera de Aranda de Duero, donde aprendimos cómo se elaboraba el azúcar a partir de la remolacha.

El azúcar es sacarosa, un disacárido de donde nuestro organismo obtiene glucosa y fructosa, que utiliza como fuente de energía y que le aportan cuatro calorías (Kcal) por gramo. Estas calorías se conocen como “calorías vacías”, ya que proceden de un alimento que aporta energía pero ningún otro nutriente, algo lógico, ya que el uso primordial que tiene el azúcar es el de edulcorante, no el de servir como nutriente. Por cierto, la recomendación de consumo de azúcar está establecida en un máximo de 50 gramos al día.

La sacarosa (C12H22O11) es un compuesto que se extrae de la caña de azúcar o de la remolacha azucarera, en los que está presente en una proporción de casi el 20%. En las zonas tropicales se obtiene de la caña de azúcar (el 80% de la producción mundial proviene de este vegetal) y en el resto del mundo se obtiene de la remolacha, ya que es más resistente al frío.

La producción mundial de azúcar es de unos 170 millones de toneladas, siendo Brasil el principal productor con casi un 25% de la producción mundial. En España se produce algo más de un millón de toneladas de azúcar al año y más de 99% de la producción nacional procede de la remolacha.

El procedimiento de obtención de azúcar refinado a partir de la caña de azúcar o de la remolacha es muy similar. Una vez que llegan los vegetales a la azucarera, se lavan y se trocean en finas tiras llamadas cosetas que serán introducidas en un intercambiador de calor con agua caliente de donde se extrae la sacarosa de las cosetas mediante difusión, (el mismo proceso que al poner una bolsa de té en agua caliente). Cuando el proceso ha terminado, se retira la pulpa sobrante que será aprovechada como alimento animal, y toda la sacarosa queda en el agua, junto con otras partículas (no-azúcares), conformando el jugo de difusión. Este jugo es bastante ácido y contiene impurezas, por lo que ha de pasar un proceso de depuración, en el que se le añade cal diluida en agua para aumentar el pH, evitando que la sacarosa de descomponga por la acidez y logrando que precipiten parte de los no-azúcares al combinarse con la cal, y dióxido de carbono, para que precipiten el resto de los no-azúcares y la cal sobrante. Tras ser filtrado con diversas técnicas, se obtiene un jugo purificado que es una disolución azucarada con un contenido de un 15% de azúcar. Este jugo pasará por un proceso de evaporación hasta que su contenido en azúcar sea del 70% y por un proceso de cocción hasta convertirlo en cachaza donde llega al 90% de concentración, momento en el cual se la cristaliza, añadiendo una cantidad de cristales de azúcar de muy pequeño tamaño, denominada siembra, sobre los que va cristalizando la sacarosa, para obtener una masa que estará formada por cristales de sacarosa y por una solución, llamada miel madre o melaza, formada por el azúcar que no ha cristalizado y por no-azúcares. Esta masa será centrifugada para separar los cristales de sacarosa de la miel madre, obteniendo el azúcar refinado que será secado, enfriado y envasado.

Las operaciones de cristalización y centrifugación se repetirán un par de veces más, y tras extraer toda la sacarosa cristalizada posible, quedará una solución de azúcar residual no cristalizable que recibe el nombre de melaza y que será empleado para alimentación animal o la obtención de etanol.

El azúcar moreno es un tipo de azúcar de color pardo y se puede obtener mezclando azúcar refinado con melaza o mediante el método de cristalización por el cual durante el proceso de centrifugación se deja parte de la miel madre o melaza en los cristales de sacarosa. Ha de tener un contenido de sacarosa de al menos el 85% (suele tener en torno al 95%) y cuanta más melaza contenga el azúcar, más grande y más oscuro será el grano, y menor será su poder edulcorante, al ser también menor su proporción de sacarosa.

Posiblemente, debido a que el azúcar moreno es menos edulcorante que el azúcar refinado, en aquel momento desechamos la idea de cambiar de azúcar, aunque la idea de considerar como gastos superfluos a cualquier tipo de alimento se eliminó poco después y cualquier tipo de alimento era financiado de forma comunitaria. No sé si fue por coherencia ante tal estupidez o porque no hubo acuerdo en qué tipo de licor considerar como comunitario, pues no todos bebíamos lo mismo, pero el caso es que en casa siempre tuvimos dos tipos de azúcar, aunque el asegurar que siempre hubiera azúcar moreno era trabajo de Roberto.

jueves, 23 de junio de 2016

EL EFECTO PIGMALIÓN

En el pueblo de mis padres, Curiel de Duero, siempre hubo un solo bar, por lo que éste siempre ha sido el punto de reunión, (junto con las bodegas), de todos los vecinos del pueblo. De mi infancia y adolescencia recuerdo pasar muchos ratos en él, puesto que también hacía las veces de centro recreativo o social, más aún cuando pusieron un billar americano.

Aquello fue una especie de revolución. Con la presencia del billar, el tiempo que pasábamos en el bar empezó a ser mucho mayor. Sirvió para que una buena parte de la gente del pueblo aprendiera a jugar y, de tanto jugar, casi todos acabáramos teniendo un buen nivel de juego. Incluso había días en los que era difícil pillar la vez, a pesar de que el número de jugadores no era muy elevado.

Aunque hubo momentos en los que fue sustituido por un futbolín, el billar formó parte del decorado de aquel viejo bar hasta que fuera cerrado años más tarde, (realmente fue sustituido por el actual). Incluso fue incluido dentro de las competiciones que formaban parte del cartel de las fiestas del pueblo.

Curiosamente, la última vez que el billar formó parte de las fiestas de Curiel, me apunté junto con Emilio “el andaluz”, un chaval que aunque vivía en Pilas (Sevilla) pasaba los veranos en el pueblo, ya que su madre era curielana y se quedaba en casa de unos familiares.

Por aquel entonces yo jugaba bastante bien al billar y, como me gustaba jugar, pasaba bastante tiempo jugando. A partir de ganar unas cuantas partidas jugando con Emilio, éste me propuso que nos apuntáramos juntos en el campeonato de fiestas. Yo ya me había apuntado al Campeonato de Mus, por lo que iba a tener poco tiempo para jugar al billar, pero ante su insistencia acabé apuntándome con él.

No recuerdo a quiénes fuimos eliminando ni el número de eliminatorias que tuvimos que superar para llegar a la final. De lo que me acuerdo es de la confianza ciega que tenía Emilio en mí y de lo motivado, eufórico y seguro que estaba de que íbamos a ganar. Cada vez que jugábamos él daba por hecho que ganábamos porque “éramos los mejores” y cada vez que yo tenía una  bola complicada, él ya daba por hecho que la metía, porque “esa bola sólo yo era capaz de meterla”. Así hasta la última bola de la partida definitiva, en la que teníamos que meter la bola negra en uno de los dos agujeros del centro. Cuando me tocó tirar tenía la bola negra en el centro del billar y la bola blanca justo dentro del punto de salida. A pesar de que el tiro era más que complicado, pues la bola negra tenía que salir con una trayectoria perpendicular a la de la bola blanca, Emilio ya estaba celebrando el triunfo dando por hecho que la iba a embocar. Tal y como él decía, “sólo había que darle el efecto ése que le daba a la bola blanca y ya estaba”. Como en ese momento, totalmente influenciado por Emilio, lo que pensaba es que era difícil que fallase el tiro, que era capaz de meterla eso y que no había quien nos pudiera ganar, eso lo que hice, apuntar y, sin pensarlo demasiado, darle a la bola blanca con la dirección y el efecto necesario para dirigir a la bola negra hacia el agujero central del billar. La bola negra entró y ganamos el campeonato.

Sin duda jugué con el mejor compañero que podía jugar, un motivador nato que confiaba ciegamente en mí, lo que produjo que jugase influido por el denominado efecto Pigmalión.

El efecto Pigmalión es el suceso que describe como la creencia que una persona tiene sobre otra influye directamente en el rendimiento de esta última, por lo que existe una relación directa entre las expectativas que hay sobre una persona y el rendimiento que se obtiene de ésta. Así, cuanto mayor sea la expectativa depositada sobre una persona, mejor rendimiento obtendrá ésta y viceversa.

El efecto Pigmalión tiene su origen en la mitología griega. El poeta romano Ovidio cuenta en su obra “Las metamorfosis”, la historia de Pigmalión, rey de Chipre y escultor que esculpió una estatua de marfil a la que dio una belleza con la que ninguna mujer podía nacer y se enamoró de su propia obra, a la que llamó Galatea y a la que trataba como si fuera una mujer real. Tal fue el amor que le procesaba a su escultura que solicitó a los dioses que le infundieran vida y lo realizó con tanta pasión que la diosa Afrodita la convirtió en una mujer de carne y hueso. Este suceso fue nombrado como el efecto Pigmalión ya que superó lo que esperaba de sí mismo.

Este término fue acuñado por el psicólogo social Robert Rosenthal a raíz de unos experimentos realizados en 1965 en una escuela californiana junto con Lenore Jacobson (director de esa escuela) que produjo lo que ellos bautizaron como el “efecto Pigmalión”, cuyos resultados publicaron en 1968 en el libro “Pigmalión en el aula”.

El experimento llevado a cabo por los autores consistió en proporcionar información falsa a los profesores sobre el potencial de aprendizaje de los alumnos de una escuela de San Francisco en función de un test que los alumnos supuestamente habían realizado, aunque en realidad los alumnos habían sido escogidos al azar, sin relación alguna con el resultado del test. El experimento certificó que aquellos alumnos de los que los profesores tenían mayores expectativas acabaron mostrando un mayor crecimiento intelectual que el resto de los alumnos cuando fueron evaluados en los meses posteriores, por lo que pudieron llegar a la conclusión de que el desarrollo intelectual de los estudiantes resulta en gran medida una respuesta a las expectativas de sus profesores y la manera en que estas expectativas se transmiten. También obtuvo el efecto contrario con alumnos de los que se tenían peores expectativas.

Existiría, por tanto, un efecto Pigmalión positivo y un efecto Pigmalión negativo. El positivo afianzaría la cualidad o aptitud del sujeto mediante el aumento de la autoestima del sujeto y de la cualidad, mientras que el negativo produciría que la autoestima del sujeto disminuyese y que la cualidad o aptitud sobre la que se actúa disminuya o incluso desaparezca.


El caso es que nunca antes había jugado tan bien como en aquel campeonato y jamás volví a hacerlo, aunque  también es cierto que desde entonces he jugado muy poco, apenas un par de veces al año. Además, cuando juego me acuerdo de todas esas cosas que antes sabía hacer como retrocesos, corridos, saltos y todo tipo de efectos, y que ahora ni siquiera intento pues sé que lo único que voy a obtener es un fiasco y, si además digo que antes lo hacía con relativa facilidad, hasta poder parecer presuntuoso. Pero todo esas cosas que yo sabía hacer, también sabían hacerlo bastantes de los que jugábamos asiduamente en el billar del pueblo. Sin embargo, en aquel campeonato sólo yo tenía un compañero que, aparte de jugar medianamente bien, creía ciegamente en su compañero y le hizo jugar como nunca antes había jugado y como nunca después volvió a jugar.