martes, 24 de marzo de 2015

LOS MUERTOS DE LA FÓRMULA 1

La primera vez que vi una carrera de Fórmula 1 fue el G.P. Portugal de 1984 donde Niki Lauda y Alain Prost se jugaban el Mundial. Desde entonces la seguí año tras año, a pesar de que algunos años no se televisó en España.

De las muchas carreras que recuerdo, la que más me impactó fue el Gran Premio de San Marino de 1994, disputado en el circuito de Ímola. Vi como Ayrton Senna, (tricampeón del Mundo), estrellaba su Williams contra un muro de protección a 320 km/h tras salirse en la curva de Tamburello por la rotura de la barra de dirección de su monoplaza. Falleció horas después a causa del fuerte traumatismo craneal producido en el choque. El día anterior también había fallecido el piloto austriaco Roland Ratzenberger en la segunda sesión de entrenamientos, tras chocar casi frontalmente a 315 km/h contra la barrera de protección. Esa fue la última carrera de Fórmula 1 con víctimas mortales y, también, la muerte más mediática de la Fórmula 1.

El primer piloto que murió en un Gran Premio de Fórmula 1 fue el estadounidense Carl Scarborough. Lo hizo por hipertermia en la disputa de las 500 millas de Indianápolis de 1953, que  estuvieron incluidas en el campeonato de Fórmula 1 desde 1950 hasta 1960. Dos semanas antes, su compatriota Chet Miller había fallecido tras un accidente en las sesiones prácticas. Seis pilotos más fallecerían durante las seis ediciones siguientes de este Gran Premio, entre ellos Bill Vukovich en 1955, en un choque en cadena cuando lideraba la carrera que había ganado las dos ediciones anteriores, justo cuatro días después de la desaparición del italiano Alberto Ascari, (bicampeón del mundo), que estrelló un Ferrari que estaba probando en el circuito italiano de Monza. Un año antes, el piloto argentino Onofre Marimón falleció en el acto tras accidentarse con su Maserati en el circuito de Nurburgring durante los entrenamientos del G.P. de Alemania.

El 6 de Julio de 1958, el italiano Luigi Musso murió tras accidentarse con un Ferrari en el G.P. de Francia. Un mes después lo hacía su compañero de equipo, el británico Peter Collins, tras un accidente en el G.P. de Alemania. Ambos iban terceros en el Mundial cuando murieron. Y en el último G.P. de esa temporada disputado en Casablanca (Marruecos), el británico Stuart Lewis-Evans sufrió graves quemaduras al arder su bólido en el arcén después de que se hubiera retirado de la carrera por problemas mecánicos. Falleció una semana después como consecuencia de dichas quemaduras.

Dos años después, el 19 de Junio de 1960, en el Gran Premio de Bélgica disputado en el circuito de Spa-Francorchamps, dos pilotos británicos Chris Bristow y Alan Stacey fallecieron en sendos accidentes ocurridos en las vueltas 19 y 24 respectivamente en la curva de Burnenville.

Al año siguiente, el 10 de septiembre de 1961, se produjo el accidente más grave de la historia de la Fórmula 1. El alemán Wolfgang Von Trips partía con la “pole-position” e iba líder del Mundial. Si subía al pódium del G.P. de Italia se proclamaba campeón del mundo a falta de una carrera. En la segunda vuelta el escocés Jim Clark tocó con su Lotus al Ferrari del alemán, que fue a chocar con una tribuna del circuito de Monza, en la que además de él, fallecieron 15 espectadores. Parece ser que a Wolfgang Von Trips el destino le deparaba lo inevitable, puesto que el mismo día de su muerte iba a coger un avión rumbo a Estados Unidos, (para preparar el último G.P.), que se estrelló sobre Escocia. Acabó siendo subcampeón del mundo a título póstumo tras su compañero de equipo el estadounidense Phil Hill.

En 1964, el holandés Carel Godin de Beaufort falleció como consecuencia del accidente sufrido en los entrenamientos del G.P. Alemania. Dos años después, nuevamente el circuito alemán de Nurburgring fue escenario de un accidente mortal, pues el británico John Taylor chocó en la primera vuelta contra el Matra del belga Jacky Ickx, incendiándose su Brabham. Falleció cuatro semanas después como consecuencia de las quemaduras. También a consecuencia de las quemaduras sufridas tras sufrir un accidente, el italiano  Lorenzo Bandini con Ferrari en 1967 y el francés Jo Schlesser con Honda en 1968 perdieron la vida tras estrellar sus coches en Mónaco y Rouen (Francia) respectivamente, mientras que en 1970, el británico Piers Courage corrió el mismo destino después de que su coche explotara tras chocar al salirse de la pista del circuito holandés de Zandvoort.

El 5 de Septiembre de 1970 el líder del Mundial, el austriaco Jochen Rindt estrelló contra un muro su Lotus en las pruebas previas a la disputa en Monza del Gran Premio de Italia. Fue el primer campeón del mundo a título póstumo, ya que en las cuatro carreras restantes nadie logró superarle. Había ganado cinco carreras en ese año.

El 29 de Julio de 1973, el británico Roger Williamson murió asfixiado después de que el coche se incendiara tras un accidente en el G.P. de Holanda. Poco más de dos meses después fue el francés François Cevert quien falleció debido al accidente en las rondas de clasificación del G.P. de Estados Unidos, (último del Mundial), cuando luchaba por conseguir la "pole" en una carrera en la que se jugaba el subcampeonato del Mundo. Al año siguiente fueron el estadounidense Peter Revson en Kyalami (Sudáfrica) y el austriaco Helmut Koinigg en Nueva York (Estados Unidos) quienes fallecieron tras estrellarse contra las protecciones de la pista. Otro estadounidense, Mark Donohue, fallecería en 1975 como consecuencia de las heridas sufridas en un choque en el G.P. de Austria.

En 1976, el líder del Mundial y vigente campeón del Mundo, el austriaco Niki Lauda, estuvo a punto de morir, (incluso recibió la extremaunción), a consecuencia de las quemaduras producidas al incendiarse su coche en el Gran Premio de Alemania tras sufrir un accidente que le dejaron secuelas físicas de por vida. Dicho accidente le privó de ganar su segundo título mundial, que ganó al año siguiente. Un año después, el galés Tom Pryce falleció en la pista sudafricana de Kyalami cuando le golpeó el extintor de un bombero, al que atropelló y mató en la recta principal del circuito, que se disponía a socorrer a su compañero de equipo, el italiano Renzo Zorzi cuyo monoplaza humeaba.

El 11 de Septiembre de 1978, el sueco Ronnie Peterson murió 24 horas después de sufrir un grave accidente en una caótica salida en una pista de Monza durante el G.P. de Italia, en la que había ganado en tres ocasiones. Fue subcampeón mundial a título póstumo.

El 8 de Mayo de 1982, el canadiense Gilles Villeneuve falleció en el acto durante la jornada de clasificación al colisionar con otro coche y salir despedido tras estrellarse contra un muro del circuito de Zolder (Bélgica). Un mes después, falleció el italiano Riccardo Paletti al estrellarse contra el Ferrari del francés Didier Pironi, que se había quedado parado en la salida del G.P. de Bélgica. Curiosamente, el propio Didier Pironi tuvo, esa misma temporada, un gravísimo accidente en los entrenos del G.P. de Alemania que le privó de ganar un título mundial que tenía casi en el bolsillo y le apartó de las pistas durante cuatro años. Murió en 1987 a causa de un accidente en una carrera motonáutica. Un año antes, el italiano Elio de Angelis que había disputado más de cien carreras en Fórmula 1, murió en un accidente durante una sesión de test, en el circuito de Paul Ricard, (Francia), mientras probaba su Brabham.

La última carrera con víctimas mortales fue la del ya comentado Gran Premio de San Marino de 1994, disputado en el circuito de Ímola, aunque Ayrton Senna no fue el último piloto de Fórmula 1 muerto, ya que el pasado 11 de Octubre de 2013 fallecía María de Villota a consecuencia de las secuelas sufridas tras estrellar su Marussia en unos entrenamientos del equipo en Julio de 2012.

Sin duda, la muerte de Ayrton Senna sirvió para mejorar la seguridad de la Fórmula 1. Entonces, la FIA estableció un grupo de expertos para analizar sistemática y científicamente cómo hacer que la F1 fuera más segura. Las pruebas de choque se volvieron más estrictas y se redujo la velocidad. Se reglamentaron los cascos, se mejoraron las barreras de contención y los circuitos (con cambios en algunos circuitos antiguos y desfasados y más escapatorias en las pistas) y se modificó el diseño de los monoplazas. Unos cambios que, sin duda, han servido para no tener que ver más muertos en pista, a pesar de los últimos accidentes vividos por Felipe Massa o Robert Kubica.

martes, 10 de marzo de 2015

LOS PUEBLOS MÁS BONITOS DE ESPAÑA

En mi última visita al precioso pueblo de Maderuelo (Segovia), que dista unos 30 kilómetros de Aranda, me encontré con un cartel a la entrada que decía que Maderuelo era uno de “los pueblos más bonitos de España”. Ese mismo cartel me lo encontré posteriormente en Ayllón (Segovia) y este último verano en Lastres (Asturias) y me hizo recordar que ya en Francia me habían hablado de esta iniciativa y que lo vi en Sare, una pequeña localidad francesa próxima a Ascain y a la frontera española. Me pareció estupendo importar esta idea como medio de promoción de ciertas localidades dignas de ser visitadas por optar por una idea de urbanismo acorde a sus raíces y por la conservación de sus estructuras más antiguas.
 
La idea de los pueblos más bonitos de determinados países o regiones surgió en Francia en 1982 y cuenta actualmente con 157 miembros adheridos, siendo adoptada posteriormente en otros lugares. En la región belga de Valonia se creó en 1994 y cuenta actualmente con 24 miembros adheridos, en la región canadiense de Quebec se creó en 1998, (37 miembros adheridos), en Italia en 2001, (217 miembros adheridos), en Japón en 2005, (49 miembros adheridos), y en Rumanía en 2010, (50 miembros adheridos). Actualmente está en desarrollo esa misma idea en Alemania, España y Polonia.

“Los pueblos más bonitos de España” se creó como asociación en 2011 para “promocionar, difundir, fomentar y preservar el patrimonio cultural, natural y rural en áreas geográficas con menor nivel de industrialización y población”. Las condiciones que ha de reunir una población para adherirse a esta asociación son tener una población inferior a 15.000 habitantes, un patrimonio arquitectónico o natural certificado, superar una auditoría de calidad urbanística y arquitectónica, (la cual contempla análisis del estado de conservación, belleza, circulación de coches en casco urbano o facilidades turísticas que ofrece la localidad, entre otras), y llevar a cabo una política de valores, desarrollo, promoción y cuidado de su patrimonio. Además, en poblaciones mayores de 5.000 habitantes la asociación sólo contempla tener un casco histórico en perfectas condiciones.

La presentación de esta asociación se realizó en Enero de 2013, con 14 miembros adheridos, siendo Peníscola (Castellón) el pueblo precursor junto con Medinaceli (Soria), Valverde de los Arroyos (Guadalajara), Morella (Castellón), Pampaneira (Granada), Mojácar y Lucainena de las Torres (Almería), Ayllón y Maderuelo (Segovia) y Valderrobres, Albarracín, Rubielos de Mora, Puertomingalvo y Calaceite (Teruel). En Julio de 2013 se adhirió Santillana del Mar (Cantabria), en Enero de 2014 lo hicieron Frías (Burgos), Pedraza (Segovia), Urueña (Valladolid), Mogarraz y La Alberca (Salamanca), Vejer de la Frontera (Cádiz), Lastres (Asturias), Cantavieja (Teruel) y Alcalá del Júcar (Albacete), y en Enero de 2015 acaban de incorporarse Anento (Zaragoza), Aínsa, Ansó y Alquézar (Huesca), Tejeda (Gran Canaria), Almagro (Ciudad Real), Bárcena Mayor (Cantabria), Guadalest (Alicante), Vilafamés (Castellón), Candelario (Salamanca) y Frigiliana (Málaga), siendo 35 los miembros actuales de esta asociación.

Bien es cierto que aunque no pertenezcan aún a esta asociación, España es un país con numerosas localidades dignas de ser visitadas por cumplir con todas o gran parte de las condiciones impuestas por esta asociación y que a buen seguro se irán incorporando en años venideros. De las que conozco por haber visitado citaría Cangas de Onís, Llanes y Ribadesella (Asturias), Valldemosa, Deià y Sóller (Baleares), Caleruega, Covarrubias y Santo Domingo de Silos (Burgos), Potes, Suances, Comillas y San Vicente de la Barquera (Cantabria), Sallent de Gállego (Huesca), Trujillo (Cáceres), Vielha (Lérida), Santo Domingo de La Calzada (La Rioja), Chinchón y Patones de Arriba (Madrid), Ciudad Rodrigo (Salamanca), Garachico (Tenerife), Calatañazor y El Burgo de Osma (Soria), Oropesa (Toledo), Tordesillas (Valladolid), Mundaka (Vizcaya) o Toro (Zamora). Evidentemente hay muchas otras, pero ponerse a citar todas las localidades de las que tengo referencias de ser lugares dignos de ser visitados y que a buen seguro también cumplen con las condiciones necesarias para ser miembro futuro de la asociación haría muy extenso este texto. Lo que sí que es seguro es que ciudades preciosas como Altea (Alicante), Alcudia (Baleares), Arcos de la Frontera (Cádiz), Priego (Córdoba), Hondarribia y Zarauz (Guipúzcoa), Baeza y Úbeda (Jaén), Ronda (Málaga), Caravaca de la Cruz (Murcia), Carmona (Sevilla) y La Orotava (Tenerife) nunca formarán parte de esta asociación por no ser pueblos, (en España se considera ciudad al núcleo de población superior a 10.000 habitantes), y exceder de los 15.000 habitantes.

Por cierto, el pasado 8 de julio de 2012 se creó en Gordes (Francia) la Federación internacional de las Asociaciones de los Pueblos más Bonitos. Esta federación tiene el nombre de “Los Pueblos más Bonitos de la Tierra” (Les plus beaux villages de la Terre) y está integrada por las asociaciones de Francia, Italia, Valonia, Quebec y Japón. Está previsto en sus estatutos que las nuevas asociaciones nacionales se integren en la federación automáticamente después de cinco años de funcionamiento, por lo que los que ahora son “los pueblos más bonitos de España” acabarán siendo “los pueblos más bonitos de la Tierra”. Una excelente iniciativa para fomentar a aquellas localidades que han cuidado su arquitectura y entorno y han promovido las políticas adecuadas para que ir a visitarlos sea todo un aliciente y una motivación.

Deseoso estoy de poder visitar los pueblos que forman parte de esta asociación y que aún no he visitado, que son cerca de la mitad, para poder disfrutar de su belleza y de su historia. Sin duda, un buen plan para realizar alguna que otra escapada de fin de semana. Al fin y al cabo, y aunque en este caso me refiera a localidades, “los pueblos que olvidan su historia son pueblos sin futuro, pues están condenados sin remisión a repetirla”. (Marco Tulio Cicerón, siglo I a.C., uno de los más grandes autores de la historia romana).

martes, 24 de febrero de 2015

EL HERMANAMIENTO ENTRE CIUDADES

Cuando era niño, en mi ciudad natal se había puesto de moda el ir a visitar la ciudad portuguesa de Miranda do Douro. Cuando sucedió, yo no sabía cuál era el motivo por el que de repente a un gran número de mis conciudadanos les apetecía visitar esta pequeña ciudad cuasi fronteriza que dista unos 250 kilómetros de Aranda. Sin embargo, con el tiempo comprendí que todo esto pudo venir motivado a raíz del hermanamiento surgido entre las dos ciudades que había sido plasmado el 28 de Junio de 1984. La inspiración de dicho hermanamiento fue la de la similitud de nombre entre ambas ciudades, la querencia de entablar un primer hermanamiento por parte de ambas con otra lo más similar posible y el compartir la ribera del Duero, algo que tanto Aranda como Miranda lo llevaban reflejado en su nombre en forma de apellido, (¡qué mejor argumento para ser ciudades hermanas que compartir apellido, partiendo de un padre común, el Duero!), aparte de las diversas actividades de tipo folclórico y cultural que se habían venido realizando conjuntamente en años anteriores. Así se forjó el primer hermanamiento de mi ciudad natal.

Posteriormente, ya siendo estudiantes de Bachillerato, se realizaron continuos intercambios de estudiantes con la localidad francesa de Salon-de-Provence, pues por aquel entonces éramos muchos los estudiantes que cursábamos francés como lengua extranjera ya que no todos los colegios contaban con profesores de inglés. Estos intercambios sirvieron de nexo de unión entre ambas ciudades a lo largo de unos años lo que acabó plasmándose en la firma del protocolo de hermanamiento el día 2 de Mayo de 1992 entre las localidades de Aranda de Duero y Salon-de-Provence.

En Septiembre de 1998, con motivo de las celebraciones en Santa Cruz de Tenerife del bicentenario del fallecimiento del General Antonio Gutiérrez, (originario de Aranda de Duero y que da nombre al principal parque de su ciudad natal), reconocido entre otros logros por haber repelido el ataque de la Marina Británica dirigida por el almirante Horacio Nelson a la isla de Tenerife en 1797, se firmó el protocolo de hermanamiento entre las ciudades de Santa Cruz de Tenerife y Aranda de Duero.

Unos años más tarde, a partir de Eugenio Muñoz, un segoviano que veraneaba en la comarca de La Ribera del Duero y que además era concejal de Frankfurt, ciudad en la que trabajaba, comenzaron a realizarse algunos intercambios con dicha ciudad incluyendo la visita del Orfeón Arandino. A partir de su insistencia en el hermanamiento con alguna ciudad alemana, fructificaron los contactos que gestionó con la ciudad alemana de Langen, próxima al aeropuerto internacional de Frankfurt. Así, después de múltiples contactos, visitas e intercambios, el 17 de mayo de 2006 se firmó el Protocolo de Hermanamiento entre ambas ciudades.

Casi un año más tarde, el 26 de abril de 2007, se firma el Protocolo de Hermanamiento con la ciudad estadounidense de Roseburg (Oregón). Los contactos venían produciéndose desde 2003 a partir de una iniciativa procedente del alcalde de Roseburg. Eso unido a la insistencia por parte de Earl Jones, (dueño de la bodega Abacela Winery), que en diversas visitas a la ciudad promovió los contactos para intercambios de información entre estudiantes de ambas ciudades, derivó en el hermanamiento entre ambas ciudades.

Y el 20 de junio de 2008 se firmó el Protocolo de Hermanamiento con la ciudad francesa de Romorantin-Lanthenay. Este proceso de amistad se inició en 2006, con motivo de una visita de representantes arandinos a Langen, ciudad alemana con la que también está hermanada Romorantin. Los intereses de hacer un hermanamiento a tres bandas como el que tenían en Langen, (Langen-Romorantin-Long Eaton), el interés de Romorantin de hermanarse con una ciudad española y la buena sintonía surgida entre los representantes de ambos municipios permitió que en sólo dos años, a través de recíprocas visitas y tomas de contacto, fructificara la relación en forma de un nuevo hermanamiento.

Además, Aranda de Duero tiene un hermanamiento de cooperación con la ciudad saharaui de Daira de Yderia, que se firmó a medidos de la década pasada y que promueve acciones solidarias con el Sáhara por parte de distintas asociaciones arandinas.

La idea del hermanamiento de ciudades surgió en Europa poco después de la Segunda Guerra Mundial. Existen diversas instituciones que tienen como principal objetivo fomentar estos hermanamientos de ciudades buscando en este hecho una reducción de los riesgos de guerra y sobre todo la realización de vínculos culturales. Sin embargo este concepto ya existía desde la Edad Media cuando en el siglo XIII las villas de la Hansa germánica fijaban lazos indestructibles con sus aliados comerciales. El objetivo de esta idea era aportar a la población europea lazos de unión mayores y promover proyectos en beneficio mutuo, con la idea de superar conflictos comunes. Aunque este concepto es mucho más popular en Europa que en otras partes del mundo, se ha extendido por todos los continentes. Son uniones ideadas para compartir experiencias y proyectos conjuntos sobre asuntos de interés común, que van desde la economía, el medio ambiente o la cultura.

La verdad es que si los hermanamientos entre ciudades sirven realmente para hermanar pueblos, evitar conflictos internacionales y promover los intercambios culturales entre las ciudades involucradas, más allá de las buenas intenciones y de las fotos de las firmas de los protocolos de hermanamiento, bienvenidos sean estos hermanamientos.

martes, 10 de febrero de 2015

LA CUOTA LÁCTEA

Cuando era niño, mi madre siempre cocía la leche antes de que la tomáramos, aunque sólo fuera por precaución. Daba igual qué tipo de leche adquiriera, siempre lo hacía, pues a principios de la década de los 80, la preferencia mayoritaria de los españoles era la leche fresca, bien envasada en bolsa de plástico, bien mediante la adquisición directa a pequeños productores, al igual que sigue sucediendo actualmente en países como Dinamarca, Grecia, Finlandia, Noruega, Suecia, Reino Unido, Irlanda, Austria y Holanda entre otros. Por entonces, ya se comercializaba en España leche ultrapasteurizada o uperisada (UHT) pero aún no se había abierto un importante hueco en el mercado, algo que sí que ocurre actualmente donde el 96% de la leche consumida en España es UHT.

Por aquel entonces, la leche que se compraba mayoritariamente en el barrio era la que distribuía la Granja Ventosilla, próxima a Aranda, y la envasaba en bolsas de plástico de un litro que vendía en los diversos supermercados y tiendas de alimentación de la ciudad. Incluso nos la repartían gratuitamente en los colegios en pequeñas bolsitas de un cuarto de litro debido a diversos convenios con los colegios. El resto se compraba a algún pequeño ganadero que tenía alguna pequeña explotación, por lo que era común ver a gente con una lechera de plástico en la mano yendo a comprar leche fresca. Alguna que otra vez fuimos a comprar leche donde “la Eli” que nos vendía la leche fresca de la docena de vacas que tenía en un pueblo cercano.

Sin embargo, con la entrada de España en la Unión Europa y la regularización del sector lechero en España, esto desapareció y comenzaron a cambiar los hábitos de consumo de forma precipitada. La Granja  Ventosilla comenzó a comercializar su leche en brick, como ya venía haciendo desde hacía años la otra central lechera de la ciudad (Leche Pascual) y, de repente, ya no había ni rastro de las vacas de “la Eli” ni de las bolsas de La Ventosilla.

Esto se debió a que el sector lechero de la Unión Europea había sido regulado desde los años ochenta a través de la imposición de cuotas nacionales de producción láctea a los países miembros. Se introdujo como apoyo a la política económica común para intentar impedir que la producción nacional excediera la demanda de los consumidores, evitar una caída de precios y proteger a los productores locales de cada país miembro. Estas cuotas, una vez fijadas, han intentado equilibrar la producción con la demanda de consumo del país, que ha sido repartida entre los ganaderos nacionales. Éstos han estado obligados a cumplir con ella o se enfrentaban a sanciones económicas en el caso de vender más producto de la cuota de producción asignada. Al entrar España en la Unión Europea, la producción láctea se vio regulada por esta normativa comunitaria, lo que provocó que muchos pequeños productores cesaran su actividad por no querer verse abocados a regularizar su actividad.

Lo que ha venido sucediendo es que, para España, esta asignación de cuotas lácteas nacionales siempre fue perjudicial, limitando las posibilidades de expansión de los principales grupos alimentarios del sector y estrangulando el sector ganadero dedicado a la producción de leche. Este problema que ha tenido España con la cuota láctea vino generado debido a que aceptó una cuota muy inferior a la que debería haber tenido. Esto se debió principalmente a que los ganaderos españoles ocultaron buena parte de su producción real, pues creían que así podrían evitar pagar impuestos, práctica muy generalizada en las épocas franquista y de transición, cuando la “leche negra” se vendía por toda España. Como consecuencia, la cuota fija de producción de España siempre ha sido muy inferior a la demanda de los consumidores españoles. Aunque actualmente se vienen consumiendo en España unos nueve millones de toneladas de productos lácteos cada año, los ganaderos tienen la cuota fijada en unos seis millones y medio de toneladas, (inicialmente eran cinco toneladas y media). Como consecuencia, España debe exportar esa carencia de producción fijada de otros países de la Unión Europea, (principalmente de Francia), que les vende su excedente de producto.

Esa situación, que se ha vivido a lo largo de las últimas décadas, hizo que España pidiera que se le aumentara la cuota fijada. Sin embargo, este aumento de cuotas se realizó a todos los países miembros de forma proporcional y paulatina hasta este año, el 2015, en el cual se eliminarán en su totalidad. Esto ha venido beneficiando a los principales países productores europeos, pues de los 151 millones de toneladas de producción de leche de vaca fijados actualmente en la Unión Europea, a Alemania le corresponden 30 millones y a Francia 26 millones, a Holanda 12 y a Italia algo más de 11.

El caso es que con la supresión de cuotas, que entrará en vigor en este año, se verá la capacidad que tienen los principales grupos lácteos españoles de acaparar más cuota de mercado tanto nacional como internacional, la capacidad productora de los ganaderos españoles para afrontar un mercado sin restricciones y que no cubre la demanda del país, así como la evolución de los precios, puesto que es de prever que la liberación del sector y la restricción de cuotas de producción debería provocar, con efecto cuasi inmediato, una bajada de precios del producto en origen.

El futuro sin cuotas lácteas por lo tanto se presenta incierto. Parece ser que es el sistema de cuotas el causante de las actuales debilidades estructurales en toda la cadena del sector lácteo en España, debido a la discriminación de España con respecto a otros países. Sin embargo, con la liberalización del sector es el momento para ver si realmente este sector está preparado para enfrentarse al mundo, para evitar que el mercado nacional sea copado por las principales potencias lácteas y para poderse abrir cuota internacional en los países emergentes y en Latinoamérica, pues se prevé que la demanda de estos productos siga aumentando en estos países.

Toda una incógnita que se irá resolviendo con el paso del tiempo, el liberar el mercado nacional o el protegerlo, ¿cuestión ideológica, de sistema económico a implantar, de liberalización del mercado o de sentido común? Cada uno suele tener su opinión al respecto, el futuro dirá.

lunes, 19 de enero de 2015

LAS BANDERAS AUTONÓMICAS

En la entrada anterior acerca de la bandera republicana, se hizo repaso al origen de las banderas representativas de España y de los antiguos reinos de Castilla y Aragón. Estas banderas de los antiguos reinos que firmaron la actual España siguen vigentes en las comunidades autónomas que han heredado su historia o que eran originarias de estos reinos. Así la actual bandera de Castilla y León es la misma que diseñó Fernando III en 1230 cuando unificó las banderas de los reinos de Castilla y de León en una sola y las banderas de las comunidades autónomas de Aragón, Cataluña, Valencia y Baleares tienen su origen en la bandera del antiguo reino de Aragón. La de Cataluña es tal cual era la bandera del antiguo Reino de Aragón en su origen, la de Aragón incorpora el escudo del antiguo Reino de Aragón (originario de 1499), la de Valencia incorpora la corona (desde 1449) y la de Baleares incorpora un cuartel con un castillo, tradicional del antiguo Reino de Mallorca.

El resto de comunidades autónomas históricas han ido adoptando las antiguas banderas que representaban a las regiones de las que provienen, mientras que las comunidades autónomas creadas tras los pactos autonómicos de 1981 la idearon o la inspiraron en razones históricas, oficializándose en los respectivos Estatutos de Autonomía.


La bandera asturiana surge de la leyenda de Don Pelayo. Se dice que esa fue la bandera que enarboló en el siglo VIII cuando derrotó a los musulmanes en la batalla de Covadonga. Lo cierto es que esa fue la bandera que utilizó la Junta General del Principado de Asturias durante la invasión napoleónica cuando se declaró soberana y creó un ejército para responder a los invasores, la de la Cruz de la Victoria en amarillo sobre fondo azul.

La bandera autonómica de Navarra viene usándose como símbolo del territorio desde 1910. Fue diseñada por Arturo Campión, Julio Altadill y Hermilio de Olóriz a partir del estandarte real navarro, aunque ya los soldados del rey Carlos II de Navarra portaron una bandera de fondo rojo a mediados del siglo XIV.
 
La bandera autonómica de Cantabria tiene su origen el siglo XVIII cuando los barcos cántabros ondeaban la bandera blanquirroja tal y como queda reflejado en la concesión del título de ciudad a Santander en 1755. A partir de entonces pasó a ser la bandera provincial y en el estatuto de autonomía de 1981 se oficializó como bandera autonómica.

La bandera autonómica de Galicia procede del sector naval. Nació durante el siglo XIX inspirándose en la bandera de la Comandancia Naval de La Coruña. Originalmente esa bandera naval era la cruz de San Andrés, (una cruz diagonal azul sobre fondo blanco), pero en 1891 fue modificada para evitar confusiones con la bandera de la marina imperial de Rusia, suprimiendo uno de los brazos de la cruz.

La bandera autonómica del País Vasco fue creada en 1894 por los hermanos Luis y Sabino Arana, éste último fundador del PNV. En un principio sólo identificaba al territorio de Vizcaya aunque en 1936 fue declarada oficial por el Gobierno de Euskadi. Sobre fondo rojo (como el fondo del escudo de Vizcaya) se superponen la cruz verde de San Andrés y la cruz blanca de Dios, símbolo de la fe cristiana de los vizcaínos.

La bandera autonómica de Andalucía fue diseñada por Blas Infante y adoptada como tal en la Asamblea de Ronda (primera asamblea regionalista andaluza) celebrada en 1918. Inspirada en una manifestación reivindicativa de unas mujeres de Casares, fue justificada como que el verde era el color de los Omeya y el blanco era propio del imperio almohade y representaban a dos de las épocas de mayor esplendor de un poder político en Andalucía.

La bandera autonómica de Canarias es una adaptación del diseño creado en 1961 por el movimiento Canarias Libre, que unió los colores de las banderas de las provincias marítimas de Tenerife y Gran Canaria utilizando franjas verticales siendo originalmente la franja azul el doble de ancha que la amarilla y la blanca. Diseñada originalmente por Carmen Sarmiento, Jesús y Arturo Cantero, en 1982 se igualó la anchura de las tres franjas, pasando a ser oficial.

La bandera autonómica de Extremadura aparece por primera vez en las reivindicaciones autonomistas que se extendieron por todas las zonas de España tras la muerte del dictador Francisco Franco. Son varias las personas que se han atribuido su autoría, aunque según varias publicaciones oficiales los colores elegidos son el verde por el emblema de la Orden de Alcántara, el blanco por el pendón real del Reino de León, (repobladora de la región) y el negro por el estandarte de los reyes aftásidas del Reino de Badajoz.

Las restantes banderas fueron diseñadas por encargo político, a partir de la configuración del actual mapa autonómico. Así la bandera autonómica de Madrid fue creada por el diseñador José María Cruz Novillo, la de Murcia fue diseñada por una comisión integrada por los historiadores Juan Torres Fontes y José María Jover Zamora y los senadores Ricardo de la Cierva y Hoces y Antonio López Pina, la de Castilla-La Mancha fue diseñada por el heraldista Ramón José Maldonado y Cocat y la de La Rioja lo fue por el heraldista José María Oria de Rueda, por encargo del Colectivo Riojano, (un grupo de universitarios residentes en Madrid), que fue quien la popularizó. En 1995 se promulgaron los Estatutos de Autonomía de Ceuta y Melilla y ambas ciudades mantuvieron la bandera que representaba a cada ciudad.

Éstas son las historias del origen de las diferentes banderas autonómicas españolas. Esas banderas que para algunos son la representación de lo que debería ser su país por razones históricas o identitarias más o menos claras y que para otros no es más que el icono representativo de su región. Banderas que, al fin y al cabo, representan de forma más local a los territorios en los que se dividió el país a partir de la Constitución de 1978.

viernes, 2 de enero de 2015

LA BANDERA REPUBLICANA

Recuerdo cuando la abuela de Mayka hablaba acerca de la bandera republicana en la época en la que gobernaba el PSOE con José Luis Rodríguez Zapatero a la cabeza. Ella la denominaba como la bandera morada y hablaba barbaridades acerca de un hipotético retorno de dicha bandera y de lo que representaba, a partir de la legislación de la Ley de Memoria Histórica. Por aquel entonces la abuela de Mayka llevaba varios años siendo octogenaria y su vida había transcurrido en un pequeño pueblo castellano donde, como en la gran mayoría de estos pequeños pueblos, la gente estaba mayoritariamente adaptada en mayor o menor medida al régimen franquista y todo lo adverso a éste era hostil.
 
Por su ideología, entendía el temor que podía tener a vivir en un país en el que se gobernase en contra de sus deseos, pero que una castellana descargase toda su rabia contra el color morado de la bandera republicana me parecía más que curioso, puesto que la franja morada de la bandera republicana es la denominada franja morada de Castilla.

El diseño actual de la bandera española data de 1785. Hasta entonces la bandera nacional era blanca con el aspa de Borgoña impresa de esquina a esquina, (lo fue amarilla desde el reinado de Felipe II hasta la llegada de Felipe V). Como esta bandera era utilizada por otros reinos europeos de influencia borbónica, Carlos III decide cambiarla para evitar confusiones en la armada naval. A partir de las doce propuestas que le presentó el Secretario de Estado Antonio Valdés y Fernández Bazán, escogió el primer modelo, (la actual “rojigualda”), inspirada en los colores de la bandera del antiguo Reino de Aragón, por su gran visibilidad. El cuarto modelo de la ilustración fue el seleccionado para la bandera mercante.



Este diseño ha sido el oficial a excepción del periodo de la Segunda República en el que se incorporó la franja morada, dejando las tres franjas del mismo tamaño. La inclusión del tercer color buscaba el reconocimiento al pueblo de Castilla como parte vital de un nuevo estado, bajo el supuesto de que los colores rojo y amarillo representaban a los pueblos de la antigua Corona de Aragón.

Lo curioso de la adopción del morado como representación de la bandera castellana, es que se basa en cierta imprecisión. Originalmente, la bandera de Castilla nace en la segunda mitad del siglo XII. Se trata de un castillo de tonalidad dorada impreso sobre fondo rojo carmesí o rojo grana. Esta selección pudo estar determinada por la heráldica de la esposa de Alfonso VIII de Castilla, la reina Leonor Plantagenet, (hija de Enrique II de Inglaterra), por lo que el origen de la bandera castellana estaría inspirada en el escudo de Inglaterra de la época. La confusión entre el color carmesí y el morado se debería a la tonalidad que adquiere el color carmesí con el paso del tiempo cuando está impreso en paños viejos o desgastados. En la actual bandera de Castilla y León, que data de 1230 cuando Fernando III unifica las banderas de los reinos de Castilla y de León en una sola, es el color rojo el que aparece en los cuadrantes superior izquierdo e inferior derecho dedicados a Castilla. Los otros dos cuadrantes los ocupa la bandera del antiguo Reino de León, originaria de la primera mitad del siglo XII cuando reinaba Alfonso VII.

Con respecto a la bandera del Reino de Aragón, a la que se atribuía que representaban las otras dos franjas de la bandera republicana, su origen está en las armas de linaje de los reyes de Aragón, conocido en la Edad Media como "signum nostri". Inicialmente fue un emblema familiar que posteriormente, al ser utilizado por los reyes de Aragón, pasó a ser el símbolo del reino. El primer testimonio es un emblema heráldico de Alfonso II en un sello de 1186.

Incluso el escudo republicano también hizo un guiño al antiguo reino de Castilla, ya que sustituyó la corona real por un castillo de cuatro torres.

A pesar de que aún haya gente que difame acerca de esa bandera, la republicana, lo cierto es que dicha bandera representa un periodo democrático del país donde hubo gobiernos de izquierdas y de derechas, donde el Jefe del Estado era también un cargo electo y que sólo pudo ser derrocado a golpe de fusil, a partir de un golpe de Estado y una sublevación militar que sumió a España en la pobreza y en la etapa más negra de su historia como país.

Por cierto, aunque a muchos les pueda irritar, la bandera republicana es legal, no así la simbología franquista.


jueves, 18 de diciembre de 2014

LOS ERRORES COMUNES DEL CASTELLANO

Tiene fama Valladolid de ser la zona del mundo donde mejor se habla castellano, sin embargo es una zona laísta y leísta, como casi toda Castilla, Cantabria y Madrid. Reconozco que, por mi origen, me cuesta emplear correctamente estas formas y no caer en errores propios de leístas y mucho menos aún de laístas.

El laísmo es el empleo de las formas “la” y “las” del pronombre ella para dativo en función de objeto indirecto para referentes del género femenino, en lugar de las formas estándar "le" y "les". La lengua castellana mantiene la antigua declinación latina y el uso de los casos latinos en los pronombres personales, mientras que la evolución de la lengua castellana tiende a la eliminación total de los casos latinos. Las variantes laístas han profundizado en esta tendencia y neutralizan la diferencia entre el complemento directo (acusativo) y el complemento indirecto (dativo) en favor de la distinción de género. El “le” como complemento indirecto es ambiguo y para eliminar dicha ambigüedad se utiliza un segundo pronombre con preposición: “Le dije, a él/ella”. Por lo tanto, el deseo de matización del género por parte del hablante propicia su uso incorrecto.

El leísmo es el empleo de las formas “le” y “les” para el complemento directo cuando el pronombre representa a personas, es decir, es la sustitución de los pronombres personales “lo” y “la” por “le” en la posición de complemento directo y en los verbos que tradicionalmente rigen el caso acusativo, (también llamados verbos transitivos), siendo el más frecuente y extendido para el caso singular masculino y personal, (el único admitido, aunque no recomendado, junto con el leísmo de cortesía y de contacto). Cabe destacar que dos literatos de la talla de Miguel Delibes o Gonzalo Torrente Ballester han sido reconocidos leístas.

Existe un tercer error relacionado con ambos. Es el loísmo y es la  sustitución del pronombre personal "le" (que representa generalmente al objeto indirecto) por "lo". Este fenómeno está considerado como vulgarismo por la R.A.E. y es un error en el que se puede llegar a caer cuando se está intentando corregir el leísmo.

Otro error localizado principalmente en Euskadi, La Rioja y la parte Oeste de Castilla y León, es conjugar mal el tiempo verbal en las oraciones condicionales, utilizando el Condicional Simple o Compuesto en lugar del Pretérito Imperfecto o Pluscuamperfecto de Subjuntivo, utilizando formas incorrectas como “si sería” en lugar de “si fuese”, conocido como prótasis del Condicional Simple o Postpretérito. En la zona de Madrid es frecuente el uso incorrecto del imperativo singular del verbo ir, (“ves” en lugar de “ve”), y en los casos más extremos también con los verbos dar, caer o traer. Y en Andalucía se sustituye “usted/es” por tú/vosotros, conjugándolo en segunda persona en lugar de en tercera, (“ustedes estáis” en lugar de “ustedes están”).

Deslocalizando errores, el dequeísmo es bastante común en todo el país. Consiste en la utilización no normativa de la preposición "de" junto a la conjunción "que" en oraciones sustantivas (de objeto directo). Es un anacoluto (un cambio repentino en la construcción de la frase que produce una inconsistencia) que deriva del cruce de dos estructuras sintácticas, la de complemento directo y la de una oración subordinada. A partir de este error suele surgir el contrario, el “queísmo” o “dequefobia”, que consiste en no utilizar la preposición “de” delante de una frase subordinada que comienza por “que” cuando es necesaria por miedo a caer en el dequeísmo.

También son bastante comunes errores como añadir una “s” al final de la segunda persona del singular del pretérito indefinido, (“vinistes” o “acabastes” en lugar de “viniste” o “acabaste”), dar órdenes en infinitivo en lugar de en imperativo plural, (“ir”, “venir” o “acabar” en lugar de “id”, “venid” o “acabad”), terminar los participios de los verbos de la primera conjugación en “-ao” o “-au” en lugar de en “-ado”, utilizar determinantes masculinos delante de sustantivos femeninos que comienzan por “a” tónica (“este agua”, “ese águila” en lugar de “esta agua”, “esa águila”), pronunciar las palabras terminadas en /d/ como /z/, pronunciar la /s/ como /z/ (ceceo), la /z/ como /s/ (seseo) o la elle como “y” (yeísmo), conjugar incorrectamente el verbo satisfacer, (que se conjuga como el verbo hacer), o el Pretérito Perfecto Simple de los verbos andar, caber y los terminados en –traer (atraer, retraer, retrotraer, sustraer y traer) y –ducir (aducir, conducir, inducir, seducir, producir, reproducir, seducir y traducir), modificar el acento de ciertas palabras como apoplejía, avaro, caracteres, cuadriga, electrólisis, espécimen, fluido, libido, retahíla o zenit, entre otras muchas, o pronunciar mal ciertas palabras como taxi, espurio, croqueta, tortícolis, trastorno, prejuicio, barajar, idiosincrasia, sarpullido, ineptitud, esparadrapo, helicóptero, fortísimo, popurrí, pobre, restricción, mahonesa/mayonesa, así como las formas verbales “viniste” o “haya”, entre otras muchas, por citar las más frecuentes.

Otros errores se basan en ciertas concreciones. Así, “detrás mío, tuyo o suyo” es incorrecto pues los adverbios de lugar sólo pueden ir seguidos por una preposición y un pronombre personal (detrás de mí, de ti, de él) nunca por un pronombre posesivo. Completamente gratis es incorrecto, puesto que nada es parcialmente gratis. “Más mejor” y “más mayor” son incorrectas por redundancia, (salvo que sea un adjetivo en grado positivo). El verbo “preveer” no existe, es un engendro producto de la mezcla de los verbos prever y proveer. El gerundio de posterioridad es incorrecto, puesto que el gerundio expresa simultaneidad o anterioridad respecto a la acción del verbo principal de la frase. Valorar positivamente es una redundancia y valorar negativamente es un oxímoron, porque cuando se valora ya se está reconociendo el valor o mérito de algo o alguien.

Hay otros errores frecuentes como son las construcciones “en base a” y el galicismo “sustantivo + a + infinitivo”, ciertas redundancias repetitivas (pleonasmos) y ciertas locuciones latinas (la alma máter, grosso modo, statu quo, motu proprio, cum laude…) que se utilizan de forma incorrecta, aunque mucho me temo que la RAE acabe dando cabido a dichas formas incorrectas pues, al fin y al cabo, ya reconoció con anterioridad engendros como almóndiga, arrascar, asín, hacera, interromper, madalena, perene, podrirse, pretensioso, prolífero, rencontrar, rosalera, setiembre, somnámbulo, soñolencia, trasgredir, ubiquidad, vagamundo, ovio, vapular o zabullirse, entre otras.


Pensándolo bien, con estos antecedentes y aunque alguien me pueda tildar de vulgar, el leísmo y el laísmo son errores que de ser incorporados como norma modernizarían el idioma, pues es más lógico utilizar el pronombre en su forma de género que en función de su evolución desde el latín como pasa en algún otro idioma de origen latino y en inglés, por citar algún que otro ejemplo. Se convertiría así en una lengua más precisa y moderna, aunque ahora nos suene mal.

jueves, 4 de diciembre de 2014

LA NIEBLA ATMOSFÉRICA

Valladolid, en invierno, lo tengo asociado a la niebla. Recuerdo que en mi primer año de Bachillerato, que lo cursé allí, la práctica totalidad de la temporada invernal estuvo marcada por una permanente niebla que aparecía según caía la noche y que no desaparecía hasta bien entrado el día. Incluso tuvimos bastantes días en los que la niebla nunca desapareció.

En esos días de invierno, solía bajar yo solo al patio del colegio, aprovechando la entrada de la noche, con el balón de baloncesto a tirar unos tiros a canasta y a hacer jugadas imaginarias, para evadirme un rato de la eterna compañía de mis compañeros y acompañarme de esa cortina de partículas de agua en suspensión. Era la forma que tenía de desconectar de las clases, las horas de estudio y las diversas actividades a las que estábamos obligados. Alguna que otra vez, la niebla era tan espesa que desde una canasta no se alcanzaba a ver la otra y eso que un campo de baloncesto tiene una longitud de unos 26 metros. Tras ese año, no volví a vivir en Valladolid hasta la época universitaria, (cuatro años después), pero durante ese periplo de algo más de seis años, aunque la niebla solía aparecer en muchos días de invierno, ya no era omnipresente como cuatro años atrás. La verdad es que no recuerdo haber visto una niebla tan densa, y eso que en mi ciudad natal la niebla es un fenómeno muy frecuente en invierno, hasta mi segunda estancia en la ciudad china de Chongqing, (por razones de trabajo), donde estuve casi un mes sin ver el suelo desde la ventana de mi habitación sita en la planta 20 del hotel donde nos alojábamos. Curiosamente, estas tres localidades citadas están ubicadas en un valle fluvial donde se produce la desembocadura de un afluente en la misma ciudad. En Chongqing, el río Yangtsé recibe las aguas del río Jialing; en Valladolid, el río Pisuerga recibe las aguas del río Esgueva y en Aranda, el Duero recibe aguas de los ríos Arandilla y Bañuelos.

En general, en tierras de Castilla, la niebla es un fenómeno bastante presente en las temporadas más frías del año en forma de bancos aislados. Esto se debe a que la orografía de Castilla es la de una meseta, es decir, una llanura extensa situada a cierta altitud sobre el nivel del mar, en este caso entre 600 y 800 metros, y que en la submeseta norte, (Castilla y León principalmente), toda la cuenca del Duero ha erosionado el terreno creando sucesivos valles de gran amplitud, separados por extensos páramos. Por ello es frecuente la presencia de la conocida como niebla de valle que se forma, tal y como su nombre indica, en los valles, normalmente durante el invierno. Es el resultado de la inversión de temperatura causada por el aire frío que se asienta en el valle y el aire caliente que pasa por encima de éste a lo largo de los páramos. Se trata básicamente de niebla de radiación confinada por un accidente orográfico y puede durar varios días si el tiempo está calmado, pues se forma normalmente en situaciones anticiclónicas en invierno.

En el caso de las ciudades citadas, aparte de la niebla de valle, que sería la más presente, se puede encontrar la presencia de niebla de vapor que se da cuando el aire frío se mueve sobre aguas más cálidas. El vapor del agua entra en la atmósfera por procesos de evaporación y la condensación se da cuando se alcanza el punto de rocío. Este suceso es común al final del otoño y principio del invierno y se necesita de importantes masas de agua.

Según la Organización Meteorológica Mundial, la niebla atmosférica es la suspensión de gotas pequeñas de agua en el aire, normalmente de tamaño microscópico, que reduce la visibilidad horizontal en la superficie terrestre a menos de 1 km. Si la visibilidad es de entre uno y diez kilómetros, se denomina neblina. Para que se forme niebla, de la naturaleza que sea, la humedad relativa ha de alcanzar el 100% y la temperatura del aire ha de bajar del punto de rocío del agua, lo cual causa que el agua se condense. Aparte de las ya comentadas nieblas de valle y de vapor, existen otros cinco tipos de niebla. La niebla de radiación que se da nada más anochecer en otoño en zonas templadas, la niebla de advección que se suele dar en la costa cuando masas de aire cálido se encuentra con masas de agua o tierras frías, la niebla de precipitación que se produce cuando llueve y el aire bajo las nubes se halla relativamente seco, la niebla de hielo que se forma en las zonas congeladas y la niebla de ladera que se forma cuando el viento sopla contra la ladera de una montaña condensándose la humedad al ascender en la atmósfera, motivo por el que las cumbres montañosas aparecen nubladas.

La niebla es un precioso fenómeno que ha dado fama a ciudades como Londres o San Francisco, aunque las cuatro veces que he visitado Pekín me encontrado con niebla más o menos densa. El caso de Londres se debe a la fama de personajes de ficción como Sherlock Holmes, Jack el Destripador o Dr. Jekyll y Mr. Hyde, que convivían con la niebla londinense en sus aventuras literarias. Sin embargo, esta niebla tenía su origen en la combustión del carbón que se utilizaba como fuente de energía y para la calefacción de los hogares. En invierno de 1952, a partir de que Londres se quedara paralizada durante cinco días por una densa niebla de humo que mató a más de cuatro mil personas, el Gobierno británico prohibió la combustión de carbón y Londres dejó de ser una ciudad con niebla. El caso de San Francisco es diferente, ya que allí la presencia de niebla en verano es permanente. El origen de la formación de esta espesa niebla estival se debe a que el aire cálido y húmedo del océano Pacífico se abalanza sobre la corriente fría de California que fluye desde Alaska hacia el sur paralela a la costa. Este aire caliente y húmedo se enfría desde abajo, su humedad relativa aumenta y el vapor de agua se condensa a medida que avanza a través de la bahía o de la tierra formando la niebla de advección que provoca que los veranos de San Francisco sean secos y nada calurosos. De ahí que el escritor y humorista Mark Twain dijera que el invierno más frío que había pasado fue un verano en San Francisco.

La verdad es que gracias a la niebla me he encontrado con preciosas estampas como alguna que otra noche en París por los bohemios barrios de Butte-aux-Cailles, de Mouffetard o de Montmartre o alrededor de cualquiera de sus más célebres monumentos, he podido visualizar Curiel desde la montaña de enfrente y ver su castillo flotando por encima de las nubes, disfrutar de preciosas noches repletas de niebla en los cascos históricos de ciudades como Burgos, Santiago de Compostela, Madrid, Salamanca, Palencia, León, Cáceres, Toledo, Zamora, Pamplona o Segovia, de estar en el Teide por encima de la masa nubosa y recorrer la punta de Anaga (Tenerife) casi a tientas, aparte de diferentes rutas de montaña y de muchas noches en las tres ciudades que ya nombré al principio, (Valladolid, Aranda y Chongqing), entre las más significativas que ahora me han venido a la cabeza.


La niebla no deja de acompañarnos en agradables momentos, aunque los tengamos que disfrutar bien abrigados.

jueves, 20 de noviembre de 2014

EL MOVIMIENTO CARLISTA

Sólo conocí a mi abuela materna, ya que mi abuela paterna falleció cuarenta días después de mi nacimiento y tanto mi abuelo paterno como materno ya lo habían hecho con anterioridad, por lo que las únicas batallitas me las pudo contar ella, mi abuela María, aunque en el pueblo siempre la llamaron “Maruja”.

Cuando estaba con ella, me gustaba sacar el tema de la Guerra Civil, ya que a mi abuelo materno le pilló el golpe de Estado realizando el servicio militar por lo tuvo que combatir en la guerra y además tenía curiosidad por saber que pasó en su pueblo durante ese período, pues en la Castilla del 36 se “dio paseíllo” a todo aquel que fuera medianamente de izquierdas. La verdad es que a mi abuela no le gustaba mucho hablar del tema, pues en aquella época, cuando se daba el toque de queda, hasta un hermano suyo, Florián, la llegó a amenazar por asomarse a la ventana al grito de “Maruja, si no cierras la ventana disparo”. Políticamente, ella me simplificaba el conflicto de una manera muy banal, diciendo que falangistas y rojos se mataban a tiros unos y otros y que ellos estaban en el medio. Con “ellos” se refería a los “requetés”, que es como se definía por extensión a todos los carlistas, a pesar de que los requetés sólo fueron aquellos carlistas que  entraron en combate del lado del bando nacional. No lo he comentado con anterioridad, pero mi abuela era muy religiosa e iba a misa todos los días, algo que iba muy ligado al ideal carlista cuyos principios eran la defensa de la tradición religiosa y monárquica.

El carlismo fue un movimiento político tradicionalista y legitimista de carácter antiliberal y contrarrevolucionario surgido en España en el siglo XIX que pretendía el establecimiento de una rama alternativa de la dinastía de los Borbones en el trono español y que en sus orígenes propugnaba la vuelta a la monarquía absoluta, basado en la “legitimidad dinástica”, la tradición católica y la monarquía confederal y “por Dios, por la Patria y por el Rey” como lema. Surgió a partir de la derogación de la ley sálica (que impedía reinar a las mujeres) por parte de Fernando VII para asegurarse el reinado de su hija Isabel, propugnando la ley "agnaticia" (vigente actualmente en España) por la que las hijas se incluían en la línea de sucesión dinástica en función de su edad inmediatamente después del menor de los varones. El carlismo se oponía a ello y abogaba por que el heredero a la corona fuera Carlos María Isidro (hermano de Fernando VII) como Carlos V, en lugar de su hija Isabel, que reinaría como Isabel II. Estaba formado por el ala tradicional de la sociedad española de la época englobando a los denominados “apostólicos”, a los tradicionalistas y a la reacción antiliberal, es decir, a la Iglesia y la aristocracia principalmente, mientras que los partidarios de Isabel II (isabelinos) eran los partidarios de las reformas liberales-burguesas, surgidas como consecuencia de la Revolución Francesa y de la Revolución Industrial, que habían empezado a reorganizar la sociedad, tanto moral como materialmente, especialmente en las clases populares. Así, el carlismo tuvo escasa repercusión en las grandes ciudades, siendo un movimiento predominantemente rural.

El caso fue que el 29 de septiembre de 1833 murió el rey Fernando VII, lo que provocó el inicio de una guerra civil por la sucesión a la Corona entre los partidarios de Isabel II (isabelinos, también llamados "cristinos" por su madre que asumiría la regencia) y los partidarios de Carlos María Isidro de Borbón o Carlos V como pretendiente a la Corona (carlistas), que sería denominada Primera Guerra Carlista. Duró casi siete años y dejó casi 200.000 muertos. El levantamiento carlista se produciría en todo el territorio nacional, siendo sofocado con facilidad en todas partes salvo en el País Vasco, Navarra y el antiguo reino de Aragón. En 1939, con el famoso “Abrazo de Vergara” entre los generales Baldomero Espartero (isabelino) y Rafael Maroto (carlista), se ponía fin a la guerra en el norte del país, aunque ésta duraría un año más por la resistencia del general carlista Ramón Cabrera en la zona levantina.

La Segunda Guerra Carlista se inicia en Septiembre de 1846, tras el fracaso de los intentos carlistas de casar a Isabel II con su primo y pretendiente carlista Carlos Luis de Borbón, (Carlos VI como aspirante a la Corona e hijo de Carlos María Isidro), que provocó un levantamiento popular en distinto puntos de Cataluña, extendiéndose el conflicto a Aragón, Navarra y Guipúzcoa. Bajo las órdenes del general carlista Ramón Cabrera, la contienda se caracteriza por acciones guerrilleras que no consiguen resultado, finalizando tres años después con la derrota carlista.

La Tercera Guerra Carlista se desarrolló en España entre 1872 y 1876 entre los partidarios de Carlos María de Borbón, (Carlos VII como aspirante a la Corona), y los gobiernos de Amadeo I, de la I República y de Alfonso XII. Los principales escenarios del conflicto de esta guerra fueron las zonas rurales del País Vasco, Navarra y Cataluña, con menor repercusión en zonas como Aragón, Valencia, Castilla o Andalucía. La guerra finalizó en 1876 con la conquista de la capital carlista, Estella (Navarra), y la huída a Francia de Carlos María de Borbón.

Recién entrado el siglo XX, hubo algún intento posterior de sublevación carlista, aprovechando el descontento por la pérdida de las posesiones de ultramar en 1898, e incluso el 10 de Agosto de 1932, los carlistas apoyaron el intento de golpe de estado del general José Sanjurjo. Pero no fue hasta Abril de 1936, dos meses después de la victoria electoral de la coalición de izquierdas “Frente Popular” y la debacle de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), cuando los carlistas prepararon su propio levantamiento armado contra la República. Sin embargo, tras largas negociaciones acabaron sumándose al golpe de Estado que preparaba el ejército y que daría lugar a la Guerra Civil española, en la que participaron unidades de voluntarios carlistas, agrupados en Tercios de Requetés, los cuales tuvieron una actividad destacada. Aunque no oficialmente, hay quien considera a la Guerra Civil española como la cuarta y última Guerra Carlista.

En Abril de 1937, Franco impuso la unificación de los carlistas con la Falange Española contando con la aceptación de la mayor parte de los carlistas en el frente, relegando a los pocos opositores a dicha unificación y, por lo tanto, a lo que quedaba del movimiento carlista a ser una fuerza política clandestina apoyándose en un seguimiento prácticamente residual.


La verdad es que sigue habiendo un notable paralelismo en la ideología predominante entre los habitantes de las zonas rurales a lo largo de los últimos siglos. En el siglo XIX y principios del XX ese conservadurismo ideológico predominante de carácter apostólico y tradicionalista encontraba refugio en el carlismo, posteriormente lo encontró en el régimen franquista y a finales del siglo XX y en el siglo XXI lo ha encontrado en el conservadurismo del Partido Popular. De ahí que la derecha política española tenga ese granero de voto fiel e incuestionable en las zonas rurales del norte y centro del país, siendo el apoyo masivo de los intereses de la Iglesia y la aristocracia.

jueves, 6 de noviembre de 2014

EL AUMENTO DEL NIVEL DEL MAR

Hablando con unos amigos acerca del aumento del nivel del mar y de cómo remediarlo, yo comenté que sólo se me ocurrían soluciones imaginarias o cuasi irrealizables como verter agua sobre la Antártida, Siberia, Groenlandia o cualquier otro sitio de frío permanente donde pueda permanecer helada irreversiblemente para que no regrese al mar, dirigir las precipitaciones hacia esas zonas o aumentar la profundidad oceánica para así aumentar su capacidad. Devolverla al espacio, que es de donde se cree que provino a través de cometas que chocaron con la Tierra, según las teorías más recientes, parece ser actualmente un imposible, aunque las otras dos sean también bastante irreales.

Lo cierto es que el ascenso del nivel del mar estimado por altimetría por satélite, mediante mediciones que se desarrollan desde 1978, es de unos 3 mm/año en las últimas dos décadas. Eso quiere decir que cada año los océanos contienen unos 1100 Km³ más de agua (1100 billones de litros) proveniente de un desequilibrio entre el agua que se almacena en forma de nieve o hielo en los indlandsis, (se denomina así a los territorios de dimensiones continentales que están cubiertos de hielo permanente), y el agua fundida proveniente de ellos. Este desequilibrio se debería al calentamiento global antropogénico (aquel causado por el hombre) que genera un balance de masa glaciar desfavorable, al ser menor la cantidad de agua que reciben los indlandsis en forma de nieve o escarcha que la que se retorna al océano en forma de icebergs y a través de la fusión de los bordes dentro del mar. Este balance negativo podría también ser desfavorable por la distribución y morfología de estas masas glaciares, pero lo que no cabe duda es que el calentamiento global está favoreciendo la fusión de estas masas.

Actualmente, el agua almacenada en casquetes polares, glaciares y como nieve permanente es de 24 millones de Km³, lo que supone el 1,75% del agua total del planeta. Su total deshielo provocaría un aumento del nivel del mar de entre 60 y 65 metros, por lo que el problema del aumento del nivel mar radica en la falta de conservación de esta “despensa” de agua y en su continuo deshielo a un ritmo más alto que el de su regeneración en forma de nieve nueva.

El total de agua que hay en la Tierra es de 1.386 millones de Km³. Si fuese una esfera, su diámetro sería de alrededor de 1.383 kilómetros, lo que supone menos del 0,13% del volumen terrestre. Su comparativa con el tamaño de la Tierra es el que muestra en la imagen.


Aproximadamente el 70% de la superficie de la Tierra está cubierta por el agua y los océanos contienen unos 1338 millones de Km³, lo que supone alrededor del 96,5% de toda el agua del planeta. El volumen de agua subterránea es de unos 23,4 millones de Km³, (1,70% del agua total del planeta), por lo que junto con el 1,75% del agua acumulado en los indlandsis, el resto del agua del planeta almacenado en otros lugares es del 0,05% y está presente en los permafrost (300.000 Km³), los lagos (176.400 Km³), la humedad de la tierra (16.500 Km³), la atmósfera (12.900 Km³), los pantanos (11.470 Km³), los ríos (2.120 Km³) o el agua biológica, es decir, el agua del que se componen los seres vivos, (1.120 Km³).

Como dato anecdótico caber destacar que de media se evaporan a la atmósfera 1.170 Km³ de agua diariamente, (el 9% de todo el contenido acuoso atmosférico), que coincide con la cantidad media de agua precipitada sobre la Tierra, en función del equilibrio hídrico de la atmósfera. Curiosamente es una cantidad similar al desequilibrio hídrico que hay con respecto a los océanos por lo que si se pudiese lograr precipitar todo el agua evaporado en la Tierra en un solo día sobre lugares en los que vaya a quedar almacenada permanentemente sin retorno a los océanos, se lograría compensar el aumento del nivel de mar de un año, aunque eso ya supondría tener la capacidad de controlar las presiones atmosféricas y, por lo tanto, de los vientos, algo que está muy fuera del alcance humano. Por cierto, si al mismo tiempo precipitara regularmente toda el agua acumulada en la atmósfera, (aproximadamente 12.900 Km³ de agua, mayoritariamente en forma de vapor de agua), la superficie de la Tierra sería cubierta por 25 milímetros de agua lo que supondría una precipitación de 25 litros por metro cuadrado.

El caso es que la cantidad de agua que hay que almacenar para disminuya un metro el nivel del mar sería de unos 361.000 Km³, partiendo de que la superficie marina actual es de unos 361 millones de Km². Esto supone más de 30 veces la cantidad de agua que hay embalsada en todo el mundo y casi el doble del agua existente en lagos y pantanos, sin embargo sólo supone el 1,5% del agua retenida en los indlandsis, formados por los casquetes polares, los glaciares y la nieve permanente, o la misma que hay almacenada en los permafrost, formados por la capa de hielo permanente que hay en los niveles superficiales del suelo de las regiones muy frías o periglaciares, como es la tundra, por lo que ha de ser el cuidado de éstos la clave para poder controlar el aumento del nivel del mar. Si continua ascendiendo el nivel del mar, asistiremos irrevocablemente a la desaparición de dos países como Maldivas y Tuvalu, debido a que su altitud máxima sobre el nivel del mar no supera los cinco metros. Igualmente, si esto sucede, gran parte de la costa mundial será absorbida por el mar, con las consecuencias y el impacto que esto supondría.

Habrá que ver qué medidas se toman, puesto que al ritmo de subida del nivel del mar actual y con varios glaciares de la Antártida Occidental en un estado irreversible de derretimiento, la subida del nivel del mar en los próximos cien años podría ser de un metro.

Al igual que dije con respecto a cómo enfrentarse a una futura crisis energética, el ser humano ha salido triunfador de los distintos retos a los que se le ha enfrentado. Espero que también lo logre en este importante reto.