martes, 28 de enero de 2014

EL ENGAÑO DEL NEOLIBERALISMO

Hace un tiempo el programa “La noche temática” de TVE emitió el documental “La doctrina del shock”, basado en el libro “La doctrina del shock, el auge del capitalismo del desastre”, de la periodista canadiense Naomi Klein. En dicho documental se muestra como las políticas económicas neoliberales la Escuela de Economía de Chicago y del profesor Milton Friedman, (galardonado con el premio Nobel de Economía en 1976), habían sido impuestas en países con modelos de libre mercado a través de impactos en la psicología social a partir de desastres o contingencias adversas, provocando que, ante la conmoción y confusión, se pudieran hacer reformas muy impopulares, que serían inaceptables por la población en situaciones normales.

En el documental se repasan las distintas actuaciones para aplicar esta doctrina. Comienza con las transformaciones económicas realizadas en Sudamérica, que se utilizó como banco de pruebas, a partir del golpe de Estado dado por Augusto Pinochet en Chile, (que derrocó al presidente electo Salvador Allende), y que fue ejecutado con la financiación y apoyo de la CIA por orden del presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon. En esta parte se analiza la necesidad de la tortura para la imposición de políticas neoliberales, (impopulares todas ellas), asociadas a la terapia de choque. Algo parecido se realizó en Argentina, a partir de la instauración de la dictadura militar tras el golpe de estado, ejecutado por los comandantes de las tres Fuerzas Armadas argentinas, que derrocó al gobierno peronista encabezado por  María Estela Martínez de Perón. También se analiza como esta terapia de choque fue aplicada sin necesidad de situaciones tan extremas como las de Argentina y Chile. Así, Margaret Thatcher las impuso aprovechando el populismo obtenido a partir de la victoria de Inglaterra en la Guerra de las Malvinas, mientras que en Bolivia se adoptaron con el asesoramiento del economista Jeffrey Sachs para mitigar la abultada deuda externa contraída en los gobiernos militares de los años 70.

La crisis financiera asiática de 1997, que provocó la quiebra de Tailandia y que golpeó duramente a Indonesia y Corea del Sur, provocando fuerte devaluaciones monetarias en Malasia, Filipinas, Taiwán, Hong Kong y Laos, entre otros, fue una nueva oportunidad para la introducción de terapias de choque una vez que el Fondo Monetario Internacional tuvo que intervenir con la creación de paquetes de rescate. Igualmente, países como Rusia y Polonia, inmersos en transición económica por la caída del bloque soviético, y Sudáfrica, tras la transición económica posterior a la supresión del bloqueo internacional debido a la abolición del apartheid, acogieron estas medidas de neoliberalismo y libre mercado.

Ni qué decir tiene que otros momentos como los atentados del 11-S en 2001 o la crisis financiera originada en 2008 tras el estallido de la burbuja inmobiliaria y el hundimiento de los productos derivados de las hipotecas “subprime” que acabó quebrando grandes empresas, colapsando el sistema financiero y generando abultadas deudas exteriores en los países de la Eurozona son campo de cultivo idóneo para imposición de políticas neoliberales de terapia de choque, aprovechando las delicadas situaciones por las que pasaban las economías de ciertos países, y como moneda de cambio de los paquetes de rescate económico que recibieron.

Sin embargo, tal y como advierten cada vez un mayor número de economistas de prestigio, este fundamentalismo económico se ha venido imponiendo gracias a la voluntad del poder financiero y al protagonismo mediático que se ha dado a todo tipo de economistas afines a este poder, tal y como comentaba en la anterior entrada “El Nuevo Capitalismo”. Trabajos de carácter predominantemente ideológico y propagandístico como los de Alberto Alesina y Silvia Ardagna, sobre la necesidad de la austeridad como medida estimuladora de crecimiento y de creación de confianza en los mercados financieros, y los de Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, que alertaron que el crecimiento de la deuda pública por encima del 90% del PIB llevaba a la recesión, explicando la crisis financiera actual en la Unión Europea por un exceso de esta deuda pública, todos ellos basados en una argumentación muy débil y criticados extensamente por sus errores y falsedades, han sido manuales de eficacia económica a seguir por la gran mayoría de mandatarios.

Entre los grandes errores y falsedades en los argumentos que sostenían el dogma de la economía neoliberal, se puede apreciar que Ronald Reagan no bajó el gasto público durante su mandato sino que lo subió, aunque lo hizo en el sector militar en lugar de en el social. Incluso es el presidente de Estados Unidos que más ha subido los impuestos en tiempos de paz, pues bajó los de las rentas superiores para aumentar los de la mayoría de la población, tal y como advirtió el economista estadounidense Paul Krugman, Premio Nobel de Economía en 2008.

Irlanda y España fueron dos de los países que están sufriendo la actual crisis de una manera más acentuada. Ambos estaban entre los discípulos aventajados de la escuela neoliberal, teniendo superávit en sus cuentas públicas y una deuda pública menor que la del promedio de la Eurozona. Ambos han sido acusados de estar en crisis económica por haber gastado demasiado cuando eran los países con el gasto público social por habitante más bajo de la Eurozona y sus Estados estaban en superávit.

Lo cierto es que la aplicación de estas políticas neoliberales ha profundizado aún más la crisis, (cuando eran medidas, sobre el papel, para salir de ella), deteriorando aún más la situación económica de los países en los que se han aplicado en los cuales se están alcanzando unos niveles de desempleo inéditos, con un deterioro alarmantemente del estado de bienestar y de la calidad de vida de las clases populares que son quienes más intensamente están sufriendo los efectos negativos del neoliberalismo. Igualmente, estas políticas están creando una enorme crisis democrática pues se están aplicando mediante la imposición de los partidos gobernantes, sin haber sido incluidas previamente en sus programas electorales.

Los únicos sectores sociales que apoyan tales políticas son las rentas superiores, las élites financieras y empresariales y las grandes empresas exportadoras, que son quienes se benefician de tales políticas, mientras que las clases populares, que son la mayoría de la población, se están oponiendo de manera generalizada. Si estas políticas continúan existiendo y aplicándose se debe al enorme poder de estas élites financieras, empresariales, mediáticas y políticas, en definitiva, de los grandes beneficiarios, y únicos, de esta crisis actual.

Aún así, éste es el sistema económico al que nos vemos sometidos, el capitalismo liberal o neoliberalismo, también llamado capitalismo especulativo o de casino, gracias a la desregularización del sector económico. Un casino, por cierto, en el que nos toca jugar a todos de forma obligatoria y que como bien sabemos, cuando de casinos se habla, la banca siempre gana.


martes, 14 de enero de 2014

EL NUEVO CAPITALISMO

Cuando era más joven siempre decía que la única ventaja que tenía el capitalismo era que hacía que la gente se buscase la vida para salir adelante sin necesidad de tutelaje por parte del sistema. Por lo demás, todo lo que veía en ese sistema era injusto, pues el capitalismo funciona gracias al sometimiento y la explotación que unos pocos países realizan sobre el resto, por lo que este sistema económico sólo funciona en poco más de una treintena de países, fracasando en todos los demás. Es más, incluso en los pocos países donde se puede decir que dicho sistema funciona, las clases sociales más elevadas someten y explotan a las clases sociales más desfavorecidas en la medida que les permite la legislación de cada país. Sin embargo, he de reconocer, que a pesar de lo injusto del sistema y viendo que es irrevocable una migración a otro tipo de sistema económico, echo de menos ese sistema de capitalismo productivo, pues en los tiempos actuales el sistema predominante es un subgénero de éste, denominado capitalismo liberal o neoliberalismo, basado en la especulación, en la no regulación de los mercados y en la falta de intervencionismos gubernamentales en materia económica, que condiciona la situación de las clases productivas o proletarias.

El neoliberalismo es el sistema que ha dominando la cultura política, económica y mediática de la gran mayoría de los países desarrollados desde los últimos treinta años, tras ciertos experimentos realizados en Chile o Argentina, aprovechando las entonces recién instauradas dictaduras militares.

Este sistema propone una limitación del papel del Estado en la economía, la privatización de empresas públicas y la reducción del tamaño del Estado hasta minimizar el porcentaje del PIB controlado o administrado directamente por el Estado, dejando en manos de las empresas privadas y de los particulares el mayor número de actividades económicas posible. Igualmente, propugna la flexibilización laboral, la eliminación de restricciones y regulaciones a la actividad económica, la apertura de fronteras para mercancías, capitales y flujos financieros, el aumento de las tasas de interés o la reducción de la oferta de dinero hasta lograr una inflación cercana a cero y evitar así el riesgo de devaluaciones de la moneda para minimizar los llamados ciclos del mercado, un aumento de los impuestos sobre el consumo y una reducción de los impuestos directos sobre la producción, la renta personal y los beneficios empresariales, la eliminación de regímenes especiales, la disminución del gasto público y la desregularización del comercio entro otras medidas, todo ello para permitir que el sector privado sea el único encargado de la generación de riqueza.

El que ha sido nombrado como el “gurú” del neoliberalismo, Ronald Reagan, comenzó su primera legislatura como presidente de Estados Unidos diciendo “el gobierno no es la solución, sino el problema”, (refiriéndose al sector público). Esta premisa, sirvió como explicación al origen de la crisis por la que pasaba Estados Unidos a principios de los años 80 y derivó en políticas públicas de recortes y austeridad que intentaban reducir el déficit y la deuda pública de los Estados Unidos. Dicho dogma creía que la crisis de entonces se debía a un gasto público excesivo que había ahogado con su peso a la economía, privando de fondos y recursos al sector privado imposibilitándolo a que actuara como motor de la economía.

A partir de esas premisas, los recortes se acentuaron predominantemente en los gastos públicos sociales, pues se asumía que la supuestamente excesiva protección social en legislación laboral, con unos derechos hipertrofiados y un abultado crecimiento salarial, estaba relajando a la clase proletaria trabajadora, (a la que se había redefinido como clase media), lo que provocaba una pérdida de competitividad y un aumento de los precios de los productos, lo que obstaculizaba la capacidad exportadora del país. Por lo tanto, se requería una batería de intervenciones públicas, que redujera dichos derechos laborales y sociales mediante la puesta en marcha de reformas laborales que tenían como objetivo disminuir igualmente los salarios.

Con el fin de llevar a cabo tales intervenciones públicas, todas ellas sumamente impopulares, era preciso poner en marcha una estrategia ideológica y mediática que tendría como objetivo hacer creer a la población que tales políticas eran las únicas posibles, advirtiendo de que no había alternativas. La estrategia consistió en subvencionar, directa o indirectamente, a investigadores académicos que dieran cierta evidencia científica y avalaran la necesidad, inevitabilidad y bondad de tales políticas para la situación económica. Serían estos economistas neoliberales, todos ellos profesores de conocidas universidades y todos ellos próximos al capital financiero, es decir, a la banca y otras asociaciones financieras, los que acaparasen las intervenciones en los medios de comunicación, debido a que todos ellos gozaban de grandes cajas de resonancia facilitada por su proximidad a líneas ideológicas del poder. Así, sus trabajos se convirtieron en la sabiduría económica convencional y el dominio de tal dogma fue absoluto en los medios de comunicación, priorizando a economistas patrocinados y financiados por el capital financiero, sobre otros economistas críticos con esta línea ideológica.

Casi al unísono que en Estados Unidos, dichas políticas fueron instauradas en el Reino Unido de la mano de Margaret Thatcher. Sus políticas económicas hicieron hincapié en la desregularización, (especialmente del sector financiero), la flexibilización del mercado laboral, la privatización de empresas públicas y la reducción del poder de los sindicatos, siguiendo el guión marcado por la Escuela de Economía de Chicago, precursora de dichas políticas.

A partir de entonces, este pensamiento político-económico se fue expandiendo a la práctica mayoría de los países desarrollados y las consecuencias de tal desregularización se han visto plasmadas en las sucesivas burbujas económicas tecnológica e inmobiliaria, ocasionando la quiebra del sistema. Un sistema que ha tenido que ser rescatado y reanimado por el intervencionismo de los estados con aporte de capital para reflotar dicho sistema económico quebrado. Un intervencionismo, por cierto, contrario a dichas directrices económicas, pero que ha servido para reanimar un sistema fracasado, que se ha vuelto a poner en marcha y a avasallar a una población que ya no tiene poder de decisión y ha claudicado ante sus representantes políticos alineados con este nuevo capitalismo.


lunes, 30 de diciembre de 2013

LOS SUEÑOS RECURRENTES

Cuando era niño tenía un sueño recurrente. Tenía como escenario la casa de mi abuela materna, que es el lugar donde vivíamos los fines de semana que íbamos al pueblo de mis padres. Por aquellas épocas, para que los niños fueran obedientes e hiciesen lo que los padres querían, se les intimidaba con que acudiría el coco, el sacamantecas o algún otro ser temible para los pequeños infantes en el caso de no hacer lo ordenado, muy basado todo ello en las tradiciones de la cuasi analfabeta España franquista. Eso provocó que durante en mi infancia tuviese una pesadilla reiterada con este tema, pero no provocó que fuera más sumiso a mis progenitores.

Ese sueño recurrente tenía lugar en la pequeña cocina de dicha casa de mi abuela materna. La amenaza venía de la despensa que comunicaba con la bodega, (que para mis primos y para mí era una enigmática cueva a la que no se podía acceder porque allí es donde residían estos malévolos personajes). El sueño siempre era igual. Toda la familia estaba reunida allí, atemorizada por uno de esos seres amenazantes al que sólo podíamos oír, pero que sabíamos que iba a parecer en cualquier momento. En cuanto aparecía, sin llegar a ver su rostro, yo solía saltar de la cama.

Muchos años más tarde, tras haber terminado mis estudios universitarios, soñé repetidas veces que estaba trabajando sin la titulación académica pertinente por lo que corría peligro mi puesto de trabajo. En estos casos nunca me desperté durante el sueño, pero he de reconocer que en numerosas ocasiones dudaba de si había terminado o tenía que ponerme a estudiar urgentemente porque se me acababan las convocatorias. Al final tenía que recordar el día de la presentación del proyecto Fin de Carrera para convencerme de que todo había sido un sueño producto de mi subconsciente.

Al igual que estos dos sueños, tuve otros que también se repitieron en varias ocasiones, y casi todos ellos acontecieron cuando aún era menor de edad.

Por lo general, según la mayoría de expertos en psicoanálisis, los sueños recurrentes se repiten con poca variación en el tema. Aunque pueden ser positivos, la mayoría de ellos son pesadillas. Los sueños pueden recurrir porque un conflicto plasmado en el sueño permanece no resuelto e ignorado, por lo que una vez se ha encontrado una solución al problema, éstos suelen cesar. Se podría decir que los sueños recurrentes tienen un papel adaptativo tan importante como el de la sensación de dolor. Igual que el dolor alerta acerca de un problema, los sueños recurrentes tendrían un altísimo valor adaptativo porque mostrarían un peligro o una amenaza pendiente de atender para asegurar la correcta salud mental, sin la cual no existe posibilidad de adaptación.

Esta corriente de opinión se cimenta en que el inconsciente se forma con las capas de las experiencias, los aprendizajes, las emociones y los recuerdos que se almacenan desde el primer día de vida. La emoción del momento puede reprimirse pero el inconsciente es el que dicta de forma silenciosa el comportamiento, aunque la conciencia puede bloquear o vetar un acto iniciado por el cerebro, ya que los procesos eléctricos inconscientes preceden en hasta seis segundos a las decisiones conscientes.

Sin embargo, existe otra línea de opinión al respecto, sostenida mayoritariamente por aquellos expertos que considera al psicoanálisis como una pseudociencia, según la cual los sueños solamente son imágenes absurdas producidas por el cerebro. Los sueños funcionarían como una especie de “protector de pantalla”, estimulando al cerebro para mantenerlo en forma durante largos períodos de inactividad. El cerebro seguiría produciendo ciertos neurotransmisores mientras algunas regiones del cerebro permanecen inactivas. Esta teoría se basa en que el contenido del sueño no tiene ninguna importancia mientras el cerebro se mantenga en actividad. Todo esto viene respaldado por el funcionamiento de nuestra memoria, pues todos los recuerdos pasan de una región del cerebro a otra antes de ser almacenados y se sueña con dichos recuerdos durante ese intervalo.

Yo, por mi experiencia, sí que creo que los sueños, por lo general, están vacíos de significado y que, por lo general, es una manera que utiliza el cerebro de almacenar la nueva información recopilada. Es por eso que cuando se conoce gente significativa o se tienen experiencias especiales, se suele soñar con ello. También creo que el hecho de que un sueño llame la atención de quien lo ha padecido, bien por placentero, bien por traumático, hace que al recordarlo se tengan muchas más posibilidades de volverlo a padecer, debido al funcionamiento de nuestra memoria, pues en lugar de almacenarlo, dicho recuerdo se mantendría latente, lo que acabaría convirtiéndolo en sueño recurrente en el caso de volver a soñar con dicho recuerdo. Es por eso que ningún sueño recurrente suele ser neutro, o bien es una pesadilla o bien es un sueño placentero, aunque estos sean los menos frecuentes.

El caso es que volviendo a la corriente de los defensores del psicoanálisis, me llamó la atención escuchar una frase dicha por el psiquiatra y psicólogo suizo, Carl Gustav Jung, (fundador de la escuela de psicología analítica, también llamada psicología de los complejos y psicología profunda, y figura clave en la etapa inicial del psicoanálisis), que dijo que “un sueño sin interpretar es como una carta sin abrir donde el remitente de la carta es tu subconsciente que tiene un mensaje para ti”. Haciendo caso de esta premisa y teniendo en cuenta que hace unos pocos días volví a tener el último sueño recurrente descrito al inicio, no me va a quedar más remedio que hablar seriamente con mi subconsciente para ver qué me quiere decir de una vez por todas, ya que se está empezando a repetir un poco en su mensaje.


sábado, 14 de diciembre de 2013

LA TEORÍA DE LA RELATIVIDAD

Considero que la teoría de la relatividad es la teoría más importante plasmada por el hombre. Si hablamos de popularidad, sin duda, sería la segunda, ya que la teoría de la existencia de un ser supremo creador que englobaría a todo aquel compendio de explicaciones o esforzados razonamientos que se han dado para intentar demostrar, sobre el papel, dicha existencia o, al menos, la no posibilidad de su no existencia, sería la primera. Yo, como soy de los que piensan que ese ser creador es un invento del hombre, para así cubrir sus eternas necesidades de seguridad e idolatría y ya de paso dar una banal y fantástica argumentación acerca del posible origen de todo esto para cubrir sus necesidades de conocimiento, me decanto por las investigaciones de Albert Einstein.

Curiosamente, Einstein ganó el premio Nobel, no por esta teoría, sino por sus contribuciones generales a la física teórica. Al parecer, la persona encargada de evaluar dicha teoría para la tan politizada academia sueca no fue capaz de entenderla y ante el temor de galardonar una teoría que pudiese ser errónea, decidieron no correr el riesgo.

En el momento que Albert Einstein postuló sus teorías, la física estaba sustentada por dos grandes pilares cimentados por dos de los científicos más grandiosos de la ciencia. Un pilar era la teoría de la mecánica, donde todos los conocimientos de cinemática y dinámica desde Aristóteles hasta Galileo, fueron condensados por Newton en la denominada actualmente teoría de la Mecánica Clásica. El otro pilar condensaba la otra mitad de la física y englobaba los efectos magnéticos y eléctricos conocidos desde los griegos hasta los últimos estudios de Oersted, Faraday y Lenz, entre otros. Toda esta información técnica fue unificada por el científico inglés James Maxwell en la “Teoría del Electromagnetismo”. Sin embargo, fueron apareciendo algunos nuevos cuestionamientos o efectos físicos desconocidos como el efecto fotoeléctrico, la fórmula de la radiación de un cuerpo caliente o las rayas en los espectros de emisión del Hidrógeno, que no encontraban cabida en ninguno de estos dos pilares, según los conceptos del momento.

A principios del siglo XX, la Ciencia estaba tratando de determinar las diversas propiedades de la luz, su velocidad exacta, su naturaleza, su energía o su medio de propagación entre otros. Se pensaba que el medio utilizaba la luz para propagarse era el éter, un teórico fluido que se encontraba en todo el universo, transparente y de baja densidad que inundaba todos los huecos del espacio. Sin embargo, todos los experimentos de medición de haces de luz realizados en la época llegaban a conclusiones que determinaban que el éter no existía.

En este escenario Albert Einstein presentó su teoría física basándose en dos postulados, (afirmaciones sin demostración), para explicar la naturaleza del Universo. Uno es que la luz se mueve siempre a velocidad constante de unos 300.000 km/s. con respecto a cualquier observador e independientemente de la velocidad de la fuente emisor, (exactamente a 299.793 kilómetros por segundo), contradiciendo la relatividad Galileo, y además se propaga en el vacío. El otro es que no existe ningún experimento posible en una nave que nos permita saber si nos estamos moviendo y la prueba más palpable es que los pobladores de la Tierra no podemos apreciar los movimientos traslaciones y rotacionales de ésta. Más tarde dichos postulados fueron demostrados.

A partir de estos postulados se concluye que cada sistema de referencia tiene su propio espacio-tiempo y que la idea de un tiempo absoluto como lo había planteado dos siglos antes Newton estaba errada. Matemáticamente la velocidad es igual al espacio recorrido sobre el tiempo empleado, pero si la velocidad de la luz es constante, el tiempo no podría ser un concepto rígido, por lo que cuanto más rápido te mueves, el espacio se ha de contraer y el tiempo se ralentiza, por lo que se envejece más lentamente, (experimentos realizados con muones, partículas atómicas elementales, confirman dicha afirmación).

De estas premisas teóricas Einstein obtuvo una serie de ecuaciones que tuvieron como consecuencias el aumento de la masa con la velocidad. Uno de sus resultados más importantes fue la equivalencia entre masa y energía, según la conocida fórmula E=mc², en la que c es la velocidad de la luz y E representa la energía obtenible por un cuerpo de masa m cuando toda su masa sea convertida en energía.

Todo esto fue demostrado en el año 1932 y dio lugar a impresionantes aplicaciones concretas en el campo de la física, (tanto la fisión nuclear como la fusión termonuclear son procesos en los que una parte de la masa de los átomos se transforma en energía). Los aceleradores de partículas donde se obtiene un incremento de masa son un ejemplo experimental clarísimo.

Con todo esto, que se denominó “Teoría especial de la relatividad”, (publicada en 1905), Albert Einstein reformuló toda la física clásica de Newton conocida hasta ese momento. De aquí en adelante la mecánica clásica sería sólo un caso particular de una mecánica más amplia y general, llamada más tarde Física Relativista, y que se aplica a las partículas que se mueven a grandes velocidades.

Sin embargo, Einstein se dio cuenta de que el que todas las leyes de la naturaleza fueran las mismas para todos los observadores que se mueven con velocidad uniforme, unos con respecto a otros, discriminaba a los observadores que aceleran, como es el hecho de que una persona que cae al vacío no siente su propio peso, y que los efectos producidos por un campo gravitacional equivalen a los producidos por el movimiento acelerado. Su teoría de la relatividad restringida sólo era válida, por lo tanto, para sistemas inerciales, es decir, sin aceleración, y quería hacerla extensiva también a sistemas acelerados.

Además, la teoría de la relatividad especial, basada en el principio de la constancia de la velocidad de la luz sea cual sea el movimiento del sistema de referencia en el que se mide, no concordaba con la teoría de la gravitación newtoniana, que dice que la fuerza con que dos cuerpos se atraen depende de la distancia entre ellos, puesto que al moverse uno de ellos tendría que cambiar al instante la fuerza sentida por el otro, es decir, la interacción tendría una velocidad de propagación infinita, violando la teoría especial de la relatividad que señala que nada puede superar la velocidad de la luz.

A partir de estas premisas, tras ocho años de investigación y tras varios intentos fallidos de acomodar la interacción gravitatoria con la relatividad, Einstein sugirió que la gravedad no es una fuerza como las otras, sino que es una consecuencia de que el espacio-tiempo se encuentra deformado por la presencia de masa. Así acabó publicando en 1915 la “Teoría general de la relatividad”, estableciendo que el espacio y el tiempo son en sí mismo como un tejido que se puede retorcer en presencia de enormes masas, lo que significaría que el espacio es flexible, por lo que el tiempo también lo es, al ser el espacio-tiempo una entidad relacional. Por ello, el tiempo transcurre más despacio es sistemas gravitacionales más fuertes.

El caso es que Einstein encontró que la teoría de Newton estaba incompleta y sólo era aplicable para bajas velocidades en relación con la velocidad de la luz. Elaboró una descripción de la naturaleza más precisa que la de Newton. Pero la naturaleza no va a modificar su comportamiento para satisfacer la teoría de la comunidad científica, sino que es la comunidad científica quien deberá seguir progresando en sus investigaciones para que las posteriores teorías describan la naturaleza mejor que todas las teorías anteriores.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

LAS DIFERENCIAS HOMBRE-MUJER

El penúltimo año que cursé en la Universidad sólo tenía tres asignaturas y, por culpa del plan nuevo, sólo tenía una clase diaria, lo que me dejaba mucho tiempo libre, el suficiente para degustar un año universitario de los que están en mente de todos cuando se habla de Universidad y piso de estudiantes, salir mucho, llegar tarde a casa, levantarme a las once de la mañana… y, encima, podía llevar las asignaturas al día.

A diario solía quedar muy a menudo con Rosa y Anamari para acabar muchas de esas noches en el Elfos, un pub próximo a donde ellas vivían. Recuerdo que ese año traté varias veces con Anamari el tema de las grandes diferencias que había entre los hombres y las mujeres, sobre todo a nivel hormonal. Ella solía decir que las diferencias no eran tan grandes como yo quería creer y que las mismas necesidades que las hormonas les generan a los hombres, también se les genera a las mujeres, pero los hombres lo manifestamos más abiertamente. Yo le replicaba que no sólo lo manifestábamos, que también lo llevábamos a la práctica. El caso es que tampoco profundizamos mucho en el tema, pues ella me decía que siempre llevaba el tema a los matices de la sexualidad, pero sí que el tema salió en repetidas ocasiones por razones que a mí me parecían más que evidentes, a partir de lo que observaba en mi piso y en el suyo.

Realmente, yo pensaba que las diferencias se debían a motivos puramente hormonales, ya que las hormonas presentes en los cuerpos masculinos y femeninos son diferentes y provocan distintos comportamientos. Por ejemplo, los estudios con transexuales han mostrado que si se administra testosterona a una mujer durante meses adquiere no sólo los rasgos físicos de un hombre sino que también le cambia la estructura del cerebro y, por lo tanto, su forma de pensar tradicional y viceversa. Sin embargo, resulta que las diferencias en la composición de los órganos de un hombre y una mujer son bastante apreciables, como por ejemplo, el cerebro, los ojos, los oídos, la piel…

Durante las siete primeras semanas de gestación todos los fetos son femeninos. Esto es debido a que la naturaleza siempre tiende a crear embriones femeninos. Durante estas primeras siete semanas de la gestación, los órganos sexuales del embrión no están aún diferenciados. Cuando un espermatozoide con cromosoma X fecunda el óvulo, el proceso diferenciador lleva “por defecto” al desarrollo de un cerebro y órganos genitales femeninos, sin embargo, cuando el espermatozoide lleva el cromosoma Y, éste da una orden específica para que ese proceso natural se altere y comience la formación de los testículos. Éstos, a su vez, activan una serie de hormonas, (la antimulleriana y la testosterona), que inhiben definitivamente el desarrollo de los genitales y el cerebro femeninos y hacen que el embrión se convierta en varón.

Las principales diferencias entre hombres y mujeres no son sólo físicas, también tenemos cerebros diferentes. El cerebro masculino es de mayor tamaño, está funcionalmente organizado de una manera asimétrica evidente en las regiones frontales izquierdas, por lo que está más capacitado para la concentración, la capacidad espacial, el cálculo y la orientación. El cerebro femenino tiene una estructura con una mayor densidad de interconexión de los dos hemisferios por lo que puede realizar más tareas intelectuales simultáneamente, tiene mejor capacidad para el lenguaje, para la memoria y para la identificación de emociones ajenas con más precisión, presenta diferencias de densidad neuronal en ciertas zonas, un flujo sanguíneo mayor y un envejecimiento más lento.

Generalmente las mujeres son peores en matemáticas y mejores en lenguaje. Esto es debido a que en los hombres la materia gris del cerebro presenta más actividad que en las mujeres, (donde predomina la materia blanca). La materia gris maneja el tratamiento de la información mientras que la materia blanca establece relaciones entre datos. Es por ello que se suele creer que los hombres utilizan más la lógica y las mujeres utilizan la intuición. Cuando envejecen, los hombres tienden a perder más células cerebrales en los lóbulos temporales y frontales, lo que afecta los sentimientos y pensamientos. Sin embargo, las mujeres pierden más células cerebrales en el hipocampo, el que afecta a la memoria.

A pesar de contar con cerebros diferentes, que hace que alguno de los dos sexos pueda adquirir ligeras ventajas en uno u otro campo, las diferencias penden de unos hilos muy frágiles, que son culturales, genéticos y químicos. Todos ellos están tejidos por lo único que tiene poder para cambiar físicamente el cerebro, por las ideas y la cultura entendida como un conjunto de costumbres. Hombres y mujeres sienten lo mismo pero lo expresan de manera diferente. Por ejemplo, las mujeres cuando están estresadas necesitan hablar porque cuando hablan activan las conexiones situadas en los centros de placer del cerebro de las mujeres generando progesterona que las calma. Las mujeres utilizan de media unas 25.000 palabras por 12.000 de los hombres. En cambio los hombres estresados tienden a necesitar un poco de tiempo para estar solo para “retirarse a su cueva”, (según dicen los psicólogos), por lo que preguntarle “qué le pasa” puede ser contraproducente.

Des la misma forma, las mujeres cuando tienen un problema suelen necesitar ser escuchadas, que las comprendan, en cambio el hombre, por cultura y por genética, tiende a querer encontrar soluciones concretas a los problemas. Eso puede ser contraproducente en una relación de pareja, ya que intentar encontrar soluciones a una persona que necesita desahogo aumentará el estrés de su compañera. Por eso si una mujer tiene un problema suele buscar a otra mujer para que simplemente le escuche.

Como metodología, los hombres tienden a ir más al grano, más al final del proceso, obviando los detalles. La resolución de los problemas está centrada en la meta. La mujer gestiona la resolución de problemas centrándolo más en el proceso. Igualmente, los hombres se identifican menos con su cuerpo que las mujeres, les gustan más los sistemas y las máquinas (objetos en general).

Otras características diferenciales son la vista, el oído o la piel, entre otras. Las mujeres también tienen una capacidad para recoger señales visuales a corta distancia, (mayor visión periférica), mientras que los hombres tienen mayor capacidad para avistar a larga distancia objetos concretos, (mayor visión cilíndrica). Las mujeres tienen mayor agudeza de oído, sin embargo los hombres son más capaces de saber de dónde viene ese sonido debido a que tienen un mayor sentido espacial y orientativo. Igualmente, las mujeres tienen una mayor sensibilidad táctil y al tacto.

Todo ello se debe a que, evolutivamente, las funciones de los hombres y las mujeres eran diferentes. El hombre cazaba y la mujer recolectaba y cuidaba del hogar y la familia, por lo que adaptaron sus órganos y las funcionalidades de estos a las funciones que desempeñaban.

Es un alivio saber que las diferencias son genéticas y producto del proceso evolutivo animal. Así dejaremos de volvernos locos en la búsqueda de limar diferencias y nos pondremos manos a la obra en aprender a convivir con las diferencias de género como una simple estrategia que nos permita ser más diversos y podernos llevar mejor, gracias a que sabemos que muchas de las actitudes que un género considera torpezas del otro género, se deben en realidad a que un género ha desarrollado mejor unas capacidades que el otro y viceversa.

Yo, particularmente, seguiré sin comprender ciertas cosas de las mujeres, pero al menos ya sé que si son concurrentes en todas ellas, se debe a que son así. Podremos seguir disfrutando unos de los defectos y virtudes de los otros y viceversa.


lunes, 11 de noviembre de 2013

EL PRIMER RECUERDO

El primer recuerdo, el más lejano que tengo de mi vida, cronológicamente hablando, es el de mi primer día de clase, traumático, por cierto. Es algo que siempre me preocupó, puesto que por entonces yo ya contaba con cuatro años de edad, pero lo que es cierto es que no he sido capaz de retener ningún recuerdo anterior a esa edad y si lo he hecho, lo sitúo cronológicamente a una edad posterior.

Cuando hablo con distinta gente, casi todos dicen tener recuerdos anteriores. Cierto es que me han contado multitud de anécdotas de cuando tenía menos de cuatro años e incluso he sido capaz de reconstruir dichos acontecimientos, pero siempre a partir de las pocas fotos que tengo de cuando era niño y del recuerdo de los escenarios donde sucedieron, pero no son recuerdos, son reconstrucciones mentales hechas por mí, a partir del recuerdo de los lugares. Y todo ello a pesar de la cantidad de anécdotas que me han contado de cuando era niño y que podrían haber perdurado en el tiempo por traumáticos, como el rociarme por encima todo el café recién hecho de una cafetera al intentar cogerla, el pingarme de un armario de la cocina hasta que éste cayó encima de mí o el perder temporalmente una uña del dedo gordo de un pie por culpa de una puerta que se abrió de forma inesperada, entre otras.

Lo que es curioso es que mis padres se cambiaron de vivienda cuando yo apenas contaba con ocho años de edad y, sin embargo, tengo infinidad de recuerdos de mi vida en aquella primera vivienda, como si aquellos cuatro posteriores años a mi primer día de clase hubieran sido muy intensos en cuanto al almacenamiento de experiencias o aconteceres.

Al parecer los neurólogos defienden hoy en día la tesis de que es imposible tener recuerdos precisos anteriores a los cuatro o cinco años de edad, pues sólo a partir de esta edad el hipocampo, una de las sedes de la memoria, está perfectamente configurado. Según ellos, las personas que dicen tener recuerdos de edades anteriores, en realidad han construido falsos recuerdos a partir de fotos o historias oídas a familiares.

Es por ello que la mayoría de las personas no es capaz de recordar hechos que ocurrieron cuando eran muy pequeños, pese a haber sido protagonistas de ellos, aunque sí que es posible que alguna experiencia quede marcada en el cerebro, por distintas cuestiones. Se trata de algo muy normal y que los científicos denominan “Amnesia Infantil”. No es una enfermedad, sino que es una consecuencia de la forma en que los niños utilizan su cerebro mientras éste se desarrolla. Los niños retienen recuerdos por poco tiempo y, a medida que pasan los años, éstos desaparecen y son remplazados por otros. La amnesia infantil suele englobar el período entre el nacimiento y los cuatro años, aunque las memorias pueden ser borrosas hasta los ocho. A diferencia de los adultos, el cerebro infantil procesa y almacena los estímulos e información de manera diferente y, a medida que los bebés y niños crecen, los contenidos se mueven y analizan de forma distinta, lo que evita el poder acceder a ellos tal como haríamos con un evento reciente o grabado en un cerebro más desarrollado.

La razón de no recordar los primeros años de nuestra vida, se debe a los altos niveles de producción neuronal durante esa época. La formación de nuevas neuronas aumenta la capacidad para recordar, pero también limpia la mente de viejos recuerdos. La capacidad de recordar disminuye cuando aumenta la formación de nuevas neuronas.

Los niños son capaces de absorber información de manera mucho más rápida que un adulto, pero lo que ellos consideran importante de recordar varía mucho de lo que el resto consideraría relevante. En la primera infancia, (antes de cumplir los cuatro o cinco años), el hipocampo y corteza pre-frontal están muy poco desarrollados, siendo las zonas encargadas de almacenar recuerdos a largo plazo en los adultos. Al ser el hipocampo muy dinámico, no puede acumular información de forma estable. Eso podría explicar la falta de recuerdos a largo plazo en la primera infancia. Además, entre los cuatro y los ocho años de edad, la memoria tiende a ser más borrosa, por lo que quizás se recuerden sensaciones pero no eventos. El cerebro en desarrollo es más plástico y se reorganiza a gran velocidad y, por lo tanto, la memoria, en ese momento, es más frágil y vulnerable y puede borrarse fácilmente. En ese proceso se difuminan huellas de memoria que dan paso a nuevos recuerdos y aprendizajes, por lo que se puede decir que hay un momento en que nuestro cerebro limpia datos para aumentar su capacidad.

Todo ello se debe a que cuando somos niños, se tiene una forma única de absorber lo que ocurre a nuestro alrededor. En un principio los niños son siempre los protagonistas en la memoria y clasifican el hecho según cómo lo vieron. Al no tener la capacidad cognitiva o de lenguaje para procesarlo y almacenarlo de forma correcta, se suele almacenar como imágenes y el hecho se vuelve borroso o simplemente se pierde en el tiempo. Además, aquellos recuerdos considerados como traumáticos, se borran más rápidamente para volverse casi inaccesibles, en lo que quizá sea una forma de protección para un cerebro en plena formación. También, se cree que las niñas tienden a mantener recuerdos antes que los niños. Estudios determinan que las niñas pueden recordar algo que ocurrió cuando tenían tres años y medio mientras que en el caso de los varones, la edad sube a los cuatro años.

Todo esto lo acaba de demostrar la psicóloga canadiense Carole Peterson de la Universidad Memorial de Newfoundland, con un nuevo estudio con menores. Hasta el momento se pensaba que el fenómeno de la amnesia infantil, (la escasez o ausencia de recuerdos de los primeros años de nuestra vida), se producía sólo en los adultos. Sin embargo, este fenómeno también sucede en los menores. En los mayores, la edad media del momento del primer recuerdo es de tres años y medio, pero en los niños esta memoria cambia según se va creciendo.

El caso es que yo achacaba que mi falta de recuerdos anteriores a los cuatro años de edad se debía a una torpeza infantil por mi parte. Igual que comencé a andar algo más tarde de lo normal, pensaba que solamente fui capaz de retener recuerdos a una edad más tardía que el resto. Sin embargo, veo que es algo normal no recordar nada de mis cuatro primeros años de vida y que lo excepcional hubiese sido lo contrario.


viernes, 25 de octubre de 2013

LA ESCLAVITUD MODERNA

En mi segundo año universitario, vivíamos al final de la calle Imperial, próximos al puente Mayor, en Valladolid. Cuando podíamos, principalmente los sábados por la tarde, solíamos ir a echar unas pachanguitas de baloncesto, modalidad tres contra tres, en unas pistas próximas, ya en el barrio de La Rondilla, junto con algún amigo que se sumaba. Una de esas tardes, cuando terminamos de jugar y volvíamos para casa, vimos que en un instituto cercano había un mitin de Julio Anguita dentro de los actos de la campaña electoral de Izquierda Unida con vista a las siguientes elecciones generales y, al enterarnos, entramos todos a verlo.

Recuerdo que me quedé alucinado con aquel mitin. Nunca había escuchado a nadie con un poder de oratoria tan clara y convincente. En sus palabras todos los problemas tenían un claro origen y una lógica rotunda del resultado obtenido a partir de las políticas realizadas y todos los pasos que se estaban dando dentro de la política nacional del momento llegaban a unas conclusiones muy evidentes, a pesar de que iban a contracorriente de las opiniones de la gran mayoría de expertos y analizadores políticos. Explicaba todos los temas abiertamente y de forma muy clara y hasta los menos entendidos en la materia lograban comprender las situaciones expuestas. Incluso admiré que no había ningún intento, por su parte, de manipulación argumental o lingüística ni de utilizar demagogia. Él apostaba por su programa y a quien no le gustase el programa electoral de Izquierda Unida, tenía otras opciones de voto.

Es curioso como con el paso de tiempo mucha gente ve ahora en Julio Anguita a un profeta. La entrada en el euro y las consecuencias de ceder al Banco Central Europeo todas las decisiones de la política económica nacional, entre otras, parecen ahora muy evidentes, pero sólo él lo denunció públicamente en su momento, a pesar de que lo llamaran loco por aquel entonces. Reconozco que aún sigo admirándolo y me encanta saber de sus opiniones y escucharlo cuando es invitado a algún programa o cuando interviene en cualquier acto público.

Hace poco le oí hablar en un acto de la moral del esclavo feliz. Entre muchas de las cosas que dijo, comentó que gracias a los métodos propagandísticos, “el carcelero había conseguido que el esclavo estuviese calentito en la prisión y que, aunque la puerta estuviese abierta, el prisionero no se escapase ni pretendiese hacerlo”. Es lo que él llamaba “la dominación perfecta” o que el sistema había conseguido instaurar “la moral del esclavo feliz” y que ésa era la causa por la que la gente repite expresiones como “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, “hemos de arrimar el hombro” o “con una huelga no se consigue nada”. También me quedé con una sentencia que dijo a partir de sus experiencias en la empresa privada y de su lucha por los derechos laborales: “Es más cómodo someterse que pensar, el esclavo es así”. A partir de sus experiencias en la empresa privada sacó la conclusión de que hay muchos ciudadanos que sienten envidia de los empleados que tienen mejores condiciones laborales y en lugar de luchar porque sus derechos se igualen a los que tienen unos derechos más favorables prefieren que las condiciones de los privilegiados se igualen a los suyos en precariedad, en lugar de luchar por mejorar los suyos. Es la razón que esgrimió para acabar opositando a una plaza de funcionario.

La verdad es que estoy bastante de acuerdo con la mayoría de las exposiciones que realiza. Estamos viviendo unas épocas en las que no paramos de ver como se están recortando una gran parte de los derechos laborales que con tanto esfuerzo se han ido conquistando a lo largo de los últimos siglos. Todos estos derechos se han logrado suprimir a partir de la generación de crisis económicas que han sumido en una pérdida importante de poder adquisitivo a las clases medias y bajas y que han permitido la introducción vehemente de políticas que han recortado continuamente los derechos de estas clases sociales en favor de las clases altas y dominantes todo ello en el nombre de la recuperación económica y del favorecimiento del empleo, a pesar de que han sido, precisamente, la incorrecta legislación de las clases dirigentes, así como las arriesgadas maniobras especulativas de las clases adineradas, las que han provocado esta última crisis. Evidentemente, todo ello, ha sido gracias a la complicidad del electorado que ha dado el poder a fuerzas políticas que han facilitado la introducción de todo ese compendio legislativo y han sido cómplices de dichas maniobras y, por tanto, de la situación actual.

Estos marcos económicos adversos, sumen en la resignación a muchos de los miembros de dicha sociedad. Dicha resignación es la que acaba durmiendo a la gente y, por lo tanto, cualquier reacción de ésta.

Precisamente, el no tener una correcta conciencia social en las épocas de bonanza, el olvidar la lucha de clases, la austeridad comedida, la solidaridad consumista y no ser crítico con las políticas generadoras de burbujas financieras provoca estos bruscos ciclos económicos y deja en total indefensión a las clases medias y bajas, que ven como pierden calidad de vida paulatinamente en las épocas de crisis o retroceso económico y que la brecha con las clases altas aumenta de forma continua.

Todavía recuerdo como se criminalizaban, (y se siguen criminalizando), desde la totalidad de los medios de comunicación, a todas aquellas movilizaciones anti-globalización llevadas a cabo por los denominados grupos o asociaciones anti-sistema que, por cierto, eran de ideologías muy heterogéneas. Clamaban contra la supresión de aranceles y el mercado global que conducían a una avaricia consumista y que nos iban a degradar económica y socialmente. El consumir productos fabricados con personal en condiciones de semi-esclavitud hace que, con el tiempo, nos aboque hacia un camino de igualdad de condiciones laborales por degradación, para lograr ser competitivos con esas gigantes maquinarias productivas logradas a base de falta de regulación laboral y, por lo tanto, de derechos laborales, lo que nos sume progresivamente en la esclavitud cuando formamos parte de las distintas cadenas de manufacturación, sea cual sea el proceso de manufacturación del que formamos parte.

Yo creía que la conciencia de clases era algo que se daba por sentado pero, sin embargo, me encuentro cada vez más con que se ha logrado instaurar la indiferencia con respecto a estas particularidades sociales y, por lo tanto, con respecto a la ideología, lo que sume a la sociedad en el conformismo, el victimismo y la inacción, precisamente en lo que la clase dominante quiere que se convierta la gran masa social dominada o sometida a sus políticas de control y de liberalismo económico que convierte al capital en el dictador del sistema, todo ello gracias a una buena campaña propagandística encubierta bajo informativos o debates direccionados y mediante la opinión de expertos de opinión tóxica o no neutral, es decir, todo ello gracias al control de los medios de comunicación y a la censura o el ostracismo de quien ha querido contrariar “la versión oficial”. De eso Julio Anguita también sabe mucho.


lunes, 7 de octubre de 2013

LA PELÍCULA DE LA VIDA

Tras volver de trabajar de París, retomé mi vida rutinaria con mis amigos. Comencé a coincidir con Adela en varias ocasiones y unos cuatro meses después comenzamos a quedar. Por entonces, ella estaba más centrada en su vuelta a los estudios con el objetivo de cursar Enfermería, que finalmente logró terminar, y yo estaba afrontando un reciente cambio laboral que me obligaba a viajar bastante, por lo que solíamos quedar esporádicamente.

Un día que estábamos tomando algo en una terraza junto con mis amigos, Adela nos comentó que ella veía la vida como una película en la que la mayoría de la gente desempeñaba un papel que se había ido labrando a lo largo de existencia en función de cómo quería cada uno que la gente le viese. En esa película, ella era espectadora de todo aquello. A mí me pareció una reflexión con muchos matices de brillantez, así como del reconocimiento del carácter y de las limitaciones propias, aunque el resto lo viese como una reflexión de pasividad y conformismo.

Cuando digo que tenía muchos matices de brillantez es porque la conclusión a la que llegó la realizó mediante la observación y las sensaciones recogidas, pero el comportamiento humano tiene mucho que ver con la actuación, pues éste está muy influenciado por la manera en la que se aprende y la principal manera de aprender del ser humano es mediante la imitación y la actuación no deja de ser la interpretación de un papel, es decir, la imitación de los comportamientos del personaje que se está interpretando.

La imitación es el recurso de aprendizaje más utilizado por la humanidad desde la antigüedad, (desde que se tiene registros históricos), e inclusive ha sido observada en animales, siendo un aspecto sofisticado de su inteligencia. Sirviendo como ejemplo de esto es el hecho de que mediante la copia o imitación se aprende a hablar o caminar, puesto que ya desde la infancia se fomenta esta metodología como principal forma de aprender. Esto, evidentemente, puede conllevar a que muchos niños adopten prácticamente la personalidad de alguno de sus padres, tutores o personas muy cercanas, normalmente la de la persona a la que más admiran o la de su principal instructor. El aprendizaje mediante la imitación es lo que denomina aprendizaje vicario o social y es una forma de adquisición de conductas nuevas por medio de la observación. En la terapia de la conducta este procedimiento se llama modelado, mientras que en el contexto de la psicología conductual o conductismo se denomina modelamiento.

Con el paso del tiempo entra en función la experiencia como recurso de aprendizaje complementario. Lo que podríamos denominar como método de ensayo y error es el otro método humano de aprendizaje. Éste se basa en las experiencias vividas por lo que se adopta posteriormente y es complementario al aprendizaje mediante copia o imitación. Igualmente, cuando ya se tienen unos conocimientos básicos o sólidos ya adquiridos, entra en juego como método de aprendizaje el cognitivismo, que  incluye procesos mentales que cada uno desarrolla a partir del pensamiento basándose en la lógica, es decir, partiendo de un conocimiento se pueden desarrollar otros. Una parte del cognitivismo englobaría el aprendizaje constructivista, mediante el cual se crean procedimientos propios para resolver situaciones problemáticas, lo cual implica que las ideas se modifiquen y se siga aprendiendo. Viene a ser una construcción del aprendizaje e integra la lógica, las experiencias, las motivaciones, las emociones y la pragmática del aprendizaje donde se aprende algo en función de su utilidad.

Estas pautas de aprendizaje provocan que el comportamiento humano se vea muy influenciado por los patrones que se han tomado como referencia, por lo que buena parte de ese comportamiento tiene una influencia externa muy pronunciada pudiéndose exponer que cada individuo desempeña un papel que va adaptando a su perfil psicológico, a sus preferencias y gustos y a su conocimiento del medio con el que interactúa, (lugares e individuos). Igualmente, en su interacción social, sobre todo cuando se forma parte de un grupo, cada individuo tiende a buscar una especialización dentro de ese grupo, por lo que el comportamiento también puede verse influenciado por ello. Todas estas pautas pueden hacer llegar a pensar que cada individuo interpreta un papel moldeado por las circunstancias que le acompañan en cada momento.

Por otro lado, el hecho de interpretar que ella era espectadora de esa película que le parecía que estaban interpretando la gran mayoría de la gente, entraña, desde mi punto de vista, una actitud pasiva hacia la interacción social, dejando las decisiones acerca del papel que ella debería desempeñar en manos de otros, o bien, participando en la vida social sin influir en lo que ella veía como interpretaciones ajenas.

El caso es que el año pasado, estando en la tercera edición del Vayvén Rock que se celebró en el parque de La Isla, me encontré con Adela, que hacía muchos años que no la veía. Me presentó a su hija que tendría unos tres años, de la que estaba totalmente pendiente. Por fin, Adela había encontrado su papel en la película de la vida y además el más importante, el de protagonista principal, al menos en la película de la vida de su hija.


lunes, 23 de septiembre de 2013

LA DÁDIVA DE CONSEJOS

Siempre me sorprende la gratuidad con el que la gente da consejos. En cuanto alguien tiene un problema, en lugar de escucharle y ayudarle a que él por sí mismo encuentre la solución o una canalización más óptima a su problema, se le aconseja. Supongo que, como la facultad de ayudar suele ser más costosa, ya que implica soportar las quejas de quien tiene un problema, la manera más sencilla de salir del paso es aconsejándolo. Peor aún es cuando la gente da consejos no pedidos. A veces me da la sensación que allá donde vayas te vas a encontrar siempre con alguien que quiere imponer su voluntad sobre el resto a base de consejos no solicitados ante comportamientos que ve, argumentos que escucha o extractos de la vida de terceros.

Los consejos se dan en virtud de las experiencias propias vividas pero no tienen por qué adecuarse a las necesidades de quien los recibe, pues aunque la situación pueda ser idéntica, los protagonistas son diferentes y las soluciones o las maneras de afrontar ciertas situaciones no suelen ser universales para todos. Además, creo que en la gran mayoría de los casos, los consejeros no se aplican a sí mismos los consejos que dan, lo que me ratifica aún más en lo expuesto acerca de la gratuidad con que se dan. Un consejero debería ser consecuente con la máxima de Tales de Mileto cuando expuso “Toma para ti los consejos que das a otro”, pues siempre he creído que el practicar con el ejemplo es más didáctico. Sólo con eso nos evitaríamos tener que soportar toda esa retahíla de aprendices de consejeros, pues en la mayoría de los consejos recibidos, sabemos de antemano que quien los está dando no se los aplicaría a sí mismo si estuviera en nuestra situación, muy a pesar del famoso “Yo, en tu caso…” que suele ser como comienza un consejo.

Un día escuché a mi inseparable amigo Marcos decir que “los consejos son como las patadas en los cojones, que es mejor darlos que recibirlos”. Aun no siendo suya esa frase, reconozco que es la que utilizo cuando alguien me da un consejo que no he pedido y más aún cuando creo que el consejero no es la persona más adecuada para hacerlo, bien porque sé que es un consejo que él mismo no se aplica, porque es un consejo que da para beneficio propio o porque es un consejo que no se adecúa a mi situación o a mi forma de ser. Aún así, sí que creo que la frase del poeta italiano Arturo Graf es bastante acertada: “Escucha bien el consejo de quien sabe mucho, pero escucha sobre todo el consejo de quien te quiere mucho”. Si se busca consejo no hay como dejarse aconsejar por quien por sabiduría puede ser objetivo en el asesoramiento, así como del círculo de personas más queridas que, por empatía y cariño, van a intentar ser lo más acertados posibles con toda recomendación que hagan.

Según la R.A.E. un consejo es “un parecer o dictamen que se da o toma para hacer o no hacer una cosa”, por lo tanto, incluso por definición, no deja de ser una opinión de un interlocutor. Evidentemente no voy a ser crítico con quien da consejo solicitado, es decir, por aquel a quien le piden opinión ante un problema de una segunda o tercera persona. Con quien soy crítico es, en general, con esa masa de consejeros, que gratuitamente asesoran como si fueran los portadores de la coherencia, la exposición, la práctica y la experiencia, esos que reafirman el famoso proverbio popular que dice “Consejos vendo y para mí no tengo”.

El otro día estuve hablando con Bea acerca de esto. Aparte de hacerle mucha gracia mi exposición acerca de la idea que tengo sobre este tema, me comentó que, por lo general, a la gente no le gusta nada oír acerca de desgracias, problemas o insatisfacciones ajenas y que igual que se suele rehuir de preguntar a alguien acerca de cómo le va cuando se tiene la sospecha de que la respuesta no va a ser la deseada o estándar en estos casos, cuando alguien expone un problema es más fácil darle un consejo, para zanjar cuanto antes la situación indeseada, que escucharle y ayudarle a encontrar una solución, aceptación, encaminamiento o alivio a dicho problema, porque esto supondría un esfuerzo o unas habilidades mayores, ya que habría que escucharlo para propiciar el desahogo y, si se tiene facultad para ello, encaminarlo a encontrar por sí mismo una reacción a la situación, con técnicas como la mayéutica, (propia de los socráticos), o similares.

Es cierto, recurrir a los consejos es una buena solución cuando no se tienen habilidades o ganas para ayudar a alguien a resolver un problema, dilema o situación adversa. Lo asocio a esos casos de cierta gente que recurre continuamente a los refranes para describir ciertas situaciones cuando su dialéctica no es lo suficientemente cualificada como para hacerlo sin utilizar dicho recurso.

En definitiva, que supongo que si soy tan reacio a los consejos es precisamente porque apenas he recibido buenos consejos en mi vida o porque, si los he recibido, no se aplicaba a lo que necesitaba en ese momento. Eso no quiere decir que no los haga caso, aunque tampoco quiere decir que los siga, pero los suelo recordar, al menos a corto plazo, y la mayoría de ellos me han sido inservibles o poco aplicables, no sé si por inadecuados, porque me han mal aconsejado o porque no he sabido aplicar los consejos dados. Por eso mismo me cuesta tanto aconsejar a alguien que me pide consejo y nunca aconsejo a quien no me lo pide, salvo que quiera advertir a alguien de algo que me afecta directamente. Ya lo dijo Oscar Wilde: “Los buenos consejos que me dan sólo me sirven para traspasarlos a otros”.


martes, 3 de septiembre de 2013

LAS UNIDADES DE MEDIDA

Pasé una gran parte de mi infancia en el pueblo natal de padres, Curiel de Duero, situado al este de la provincia de Valladolid y a sólo cinco kilómetros de Peñafiel. Lo hacía de forma no continuada, fines de semana y una gran parte del verano, pues mis padres gustaban de pasar en su pueblo la mayoría de su tiempo libre.

Allí me familiaricé con la totalidad de los términos rurales, pues Aranda, por entonces, ya era más una ciudad industrial que agraria. Me sorprendía que la gente mayor aún hacía alusión a las “varas” como unidad de medida, pero me imaginaba que era un residuo de la transición a las unidades actuales, ya que eran los mismos que aún valoraban las cosas por reales, aquellas monedas de 25 céntimos de peseta que tenían un agujero en el centro y del que llegué a tener cerca de una docena de ellas obtenidas tras diversos husmeos en distintos desvanes, a los que era muy aficionado de niño. En lo que sí que estaba algo más familiarizado es en que los melones se vendiesen por arrobas, la cantidad de vino se midiese por cántaras y la superficie de las tierras por fanegas. Igualmente, cuando mi abuela me hablaba de cómo funcionaba su panadería, pues fue la panadera del pueblo, me contaba que la gente les pagaba en grano y que había una equivalencia entre las fanegas de trigo con los sacos de harina y las hogazas de pan. Esto ya me liaba, pues no veía ninguna relación entre la fanega utilizada en el pueblo como medida de capacidad y la fanega utilizada como medida de superficie para las tierras de labranza.

Me imaginaba que ese residuo procedía de la gente que no se había adaptado al cambio de unidades, de la misma forma que a día de hoy aún hay gente que sigue hablando en pesetas a pesar de los más de diez años transcurridos desde la adopción del euro, aunque he de reconocer que en todas las vendimias aún tengo que pasarle a mi padre los kilos de uva primero y los litros de mosto obtenidos, después, a cántaras para que él planifique los cubillos que va a necesitar para la fermentación del vino propio que hacemos todos los años.

Lo que más me sorprendió fue descubrir que, en España, la adopción del Sistema Internacional de Pesos y Medidas se produjo de forma obligatoria y por Real Decreto en Julio de 1890, (31 años después de la adopción del metro como unidad de longitud), y que un siglo después estas unidades aún seguían siendo referenciales en la mayoría de los pueblos de Castilla.

El origen de estas unidades de medida estándar hay que buscarlas a partir en la Revolución Francesa. Tras el triunfo de la revolución se buscó una estandarización en las unidades de medida para facilitar las transacciones comerciales y eliminar así todo un enorme compendio de diferentes medidas utilizadas a niveles regionales y locales y haciendo que todas ellas tuvieron múltiplos y submúltiplos basados en el sistema decimal con sus notaciones, (deca, hecto, kilo,… para los múltiplos y deci, centi, mili,… para los submúltiplos).

Con esto se pretendía buscar un sistema de unidades único para todo el mundo y así facilitar los intercambios comerciales, científicos o culturales, entre otros. Hasta entonces cada país, incluso cada región, tenía su propio sistema de unidades y, a menudo, una misma denominación representaba un valor distinto en lugares y épocas diferentes. Se intentaba normalizar las distintas unidades existentes de longitud, (legua, milla, cuerda, braza, paso, vara, codo, pie, pulgada, línea, punto, caña, cuarta, palmo, estadio, toesa, versta, ana, empan, …), de masa, (tonelada, cuarto, quintal, arroba, libra, marco, cuarterón, onza, fanega, dracma, grano, panilla, …), de superficie, (estadal, cuartillo, celemín, aranzada, fanegada, yugada, caballería, acre, …), o de volumen, (cahíz, fanega, almud, medio, cuartillón, moyo, cántara, arroba, azumbre, botella, cuartillo, copa, cortadillo, barril, galón, pinta, …), que además tenían valores diferentes en las distintas regiones que las empleaban.

La vara que yo conocí era una unidad de longitud que equivalía a tres pies. La longitud de la vara oscilaba en los distintos territorios de España, entre 0,912 metros de la de Alicante y los 0,768 m de la de Teruel. La empleada en Curiel era la vara castellana, (la más empleada en su tiempo), que equivalía a 0,836 metros, tres veces el pie castellano de 0,279 metros.

La arroba de la que oí hablar, cuando en verano venían los camiones ambulantes vendiendo melones desde Villaconejos, equivalía a 11,5 kilogramos. Una arroba eran 25 libras, (la cuarta parte de un quintal), pero en Aragón y Cataluña tenían equivalencias diferentes. También se empleó como unidad de volumen, referenciándolo al líquido medido y de valor diferente en función de la densidad de éste.

La cántara, que aún seguimos utilizando debido a que los cubillos aún se referencian sobre esta medida, equivale a 16,133 litros. En Castilla, el moyo eran 16 cántaras o arrobas de vino, la cántara o arroba eran ocho azumbres, la azumbre eran cuatro cuartillos y el cuartillo eran cuatro copas. Sin embargo estas medidas eran diferentes en Extremadura, Galicia, Navarra o las regiones provenientes del antiguo reino de Aragón.

Por último, la fanega, que era la que me causaba mayor confusión, equivalía en Curiel a un tercio de hectárea como medida de superficie. Esto se debe a que la fanega era una unidad de capacidad para áridos, que en Castilla equivalía a 55,5 litros, por lo que, como unidad de superficie, una fanega era la cantidad de terreno necesaria para sembrar una fanega de grano. Las tierras de mejor calidad necesitaban menos superficie y de ahí la diferencia de superficie para las diferentes comarcas castellanas. Evidentemente, si ya de por sí era diferente como unidad de superficie en las comarcas castellanas, más aún lo era en las comarcas de otras regiones donde utilizaban una referencia diferente de la fanega como unidad de capacidad.

Habrá que agradecer por tanto a la Revolución Francesa su aportación al mundo. No sólo acabó con la monarquía, el absolutismo, el feudalismo y los privilegios de la nobleza y el clero, separó los poderes del Estado y creó la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano a partir de los principios de la Ilustración basados en la razón, la igualdad y la libertad, sino que también aportó las bases para la unificación de medidas a nivel internacional, así como de sus múltiplos y submúltiplos, acabando así con toda esa algarabía de diferentes unidades de medida existentes en todo el mundo.

Si ya de por sí, nos complicaban la existencia con el paso de unidades del S.I. al anglosajón, (que todavía convive en oficialidad en Estados Unidos y Gran Bretaña, entre otros países), no quiero ni imaginar lo que sería del mundo sin una unificación tal.