lunes, 31 de marzo de 2014

LAS DEPENDENCIAS ADQUIRIDAS

Recuerdo que la primera vez que estuve en la ciudad de Cádiz. Lo hice aprovechando unas vacaciones de Semana Santa, (todavía en mi época universitaria), que pasé con mis amigos Marcos, Jesús, Tomás y Pedro en Zahara de los Atunes. El mismo viernes, tras pasar el día viendo la zona sur de la provincia de Cádiz, intentar pasar a Gibraltar, algo que no pudimos culminar por nuestra aversión a ir identificados, y hacer paradas en Bolonia, Tarifa y Algeciras, decidimos ir a pasar la noche a Cádiz, a sugerencia de Marcos, pues era una ciudad que asociábamos a la buena fiesta y al divertimento. De aquella noche recuerdo principalmente dos cosas. Una es que estuvimos recorriendo todos los bares de Cádiz para ver si encontrábamos uno sólo que tuviera la cafetera encendida para que Pedro se tomara un café, pues por entonces, Pedro no era persona si no se tomaba una café después de cenar. De esa experiencia deduje que en Andalucía la gente no se toma un café después de cenar, algo que es bastante frecuente en Castilla antes de salir de fiesta. La otra cosa que recuerdo es que ir de fiesta a Cádiz un Viernes Santo es la peor idea del mundo, algo en lo que no reparamos ninguno de los cinco ateos que nos refugiábamos en Zahara de los Atunes para huir de la Semana Santa y de la toda la religiosidad y parafernalia propias de otras épocas inherente en esas fechas en este país de castañuela.

La verdad es que ése ha sido sin duda el café más famoso que Pedro se haya tomado nunca  y eso que se tomará unos cuantos cada día, no más que cervezas, pero dicha anécdota se la hemos recordado en múltiples ocasiones con el irónico reproche en el que siempre envolvemos este tipo de anécdotas, siempre acompañada de la ocurrencia de Marcos de ir a Cádiz de fiesta en Viernes Santo, aunque eso es algo de lo que todos fuimos responsables, pero es más gracioso si se le carga la responsabilidad a alguien.

Para Pedro, ese café era una dependencia adquirida, un hábito necesario o una necesidad psicológica, lo que podría denominarse una cuasi-necesidad, pues aun no siendo una condición indispensable para su vida, sí que se trataba de una necesidad social adquirida que dominaba una gran parte de su conducta y que surgía de un condicionante situacional.

Evidentemente todos tenemos estos tipos de dependencias adquiridas que muchas veces pueden ser pequeñas manías, adiciones o hábitos, que resultan no ser tan pequeñas cuando se ha de prescindir de alguno de ellos.

Con este tipo de necesidades no se nace. Son necesidades que se adquieren y no suceden sin ser ocasionadas. Cada persona moldea continuamente su forma de ser y de actuar, de acuerdo a  las influencias que recibe del medio que le rodea, al entorno social y a la propia forma de ser, según se va construyendo o moldeando la propia identidad y el estilo de vida personal o propio. Según se construye nuestro  sistema de creencias y valores, que definirá la actitud con la que afrontaremos la vida y el rol que desempeñaremos socialmente y que estará presente en toda situación o actividad que llevemos a cabo, pudiendo ser modificado por las exigencias de las circunstancias particulares, se van construyendo o adquiriendo, de forma paralela, nuestros hábitos, costumbres o dependencias que formarán parte de esa personalidad propia y que moldearán nuestras actitudes ante determinadas circunstancias.

Los valores, ideas, sentimientos y experiencias significativas definen los hábitos y las dependencias de cada persona. Por lo tanto, estos hábitos se crean, no se obtienen por herencia genética, se pueden volver necesidades y nos llevan a realizar acciones automatizadas que, ante circunstancias adversas y con el propósito final de llevar a cabo ese determinado hábito, puede modificar considerablemente nuestra actitud ante unas determinadas circunstancias o situaciones.

Pequeñas adiciones como el tabaco, el café, el alcohol, el uso abusivo de determinadas tecnologías, pequeños hábitos que llevamos a cabo repetidamente en momentos puntuales del día de forma inflexible, incluso el ejercicio puede considerarse una adición cuando es un hábito muy necesario debido a la descarga de endorfinas que provoca a quien lo pone en práctica, acaban siendo dependencias sin las cuales se trastorna nuestro proceder rutinario hasta el punto de poder llegar a padecer una ansiedad propia de un síndrome de abstinencia. Psicológicamente, estas necesidades surgen y activan el potencial emocional y conductual ante la aparición de los incentivos satisfactorios de la necesidad, debido a la tensión que conlleva el no poder poner en práctica dichos hábitos regulares.

Yo, como todos, tengo las mías. Cuando llego a casa después de salir de trabajar tengo que fumarme el cigarro que marca el comienzo del tiempo libre. Sin ese cigarro, las tardes no parecen ser las mismas y mi cuerpo y mi mente me recuerdan que hay algo que está transcurriendo de diferente forma hasta provocar que esté más pendiente de esa cuasi-necesidad que del resto de cosas que están aconteciendo o que estoy llevando a cabo. Consciente de ello, suelo ser complaciente con las manías de los demás, siempre que no me afecten considerablemente, pues seguramente esa pequeña manía pueda ser una dependencia adquirida.


martes, 18 de marzo de 2014

LAS CANCIONES DE NUESTRA VIDA

Mucha de la gente que me conoce no lo sabe, pero cuando yo era niño cantaba bastante bien, al menos eso era lo que decía quien me escuchaba, principalmente los amigos de mis padres, que en sus reuniones de sobremesa me solían tentar para que cantara, algo que acababa haciendo debido a la insistencia y a algún que otro incentivo en forma de propina. También me sirvió para ganar varios festivales de la canción en las colonias de verano que organizaba la empresa en la que trabajó mi padre y a las que acudí durante seis veranos de forma consecutiva. Mi repertorio estaba formado por una docena de canciones que me había aprendido entre las que destacaban “La mochila azul” de Pedrito Fernández, “Como un vagabundo” de Bertín Osborne o “La misma piedra” de Julio Iglesias, todas ellas muy influenciadas por los gustos de mis padres. He de reconocer que cuando, extrañamente, llega a mis oídos alguna de esas canciones que cantaba me acuerdo de aquellos momentos tan halagüeños para mí, a pesar de que pueda coincidir con alguno de mis amigos más íntimos de la infancia que no durará en vacilarme con la canción de turno, pues mis gustos musicales son muy diferentes a esas canciones.

Esas canciones me recuerdan ese momento, pero “Embrujada” de Tino Casal o “Barco a Venus” de Mecano hacen que me aparezca un flash mental de las fiestas del barrio de mi niñez, pues era la música que sonaba en las atracciones cuando yo apenas tenía ningún tipo de cultura musical.

Con la adolescencia fui marcado por otras canciones. Aún recuerdo el año que pasé en un internado de Valladolid cuando oigo el disco “Todos están muertos” de Ilegales, especialmente la canción “Ella saltó por la ventana”. Ese mismo año también me marcó “Bailaré sobre tu tumba” de Siniestro Total, que sonaba mucho en el Club Juvenil al que solía ir a jugar al billar con Álex cuando iba para Aranda.

En mi caso, fue en la época de la adolescencia cuando más canciones tengo asociadas a recuerdos. La entrada del directo de Siniestro Total “En beneficio de todos” comienza con la sintonía de la serie “Corrupción en Miami” y era como empezaban la gran mayoría de las veces que salía de marcha con los amigos, junto con “Acción” de Seguridad Social, aunque fue realmente la canción de “Cuánta puta y yo qué viejo”, (de Siniestro Total), la que pasó a ser el himno de la cuadrilla. Es curioso que unos cuantos años después ésta sea la canción lema del Vayvén, el bar que más frecuento cuando voy a Aranda.

La fiesta de fin de curso de C.O.U. está asociada al primer disco de Distorsión y era la banda sonora del primer coche que tuve, un Renault 5 rojo del 76 de tercera mano, que llegó a hartar a mis amigos de tanto montar en mi coche. Igualmente, la canción “No sé qué hacer contigo” de Barricada me traslada al antiguo Sonata, un pub que frecuentábamos por aquel entonces.

El grupo fetiche del piso de estudiantes que tuvimos en Valladolid fue Barón Rojo, muy a pesar mío, pero llegué hasta a aprenderme las letras de algunas canciones debido a la cantidad de veces que los oí, y si oigo el tema “Los rockeros van al infierno” me acuerdo de Marcos, el Bicho y el Chopo en posición propia del "Metal Hero", gritando la letra de la canción.

Evidentemente, igual que hay canciones que traen recuerdos de lugares o circunstancias, hay canciones que me recuerdan a personas. Por ejemplo, “La mataré” de Loquillo me trae de vuelta al mundo a Carmela, una amiga de la Universidad, “Tocaré” de Tahúres Zurdos me recuerda a Paloma, una antigua amiga de las épocas de instituto y universidad, “London burning’s” de The Clash me recuerda a César, mi compañero de instituto… Curiosamente, a todos ellos no los veo desde hace más de 15 años, aunque si oigo “El imperio contraataca” de Los Nikis pienso en mi amigo Mario, si no está cerca de mí en ese momento.

Del mismo modo otras canciones me pueden traer un determinado recuerdo. “I will survive” de Gloria Gaynor me recuerda mis seis meses en París, “M+M’s” de Blink 182 mis otros seis meses en China, “Pegado a ti” de Los Planetas me trasladan a mis repetidas estancias en Hendaya, “Surfin’ papa” de Mamá Ladilla me recuerda el I Curiel Rock, oír el “Waka-waka” de Sharika es visualizar el gol de Iniesta en la final del Mundial de Sudáfrica y el “I love it” de Icona Pop es retrotraerme a las vacaciones del último verano que pasé en la isla croata de Hvar.

Esta conexión entre canciones y recuerdos es debido a que la música pone en funcionamiento la parte del cerebro humano relacionada con la memoria por lo que se convierte en fuente evocadora de recuerdos. Al escuchar música, las neuronas conectan las melodías con los acontecimientos o emociones que se estén viviendo, lo que de nuevo será recordado cuando se vuelva a escuchar esa misma música. Es por eso que se tiene una asociación concreta entre canciones y recuerdos de determinados acontecimientos de nuestra vida y es por eso, igualmente, por lo que es fácil recordar las circunstancias o el lugar en el que escuchamos por primera vez una canción o un grupo que nos haya llamado poderosamente la atención en el momento en el que lo escuchábamos. En mi caso, por ejemplo, recuerdo con facilidad dónde estaba la primera vez que escuché a una buena parte de mis grupos predilectos o de las canciones que más me gustan o me han gustado enormemente en algún momento.

En fin, que continuamos, aún sin quererlo, construyendo, adaptando o actualizando la banda sonora de nuestra vida, pues todos los momentos importantes que vivamos y que tengan un telón musical de fondo provocarán que nuestro cerebro haga una relación entre ambos, volviéndolos a recordar irrevocablemente unidos. Es por ello, que habrá que tener cuidado si no queremos tener asociada una canción detestable a un acontecimiento que queramos recordar de por vida y viceversa. No pensaba yo que la función del disc-jockey pudiera ser tan importante.


miércoles, 26 de febrero de 2014

LOS RECURSOS LUDOLINGÜÍSTICOS

Hace unos meses que llegó a mis oídos el primer disco y único de un grupo llamado Dislexia, que se titula “Luz azul”. Desde el primer momento en el que lo escuché me llamó mucho la atención por sus letras e incluso cuando lo escuché por segunda vez me percaté de que la primera canción del disco “Personajillos pintorescos” era un divertido tautograma, es decir, un texto compuesto por palabras que comienzan todas por la misma letra. El más famoso tautograma de la historia, aunque corto, fue “Veni, vidi, vinci”, pronunciado por Julio César en el año 47 a.C. al dirigirse al Senado romano, describiendo su victoria en la Batalla de Zela, aunque ya un siglo antes el dramaturgo romano Ennio había hecho famoso ese artificio lingüístico mediante la publicación de un hexámetro tautográmico con la letra “t”. En español, el más famoso tautograma fue un soneto escrito por Francisco de Quevedo en el siglo XVII utilizando únicamente palabras que comenzaban con la lera “a”, aunque se considera que la obra maestra del tautograma fue “Pugna porcorium per Placentium porcium poetam” del profesor alemán de teología Leo Placentius y escrito en latín, que se traduce como “El combate de los cerdos por el poeta porcino Placentius” y que se componía de 253 versos hexámetros que contenían únicamente palabras que comenzaban con la letra “p”.

Lo curioso del disco en cuestión, es que, aunque tardé algo más en percatarme de ello, el título del disco “Luz azul” es un sencillo palíndromo, es decir, una palabra o frase que se lee igual en los dos sentidos. A este recurso era muy aficionado el escritor argentino Juan Filloy, que incluyó innumerables palíndromos en sus obras, aunque quizá el más famoso palíndromo en español sea “Átale, demoníaco Caín, o me delata” extraído del cuento “Satarsa” del también argentino Julio Cortázar, autor de otras muchas tantas obras que incluían palíndromos. Pero el más célebre de todos es el cuadrado Sator, encontrado en varias ruinas romanas e iglesias, con la inscripción “Sator arepo tenet opera rotas” que puede leerse en horizontal y vertical y en ambas direcciones, desconociéndose su verdadero significado. Otro célebre palíndromo es “A man, a plan, a canal, Panama” publicado por Leigh Mercer en honor de Ferdinand de Lesseps, constructor del canal de Suez y que fue quien comenzó las obras de construcción del canal de Panamá, aparte de ser el precursor de dicha idea.

Este grupo, Dislexia, me recordó mucho, por sus letras y estilo, al grupo Mamá Ladilla, que tiene canciones como “Risión cumplida” cuya letra está formada exclusivamente por palabras polisílabas, a excepción del título, “Cunnilingus post mortem” cuya letra está formada exclusivamente por latinajos o locuciones latinas, es decir, expresiones en latín que se utilizan en español con un significado cercano al original, “En el vergel del Edén”, cuya letra es un lipograma univocal ya que sólo utiliza la vocal “e” o “Atente a tu tonta tarea”, cuya letra es una continua paronomasia, recurso fónico que consiste en emplear parónimos, es decir, palabras que tienen sonidos semejantes pero diferentes significados. Igualmente, en otras canciones emplean intencionadamente diversos juegos de palabras. Curiosamente, al informarme acerca del grupo, descubrí que en su formación estaba Juan Abarca, líder de Mamá Ladilla.

Por cierto, un lipograma es un texto que excluye una o varias letras del alfabeto de modo intencionado, mientras que un univocalismo o monovocalismo emplea solamente una vocal, por lo que sería un lipograma en el que están ausentes todas las vocales salvo una. En 1972, el escritor francés George Perec escribió “Les Revenentes”, en la que sólo usa la vocal “e” durante 138 páginas. El escritor mejicano Óscar de la Borbolla en su libro “Las vocales malditas” escrito en 1988 dedica un cuento a cada vocal, aunque en “Un gurú vudú” utilice palabras modificadas, debido a la imposibilidad que se da en castellano de confeccionar frases con sentido y medianamente largas utilizando sólo la vocal “u”. Otros ejemplo son el cuento “Amar hasta fracasar” del escritor nicaragüense Rubén Darío, la canción “Ojo con los Orozco” del argentino León Gieco o “Efectos vocales” del rapero Nach, compuesta por tres bloques donde solamente usa las vocales “a”, (en el primer bloque), “e”, (en el segundo), y “o”, (en el último).

Todos estos artificios lingüísticos se engloban dentro de lo que se ha venido a llamar extraoficialmente como ludolingüística o uso lúdico de la lengua. Aparte de los ya enunciados recursos o artificios ludolingüísticos, existen otros como los pangramas, las palabras panvocálicas, los calambures o los anagramas, por citar los más representativos.

Los pangramas son oraciones que contienen todas las letras del alfabeto. Quizá el pangrama más conocido en el idioma español puede ser "El veloz murciélago hindú comía feliz cardillo y kiwi, la cigüeña tocaba el saxofón detrás del palenque de paja". Puede ser debido a que este pangrama es usado para mostrar las fuentes en el sistema operativo Windows. Por cierto, en Linux aparece el pangrama “Jovencillo emponzoñado de whisky: ¡qué figurota exhibe!”

Las palabras panvocálicas o pentavocálicas contienen todas las vocales y, si es posible, una sola vez cada una. Un ejemplo clásico, sin repetición de vocales, es la palabra “murciélago”, pero la más corta es “euforia” y la más larga “vislumbrándoles”.

El calambur es la agrupación de sílabas de diversos modos con significados diferentes, basándose en la homonimia, en la paronimia o en la polisemia. Fue popular en el Siglo de Oro y utilizado por escritores como Luis de Góngora (“Con dados ganan condados”), Francisco de Quevedo (“Entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad escoja/es coja”) o Juan Ruiz de Alarcón (“¿Éste es conde? Sí, éste esconde la cantidad y el dinero”), entre otros. El libro “Yo a éste lo ablando hablando” del uruguayo Santiago Tavella, los nombres de los personajes del dúo Gomaespuma o la adivinanza “Oro parece, plata no es” son ejemplos contemporáneos del uso de este juego de palabras.

El anagrama es una palabra o frase que resulta de la transposición de letras de otra palabra o frase, es decir, contienen las mismas letras en distinto orden. Ejemplos clásicos son amor- roma-mora-ramo-armo, monja-jamón-mojan, esponja-japonés, cabrón-bronca-barcón. Es un recurso muy recurrente en los guiones de cine y en la literatura, hasta tal punto que incluso el Sindicato de Directores de Estados Unidos empleó el seudónimo de Alan Smithee, (anagrama de "The alias men"), cuando alguno de sus miembros no quería ser asociado con una obra.

En fin, que con esto de hablar de jugar con la lengua me ha provocado cierta curiosidad y me ha dado por buscar la palabra más larga reconocida por la R.A.E. Es electroencefalografista, (persona especializada en electroencefalografía), de 23 letras. Aunque hablando con una amiga enfermera me dijo que polioencefalomeningomielitis, (trastorno inflamatorio que afecta a las meninges y a la sustancia gris del encéfalo y de la médula espinal), de 28 letras, es más largo y es un nombre real. Estoy seguro de que en algunos campos se trabaja con nombres mucho más largos y también reales, como  puede ser alfadenobetaparahidroxifenilpropanoicotirosina, (de 46 letras), que es el nombre de un proteína. Atrás quedó el título de la famosa canción infantil “Supercalifragilísticoexpialidoso”, (32 letras), que cuando era niño consideraba, erróneamente, la palabra más larga del castellano.

Por cierto, un  pentaquismiriohexaquisquilohexacosiotetracontapentágono, (55 letras), es un polígono de 56.465 lados y la hipopotomonstrosesquipedaliofobia, (de 33 letras), es el jocoso nombre que se le ha dado al miedo irracional o fobia a la pronunciación de palabras largas. ¡Qué cachondos!

miércoles, 12 de febrero de 2014

EL RECUERDO DE LOS OLORES

Cada vez que comienza el otoño, el barrio de mi infancia tiene un olor especial. Es un olor que no sabría decir a qué se parece, pero siempre que vuelvo al barrio donde viven mis padres, ese olor que aparece en las tardes soleadas de mediados o finales de Septiembre me traslada, momentáneamente, a mi época de adolescente. Es el olor del comienzo del curso, del fin del verano. Es el olor que mi mente asocia al otoño. Para mí es el olor del otoño. También el invierno para mí tiene un olor especial, también incomparable con otro tipo de olores. Me sucede a comienzo de las tardes soleadas de invierno y el recuerdo lo asocio a las tardes de partido. Era el olor que percibía cuando salía de casa camino a “El Montecillo”, para ver aquellos partidos de tercera que disputaba mi querida Gimnástica Arandina como local cuando era niño, o el olor que percibía cuando salía de casa dispuesto a jugar al fútbol en las categorías de aficionados con los distintos equipos que jugué, (Villalba, Berlangas, Arandilla o Pinilla). Todavía me sucede que cuando salgo de casa estando de visita a mis padres, me entra una nostalgia terrible de aquellas tardes de domingo que pasaba en aquellos “patatales” en los que jugaba domingo tras domingo durante casi una década.

Evidentemente, hay muchos otros olores que tengo marcados en mi subconsciente y asociados a situaciones pasadas. El olor de la lluvia primaveral me hace recordar mis momentos de la infancia en los que salía del clase y me iba a coger caracoles con mi amigo Óscar en los regachos cercanos al colegio. El olor del césped recién cortado lo tengo asociado a aquellas tardes que iba con mis amigos a echar una pachanguita detrás de las porterías de “El Montecillo” mientras entrenaba el primer equipo de la ciudad. El olor a cocido cuando llego a casa en invierno asociado a la vuelta del cole, donde no había rellano de barrio proletario que se librara de ese olor. El olor invernal de los pueblos castellanos, al humo generado por la madera en plena combustión, me devolvía a aquellas épocas en las que iba al pueblo a las típicas matanzas que se hacían regularmente por entonces. El cordero asado asociado a esas reuniones familiares que todavía seguimos haciendo regularmente con la justificación de cualquier celebración. El olor a cierto perfume femenino que hace que se te represente alguna vieja amiga, alguna antigua novia o alguna otra mujer que marcó algún período de tu vida.

Luego hay otros olores más personales o asociados a una experiencia concreta. Reconozco que cada vez que huelo a ponche, me dan náuseas. Aún lo tengo asociado a mi primera gran borrachera de la adolescencia y es algo que después de muchos años no he logrado superar. En el lado agradable suelen quedar otros olores, como aquel que te deja ella en las sábanas y que te hace que puedas disfrutar en su ausencia con sólo sentir su olor.

Por lo general, los olores evocan recuerdos intensos en muchas personas, aunque no en todas, pues dependerá del canal sensorial que cada persona haya desarrollado con mayor intensidad. Los canales visual, auditivo y sinestésico son los tres canales sensoriales del ser humano. El canal sinestésico hace referencia al canal de comunicación que conforman los tres sentidos más primitivos del ser humano, el gusto, el olfato y el tacto. La predominancia de uno de los tres canales de comunicación en cualquier persona dependerá de los estímulos recibidos durante los primeros años de vida.

El olfato y el gusto son sentidos directamente relacionados con el instinto de supervivencia y ambos están conectados por la faringe. Distintas reacciones fisiológicas de carácter químico hacen que uno funcione conectado con el otro. Como el olfato y el gusto se relacionan directamente con la comida y ésta es indispensable para sobrevivir, la evolución ha hecho que los mecanismos de la memoria se adapten para conservar la información percibida por estos sentidos, de modo que perdure en el tiempo.

Todos los órganos asociados a cada uno de los sentidos, (vista, oído, gusto, tacto y olfato), poseen una zona definida de la corteza cerebral. Estos órganos nos permiten el contacto consciente con el mundo exterior y por medio de ellos captamos información del medio que nos rodea. Por otro lado, existe un proceso llamado asociación cerebral por medio del cual el cerebro conecta las diferentes zonas de la corteza para relacionar recuerdos. Como el sabor y el olor poseen características muy propias y poco comunes, por lo general, es más fácil para el cerebro relacionarlos con formas, colores, texturas e incluso sonidos, que hacerlo de forma contraria, es decir, es más fácil relación un olor con un objeto que un objeto con su olor.

Los recuerdos de olores y sabores, generalmente, están asociados a situaciones de seguridad y estabilidad, comida y abrigo, por ello permanecen más tiempo en la memoria a corto y largo plazo. Ésta es una forma de asegurar la permanencia de la especie.

La capacidad para recordar olores concretos es sorprendente si se tiene en cuenta que las neuronas del epitelio olfatorio tienen una vida media de unos 60 días. Tras su muerte, son reemplazadas por otras células nerviosas que deben establecer de nuevo las sinapsis, o relación funcional de contacto entre las terminaciones de las células nerviosas. Mediante una extremada precisión en el recambio celular, en el que cada sustituta ocupa un lugar concreto, se logra que los recuerdos no desaparezcan.

Cuando se trata de la creación del primer recuerdo asociativo entre un objeto y un olor, el cerebro actúa de una forma particular. La primera vez que se asocia un objeto a un olor se crea un profundo recuerdo en el cerebro, algo así como que hubiera una memoria especial la primera vez que se huele algo, que es creada en el cerebro por las regiones del hipocampo y la amígdala, por lo que se puede concluir que el cerebro prioriza los olores. Por todo ello, recordamos los olores y los asociamos a personas, objetos o situaciones.

Hace un par de semanas volví a jugar a fútbol tras más de ocho años sin hacerlo, (en este caso fútbol-7). Sí que había jugado alguna que otra pachanga de fútbol-sala y fútbol-7, pero no en una competición organizada. Al llegar al campo esperaba encontrarme con ese olor a hierba húmeda o recién cortada que me traslada a aquellos recuerdos de partido inminente y que me provocan unas sensaciones similares a las de un adicto que no puede reprimir sus terribles ganas de calzarse las botas de fútbol. Sin embargo no fue así. Es lo que tiene el jugar en campos de césped artificial.


martes, 28 de enero de 2014

EL ENGAÑO DEL NEOLIBERALISMO

Hace un tiempo el programa “La noche temática” de TVE emitió el documental “La doctrina del shock”, basado en el libro “La doctrina del shock, el auge del capitalismo del desastre”, de la periodista canadiense Naomi Klein. En dicho documental se muestra como las políticas económicas neoliberales la Escuela de Economía de Chicago y del profesor Milton Friedman, (galardonado con el premio Nobel de Economía en 1976), habían sido impuestas en países con modelos de libre mercado a través de impactos en la psicología social a partir de desastres o contingencias adversas, provocando que, ante la conmoción y confusión, se pudieran hacer reformas muy impopulares, que serían inaceptables por la población en situaciones normales.

En el documental se repasan las distintas actuaciones para aplicar esta doctrina. Comienza con las transformaciones económicas realizadas en Sudamérica, que se utilizó como banco de pruebas, a partir del golpe de Estado dado por Augusto Pinochet en Chile, (que derrocó al presidente electo Salvador Allende), y que fue ejecutado con la financiación y apoyo de la CIA por orden del presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon. En esta parte se analiza la necesidad de la tortura para la imposición de políticas neoliberales, (impopulares todas ellas), asociadas a la terapia de choque. Algo parecido se realizó en Argentina, a partir de la instauración de la dictadura militar tras el golpe de estado, ejecutado por los comandantes de las tres Fuerzas Armadas argentinas, que derrocó al gobierno peronista encabezado por  María Estela Martínez de Perón. También se analiza como esta terapia de choque fue aplicada sin necesidad de situaciones tan extremas como las de Argentina y Chile. Así, Margaret Thatcher las impuso aprovechando el populismo obtenido a partir de la victoria de Inglaterra en la Guerra de las Malvinas, mientras que en Bolivia se adoptaron con el asesoramiento del economista Jeffrey Sachs para mitigar la abultada deuda externa contraída en los gobiernos militares de los años 70.

La crisis financiera asiática de 1997, que provocó la quiebra de Tailandia y que golpeó duramente a Indonesia y Corea del Sur, provocando fuerte devaluaciones monetarias en Malasia, Filipinas, Taiwán, Hong Kong y Laos, entre otros, fue una nueva oportunidad para la introducción de terapias de choque una vez que el Fondo Monetario Internacional tuvo que intervenir con la creación de paquetes de rescate. Igualmente, países como Rusia y Polonia, inmersos en transición económica por la caída del bloque soviético, y Sudáfrica, tras la transición económica posterior a la supresión del bloqueo internacional debido a la abolición del apartheid, acogieron estas medidas de neoliberalismo y libre mercado.

Ni qué decir tiene que otros momentos como los atentados del 11-S en 2001 o la crisis financiera originada en 2008 tras el estallido de la burbuja inmobiliaria y el hundimiento de los productos derivados de las hipotecas “subprime” que acabó quebrando grandes empresas, colapsando el sistema financiero y generando abultadas deudas exteriores en los países de la Eurozona son campo de cultivo idóneo para imposición de políticas neoliberales de terapia de choque, aprovechando las delicadas situaciones por las que pasaban las economías de ciertos países, y como moneda de cambio de los paquetes de rescate económico que recibieron.

Sin embargo, tal y como advierten cada vez un mayor número de economistas de prestigio, este fundamentalismo económico se ha venido imponiendo gracias a la voluntad del poder financiero y al protagonismo mediático que se ha dado a todo tipo de economistas afines a este poder, tal y como comentaba en la anterior entrada “El Nuevo Capitalismo”. Trabajos de carácter predominantemente ideológico y propagandístico como los de Alberto Alesina y Silvia Ardagna, sobre la necesidad de la austeridad como medida estimuladora de crecimiento y de creación de confianza en los mercados financieros, y los de Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, que alertaron que el crecimiento de la deuda pública por encima del 90% del PIB llevaba a la recesión, explicando la crisis financiera actual en la Unión Europea por un exceso de esta deuda pública, todos ellos basados en una argumentación muy débil y criticados extensamente por sus errores y falsedades, han sido manuales de eficacia económica a seguir por la gran mayoría de mandatarios.

Entre los grandes errores y falsedades en los argumentos que sostenían el dogma de la economía neoliberal, se puede apreciar que Ronald Reagan no bajó el gasto público durante su mandato sino que lo subió, aunque lo hizo en el sector militar en lugar de en el social. Incluso es el presidente de Estados Unidos que más ha subido los impuestos en tiempos de paz, pues bajó los de las rentas superiores para aumentar los de la mayoría de la población, tal y como advirtió el economista estadounidense Paul Krugman, Premio Nobel de Economía en 2008.

Irlanda y España fueron dos de los países que están sufriendo la actual crisis de una manera más acentuada. Ambos estaban entre los discípulos aventajados de la escuela neoliberal, teniendo superávit en sus cuentas públicas y una deuda pública menor que la del promedio de la Eurozona. Ambos han sido acusados de estar en crisis económica por haber gastado demasiado cuando eran los países con el gasto público social por habitante más bajo de la Eurozona y sus Estados estaban en superávit.

Lo cierto es que la aplicación de estas políticas neoliberales ha profundizado aún más la crisis, (cuando eran medidas, sobre el papel, para salir de ella), deteriorando aún más la situación económica de los países en los que se han aplicado en los cuales se están alcanzando unos niveles de desempleo inéditos, con un deterioro alarmantemente del estado de bienestar y de la calidad de vida de las clases populares que son quienes más intensamente están sufriendo los efectos negativos del neoliberalismo. Igualmente, estas políticas están creando una enorme crisis democrática pues se están aplicando mediante la imposición de los partidos gobernantes, sin haber sido incluidas previamente en sus programas electorales.

Los únicos sectores sociales que apoyan tales políticas son las rentas superiores, las élites financieras y empresariales y las grandes empresas exportadoras, que son quienes se benefician de tales políticas, mientras que las clases populares, que son la mayoría de la población, se están oponiendo de manera generalizada. Si estas políticas continúan existiendo y aplicándose se debe al enorme poder de estas élites financieras, empresariales, mediáticas y políticas, en definitiva, de los grandes beneficiarios, y únicos, de esta crisis actual.

Aún así, éste es el sistema económico al que nos vemos sometidos, el capitalismo liberal o neoliberalismo, también llamado capitalismo especulativo o de casino, gracias a la desregularización del sector económico. Un casino, por cierto, en el que nos toca jugar a todos de forma obligatoria y que como bien sabemos, cuando de casinos se habla, la banca siempre gana.


martes, 14 de enero de 2014

EL NUEVO CAPITALISMO

Cuando era más joven siempre decía que la única ventaja que tenía el capitalismo era que hacía que la gente se buscase la vida para salir adelante sin necesidad de tutelaje por parte del sistema. Por lo demás, todo lo que veía en ese sistema era injusto, pues el capitalismo funciona gracias al sometimiento y la explotación que unos pocos países realizan sobre el resto, por lo que este sistema económico sólo funciona en poco más de una treintena de países, fracasando en todos los demás. Es más, incluso en los pocos países donde se puede decir que dicho sistema funciona, las clases sociales más elevadas someten y explotan a las clases sociales más desfavorecidas en la medida que les permite la legislación de cada país. Sin embargo, he de reconocer, que a pesar de lo injusto del sistema y viendo que es irrevocable una migración a otro tipo de sistema económico, echo de menos ese sistema de capitalismo productivo, pues en los tiempos actuales el sistema predominante es un subgénero de éste, denominado capitalismo liberal o neoliberalismo, basado en la especulación, en la no regulación de los mercados y en la falta de intervencionismos gubernamentales en materia económica, que condiciona la situación de las clases productivas o proletarias.

El neoliberalismo es el sistema que ha dominando la cultura política, económica y mediática de la gran mayoría de los países desarrollados desde los últimos treinta años, tras ciertos experimentos realizados en Chile o Argentina, aprovechando las entonces recién instauradas dictaduras militares.

Este sistema propone una limitación del papel del Estado en la economía, la privatización de empresas públicas y la reducción del tamaño del Estado hasta minimizar el porcentaje del PIB controlado o administrado directamente por el Estado, dejando en manos de las empresas privadas y de los particulares el mayor número de actividades económicas posible. Igualmente, propugna la flexibilización laboral, la eliminación de restricciones y regulaciones a la actividad económica, la apertura de fronteras para mercancías, capitales y flujos financieros, el aumento de las tasas de interés o la reducción de la oferta de dinero hasta lograr una inflación cercana a cero y evitar así el riesgo de devaluaciones de la moneda para minimizar los llamados ciclos del mercado, un aumento de los impuestos sobre el consumo y una reducción de los impuestos directos sobre la producción, la renta personal y los beneficios empresariales, la eliminación de regímenes especiales, la disminución del gasto público y la desregularización del comercio entro otras medidas, todo ello para permitir que el sector privado sea el único encargado de la generación de riqueza.

El que ha sido nombrado como el “gurú” del neoliberalismo, Ronald Reagan, comenzó su primera legislatura como presidente de Estados Unidos diciendo “el gobierno no es la solución, sino el problema”, (refiriéndose al sector público). Esta premisa, sirvió como explicación al origen de la crisis por la que pasaba Estados Unidos a principios de los años 80 y derivó en políticas públicas de recortes y austeridad que intentaban reducir el déficit y la deuda pública de los Estados Unidos. Dicho dogma creía que la crisis de entonces se debía a un gasto público excesivo que había ahogado con su peso a la economía, privando de fondos y recursos al sector privado imposibilitándolo a que actuara como motor de la economía.

A partir de esas premisas, los recortes se acentuaron predominantemente en los gastos públicos sociales, pues se asumía que la supuestamente excesiva protección social en legislación laboral, con unos derechos hipertrofiados y un abultado crecimiento salarial, estaba relajando a la clase proletaria trabajadora, (a la que se había redefinido como clase media), lo que provocaba una pérdida de competitividad y un aumento de los precios de los productos, lo que obstaculizaba la capacidad exportadora del país. Por lo tanto, se requería una batería de intervenciones públicas, que redujera dichos derechos laborales y sociales mediante la puesta en marcha de reformas laborales que tenían como objetivo disminuir igualmente los salarios.

Con el fin de llevar a cabo tales intervenciones públicas, todas ellas sumamente impopulares, era preciso poner en marcha una estrategia ideológica y mediática que tendría como objetivo hacer creer a la población que tales políticas eran las únicas posibles, advirtiendo de que no había alternativas. La estrategia consistió en subvencionar, directa o indirectamente, a investigadores académicos que dieran cierta evidencia científica y avalaran la necesidad, inevitabilidad y bondad de tales políticas para la situación económica. Serían estos economistas neoliberales, todos ellos profesores de conocidas universidades y todos ellos próximos al capital financiero, es decir, a la banca y otras asociaciones financieras, los que acaparasen las intervenciones en los medios de comunicación, debido a que todos ellos gozaban de grandes cajas de resonancia facilitada por su proximidad a líneas ideológicas del poder. Así, sus trabajos se convirtieron en la sabiduría económica convencional y el dominio de tal dogma fue absoluto en los medios de comunicación, priorizando a economistas patrocinados y financiados por el capital financiero, sobre otros economistas críticos con esta línea ideológica.

Casi al unísono que en Estados Unidos, dichas políticas fueron instauradas en el Reino Unido de la mano de Margaret Thatcher. Sus políticas económicas hicieron hincapié en la desregularización, (especialmente del sector financiero), la flexibilización del mercado laboral, la privatización de empresas públicas y la reducción del poder de los sindicatos, siguiendo el guión marcado por la Escuela de Economía de Chicago, precursora de dichas políticas.

A partir de entonces, este pensamiento político-económico se fue expandiendo a la práctica mayoría de los países desarrollados y las consecuencias de tal desregularización se han visto plasmadas en las sucesivas burbujas económicas tecnológica e inmobiliaria, ocasionando la quiebra del sistema. Un sistema que ha tenido que ser rescatado y reanimado por el intervencionismo de los estados con aporte de capital para reflotar dicho sistema económico quebrado. Un intervencionismo, por cierto, contrario a dichas directrices económicas, pero que ha servido para reanimar un sistema fracasado, que se ha vuelto a poner en marcha y a avasallar a una población que ya no tiene poder de decisión y ha claudicado ante sus representantes políticos alineados con este nuevo capitalismo.


lunes, 30 de diciembre de 2013

LOS SUEÑOS RECURRENTES

Cuando era niño tenía un sueño recurrente. Tenía como escenario la casa de mi abuela materna, que es el lugar donde vivíamos los fines de semana que íbamos al pueblo de mis padres. Por aquellas épocas, para que los niños fueran obedientes e hiciesen lo que los padres querían, se les intimidaba con que acudiría el coco, el sacamantecas o algún otro ser temible para los pequeños infantes en el caso de no hacer lo ordenado, muy basado todo ello en las tradiciones de la cuasi analfabeta España franquista. Eso provocó que durante en mi infancia tuviese una pesadilla reiterada con este tema, pero no provocó que fuera más sumiso a mis progenitores.

Ese sueño recurrente tenía lugar en la pequeña cocina de dicha casa de mi abuela materna. La amenaza venía de la despensa que comunicaba con la bodega, (que para mis primos y para mí era una enigmática cueva a la que no se podía acceder porque allí es donde residían estos malévolos personajes). El sueño siempre era igual. Toda la familia estaba reunida allí, atemorizada por uno de esos seres amenazantes al que sólo podíamos oír, pero que sabíamos que iba a parecer en cualquier momento. En cuanto aparecía, sin llegar a ver su rostro, yo solía saltar de la cama.

Muchos años más tarde, tras haber terminado mis estudios universitarios, soñé repetidas veces que estaba trabajando sin la titulación académica pertinente por lo que corría peligro mi puesto de trabajo. En estos casos nunca me desperté durante el sueño, pero he de reconocer que en numerosas ocasiones dudaba de si había terminado o tenía que ponerme a estudiar urgentemente porque se me acababan las convocatorias. Al final tenía que recordar el día de la presentación del proyecto Fin de Carrera para convencerme de que todo había sido un sueño producto de mi subconsciente.

Al igual que estos dos sueños, tuve otros que también se repitieron en varias ocasiones, y casi todos ellos acontecieron cuando aún era menor de edad.

Por lo general, según la mayoría de expertos en psicoanálisis, los sueños recurrentes se repiten con poca variación en el tema. Aunque pueden ser positivos, la mayoría de ellos son pesadillas. Los sueños pueden recurrir porque un conflicto plasmado en el sueño permanece no resuelto e ignorado, por lo que una vez se ha encontrado una solución al problema, éstos suelen cesar. Se podría decir que los sueños recurrentes tienen un papel adaptativo tan importante como el de la sensación de dolor. Igual que el dolor alerta acerca de un problema, los sueños recurrentes tendrían un altísimo valor adaptativo porque mostrarían un peligro o una amenaza pendiente de atender para asegurar la correcta salud mental, sin la cual no existe posibilidad de adaptación.

Esta corriente de opinión se cimenta en que el inconsciente se forma con las capas de las experiencias, los aprendizajes, las emociones y los recuerdos que se almacenan desde el primer día de vida. La emoción del momento puede reprimirse pero el inconsciente es el que dicta de forma silenciosa el comportamiento, aunque la conciencia puede bloquear o vetar un acto iniciado por el cerebro, ya que los procesos eléctricos inconscientes preceden en hasta seis segundos a las decisiones conscientes.

Sin embargo, existe otra línea de opinión al respecto, sostenida mayoritariamente por aquellos expertos que considera al psicoanálisis como una pseudociencia, según la cual los sueños solamente son imágenes absurdas producidas por el cerebro. Los sueños funcionarían como una especie de “protector de pantalla”, estimulando al cerebro para mantenerlo en forma durante largos períodos de inactividad. El cerebro seguiría produciendo ciertos neurotransmisores mientras algunas regiones del cerebro permanecen inactivas. Esta teoría se basa en que el contenido del sueño no tiene ninguna importancia mientras el cerebro se mantenga en actividad. Todo esto viene respaldado por el funcionamiento de nuestra memoria, pues todos los recuerdos pasan de una región del cerebro a otra antes de ser almacenados y se sueña con dichos recuerdos durante ese intervalo.

Yo, por mi experiencia, sí que creo que los sueños, por lo general, están vacíos de significado y que, por lo general, es una manera que utiliza el cerebro de almacenar la nueva información recopilada. Es por eso que cuando se conoce gente significativa o se tienen experiencias especiales, se suele soñar con ello. También creo que el hecho de que un sueño llame la atención de quien lo ha padecido, bien por placentero, bien por traumático, hace que al recordarlo se tengan muchas más posibilidades de volverlo a padecer, debido al funcionamiento de nuestra memoria, pues en lugar de almacenarlo, dicho recuerdo se mantendría latente, lo que acabaría convirtiéndolo en sueño recurrente en el caso de volver a soñar con dicho recuerdo. Es por eso que ningún sueño recurrente suele ser neutro, o bien es una pesadilla o bien es un sueño placentero, aunque estos sean los menos frecuentes.

El caso es que volviendo a la corriente de los defensores del psicoanálisis, me llamó la atención escuchar una frase dicha por el psiquiatra y psicólogo suizo, Carl Gustav Jung, (fundador de la escuela de psicología analítica, también llamada psicología de los complejos y psicología profunda, y figura clave en la etapa inicial del psicoanálisis), que dijo que “un sueño sin interpretar es como una carta sin abrir donde el remitente de la carta es tu subconsciente que tiene un mensaje para ti”. Haciendo caso de esta premisa y teniendo en cuenta que hace unos pocos días volví a tener el último sueño recurrente descrito al inicio, no me va a quedar más remedio que hablar seriamente con mi subconsciente para ver qué me quiere decir de una vez por todas, ya que se está empezando a repetir un poco en su mensaje.


sábado, 14 de diciembre de 2013

LA TEORÍA DE LA RELATIVIDAD

Considero que la teoría de la relatividad es la teoría más importante plasmada por el hombre. Si hablamos de popularidad, sin duda, sería la segunda, ya que la teoría de la existencia de un ser supremo creador que englobaría a todo aquel compendio de explicaciones o esforzados razonamientos que se han dado para intentar demostrar, sobre el papel, dicha existencia o, al menos, la no posibilidad de su no existencia, sería la primera. Yo, como soy de los que piensan que ese ser creador es un invento del hombre, para así cubrir sus eternas necesidades de seguridad e idolatría y ya de paso dar una banal y fantástica argumentación acerca del posible origen de todo esto para cubrir sus necesidades de conocimiento, me decanto por las investigaciones de Albert Einstein.

Curiosamente, Einstein ganó el premio Nobel, no por esta teoría, sino por sus contribuciones generales a la física teórica. Al parecer, la persona encargada de evaluar dicha teoría para la tan politizada academia sueca no fue capaz de entenderla y ante el temor de galardonar una teoría que pudiese ser errónea, decidieron no correr el riesgo.

En el momento que Albert Einstein postuló sus teorías, la física estaba sustentada por dos grandes pilares cimentados por dos de los científicos más grandiosos de la ciencia. Un pilar era la teoría de la mecánica, donde todos los conocimientos de cinemática y dinámica desde Aristóteles hasta Galileo, fueron condensados por Newton en la denominada actualmente teoría de la Mecánica Clásica. El otro pilar condensaba la otra mitad de la física y englobaba los efectos magnéticos y eléctricos conocidos desde los griegos hasta los últimos estudios de Oersted, Faraday y Lenz, entre otros. Toda esta información técnica fue unificada por el científico inglés James Maxwell en la “Teoría del Electromagnetismo”. Sin embargo, fueron apareciendo algunos nuevos cuestionamientos o efectos físicos desconocidos como el efecto fotoeléctrico, la fórmula de la radiación de un cuerpo caliente o las rayas en los espectros de emisión del Hidrógeno, que no encontraban cabida en ninguno de estos dos pilares, según los conceptos del momento.

A principios del siglo XX, la Ciencia estaba tratando de determinar las diversas propiedades de la luz, su velocidad exacta, su naturaleza, su energía o su medio de propagación entre otros. Se pensaba que el medio utilizaba la luz para propagarse era el éter, un teórico fluido que se encontraba en todo el universo, transparente y de baja densidad que inundaba todos los huecos del espacio. Sin embargo, todos los experimentos de medición de haces de luz realizados en la época llegaban a conclusiones que determinaban que el éter no existía.

En este escenario Albert Einstein presentó su teoría física basándose en dos postulados, (afirmaciones sin demostración), para explicar la naturaleza del Universo. Uno es que la luz se mueve siempre a velocidad constante de unos 300.000 km/s. con respecto a cualquier observador e independientemente de la velocidad de la fuente emisor, (exactamente a 299.793 kilómetros por segundo), contradiciendo la relatividad Galileo, y además se propaga en el vacío. El otro es que no existe ningún experimento posible en una nave que nos permita saber si nos estamos moviendo y la prueba más palpable es que los pobladores de la Tierra no podemos apreciar los movimientos traslaciones y rotacionales de ésta. Más tarde dichos postulados fueron demostrados.

A partir de estos postulados se concluye que cada sistema de referencia tiene su propio espacio-tiempo y que la idea de un tiempo absoluto como lo había planteado dos siglos antes Newton estaba errada. Matemáticamente la velocidad es igual al espacio recorrido sobre el tiempo empleado, pero si la velocidad de la luz es constante, el tiempo no podría ser un concepto rígido, por lo que cuanto más rápido te mueves, el espacio se ha de contraer y el tiempo se ralentiza, por lo que se envejece más lentamente, (experimentos realizados con muones, partículas atómicas elementales, confirman dicha afirmación).

De estas premisas teóricas Einstein obtuvo una serie de ecuaciones que tuvieron como consecuencias el aumento de la masa con la velocidad. Uno de sus resultados más importantes fue la equivalencia entre masa y energía, según la conocida fórmula E=mc², en la que c es la velocidad de la luz y E representa la energía obtenible por un cuerpo de masa m cuando toda su masa sea convertida en energía.

Todo esto fue demostrado en el año 1932 y dio lugar a impresionantes aplicaciones concretas en el campo de la física, (tanto la fisión nuclear como la fusión termonuclear son procesos en los que una parte de la masa de los átomos se transforma en energía). Los aceleradores de partículas donde se obtiene un incremento de masa son un ejemplo experimental clarísimo.

Con todo esto, que se denominó “Teoría especial de la relatividad”, (publicada en 1905), Albert Einstein reformuló toda la física clásica de Newton conocida hasta ese momento. De aquí en adelante la mecánica clásica sería sólo un caso particular de una mecánica más amplia y general, llamada más tarde Física Relativista, y que se aplica a las partículas que se mueven a grandes velocidades.

Sin embargo, Einstein se dio cuenta de que el que todas las leyes de la naturaleza fueran las mismas para todos los observadores que se mueven con velocidad uniforme, unos con respecto a otros, discriminaba a los observadores que aceleran, como es el hecho de que una persona que cae al vacío no siente su propio peso, y que los efectos producidos por un campo gravitacional equivalen a los producidos por el movimiento acelerado. Su teoría de la relatividad restringida sólo era válida, por lo tanto, para sistemas inerciales, es decir, sin aceleración, y quería hacerla extensiva también a sistemas acelerados.

Además, la teoría de la relatividad especial, basada en el principio de la constancia de la velocidad de la luz sea cual sea el movimiento del sistema de referencia en el que se mide, no concordaba con la teoría de la gravitación newtoniana, que dice que la fuerza con que dos cuerpos se atraen depende de la distancia entre ellos, puesto que al moverse uno de ellos tendría que cambiar al instante la fuerza sentida por el otro, es decir, la interacción tendría una velocidad de propagación infinita, violando la teoría especial de la relatividad que señala que nada puede superar la velocidad de la luz.

A partir de estas premisas, tras ocho años de investigación y tras varios intentos fallidos de acomodar la interacción gravitatoria con la relatividad, Einstein sugirió que la gravedad no es una fuerza como las otras, sino que es una consecuencia de que el espacio-tiempo se encuentra deformado por la presencia de masa. Así acabó publicando en 1915 la “Teoría general de la relatividad”, estableciendo que el espacio y el tiempo son en sí mismo como un tejido que se puede retorcer en presencia de enormes masas, lo que significaría que el espacio es flexible, por lo que el tiempo también lo es, al ser el espacio-tiempo una entidad relacional. Por ello, el tiempo transcurre más despacio es sistemas gravitacionales más fuertes.

El caso es que Einstein encontró que la teoría de Newton estaba incompleta y sólo era aplicable para bajas velocidades en relación con la velocidad de la luz. Elaboró una descripción de la naturaleza más precisa que la de Newton. Pero la naturaleza no va a modificar su comportamiento para satisfacer la teoría de la comunidad científica, sino que es la comunidad científica quien deberá seguir progresando en sus investigaciones para que las posteriores teorías describan la naturaleza mejor que todas las teorías anteriores.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

LAS DIFERENCIAS HOMBRE-MUJER

El penúltimo año que cursé en la Universidad sólo tenía tres asignaturas y, por culpa del plan nuevo, sólo tenía una clase diaria, lo que me dejaba mucho tiempo libre, el suficiente para degustar un año universitario de los que están en mente de todos cuando se habla de Universidad y piso de estudiantes, salir mucho, llegar tarde a casa, levantarme a las once de la mañana… y, encima, podía llevar las asignaturas al día.

A diario solía quedar muy a menudo con Rosa y Anamari para acabar muchas de esas noches en el Elfos, un pub próximo a donde ellas vivían. Recuerdo que ese año traté varias veces con Anamari el tema de las grandes diferencias que había entre los hombres y las mujeres, sobre todo a nivel hormonal. Ella solía decir que las diferencias no eran tan grandes como yo quería creer y que las mismas necesidades que las hormonas les generan a los hombres, también se les genera a las mujeres, pero los hombres lo manifestamos más abiertamente. Yo le replicaba que no sólo lo manifestábamos, que también lo llevábamos a la práctica. El caso es que tampoco profundizamos mucho en el tema, pues ella me decía que siempre llevaba el tema a los matices de la sexualidad, pero sí que el tema salió en repetidas ocasiones por razones que a mí me parecían más que evidentes, a partir de lo que observaba en mi piso y en el suyo.

Realmente, yo pensaba que las diferencias se debían a motivos puramente hormonales, ya que las hormonas presentes en los cuerpos masculinos y femeninos son diferentes y provocan distintos comportamientos. Por ejemplo, los estudios con transexuales han mostrado que si se administra testosterona a una mujer durante meses adquiere no sólo los rasgos físicos de un hombre sino que también le cambia la estructura del cerebro y, por lo tanto, su forma de pensar tradicional y viceversa. Sin embargo, resulta que las diferencias en la composición de los órganos de un hombre y una mujer son bastante apreciables, como por ejemplo, el cerebro, los ojos, los oídos, la piel…

Durante las siete primeras semanas de gestación todos los fetos son femeninos. Esto es debido a que la naturaleza siempre tiende a crear embriones femeninos. Durante estas primeras siete semanas de la gestación, los órganos sexuales del embrión no están aún diferenciados. Cuando un espermatozoide con cromosoma X fecunda el óvulo, el proceso diferenciador lleva “por defecto” al desarrollo de un cerebro y órganos genitales femeninos, sin embargo, cuando el espermatozoide lleva el cromosoma Y, éste da una orden específica para que ese proceso natural se altere y comience la formación de los testículos. Éstos, a su vez, activan una serie de hormonas, (la antimulleriana y la testosterona), que inhiben definitivamente el desarrollo de los genitales y el cerebro femeninos y hacen que el embrión se convierta en varón.

Las principales diferencias entre hombres y mujeres no son sólo físicas, también tenemos cerebros diferentes. El cerebro masculino es de mayor tamaño, está funcionalmente organizado de una manera asimétrica evidente en las regiones frontales izquierdas, por lo que está más capacitado para la concentración, la capacidad espacial, el cálculo y la orientación. El cerebro femenino tiene una estructura con una mayor densidad de interconexión de los dos hemisferios por lo que puede realizar más tareas intelectuales simultáneamente, tiene mejor capacidad para el lenguaje, para la memoria y para la identificación de emociones ajenas con más precisión, presenta diferencias de densidad neuronal en ciertas zonas, un flujo sanguíneo mayor y un envejecimiento más lento.

Generalmente las mujeres son peores en matemáticas y mejores en lenguaje. Esto es debido a que en los hombres la materia gris del cerebro presenta más actividad que en las mujeres, (donde predomina la materia blanca). La materia gris maneja el tratamiento de la información mientras que la materia blanca establece relaciones entre datos. Es por ello que se suele creer que los hombres utilizan más la lógica y las mujeres utilizan la intuición. Cuando envejecen, los hombres tienden a perder más células cerebrales en los lóbulos temporales y frontales, lo que afecta los sentimientos y pensamientos. Sin embargo, las mujeres pierden más células cerebrales en el hipocampo, el que afecta a la memoria.

A pesar de contar con cerebros diferentes, que hace que alguno de los dos sexos pueda adquirir ligeras ventajas en uno u otro campo, las diferencias penden de unos hilos muy frágiles, que son culturales, genéticos y químicos. Todos ellos están tejidos por lo único que tiene poder para cambiar físicamente el cerebro, por las ideas y la cultura entendida como un conjunto de costumbres. Hombres y mujeres sienten lo mismo pero lo expresan de manera diferente. Por ejemplo, las mujeres cuando están estresadas necesitan hablar porque cuando hablan activan las conexiones situadas en los centros de placer del cerebro de las mujeres generando progesterona que las calma. Las mujeres utilizan de media unas 25.000 palabras por 12.000 de los hombres. En cambio los hombres estresados tienden a necesitar un poco de tiempo para estar solo para “retirarse a su cueva”, (según dicen los psicólogos), por lo que preguntarle “qué le pasa” puede ser contraproducente.

Des la misma forma, las mujeres cuando tienen un problema suelen necesitar ser escuchadas, que las comprendan, en cambio el hombre, por cultura y por genética, tiende a querer encontrar soluciones concretas a los problemas. Eso puede ser contraproducente en una relación de pareja, ya que intentar encontrar soluciones a una persona que necesita desahogo aumentará el estrés de su compañera. Por eso si una mujer tiene un problema suele buscar a otra mujer para que simplemente le escuche.

Como metodología, los hombres tienden a ir más al grano, más al final del proceso, obviando los detalles. La resolución de los problemas está centrada en la meta. La mujer gestiona la resolución de problemas centrándolo más en el proceso. Igualmente, los hombres se identifican menos con su cuerpo que las mujeres, les gustan más los sistemas y las máquinas (objetos en general).

Otras características diferenciales son la vista, el oído o la piel, entre otras. Las mujeres también tienen una capacidad para recoger señales visuales a corta distancia, (mayor visión periférica), mientras que los hombres tienen mayor capacidad para avistar a larga distancia objetos concretos, (mayor visión cilíndrica). Las mujeres tienen mayor agudeza de oído, sin embargo los hombres son más capaces de saber de dónde viene ese sonido debido a que tienen un mayor sentido espacial y orientativo. Igualmente, las mujeres tienen una mayor sensibilidad táctil y al tacto.

Todo ello se debe a que, evolutivamente, las funciones de los hombres y las mujeres eran diferentes. El hombre cazaba y la mujer recolectaba y cuidaba del hogar y la familia, por lo que adaptaron sus órganos y las funcionalidades de estos a las funciones que desempeñaban.

Es un alivio saber que las diferencias son genéticas y producto del proceso evolutivo animal. Así dejaremos de volvernos locos en la búsqueda de limar diferencias y nos pondremos manos a la obra en aprender a convivir con las diferencias de género como una simple estrategia que nos permita ser más diversos y podernos llevar mejor, gracias a que sabemos que muchas de las actitudes que un género considera torpezas del otro género, se deben en realidad a que un género ha desarrollado mejor unas capacidades que el otro y viceversa.

Yo, particularmente, seguiré sin comprender ciertas cosas de las mujeres, pero al menos ya sé que si son concurrentes en todas ellas, se debe a que son así. Podremos seguir disfrutando unos de los defectos y virtudes de los otros y viceversa.


lunes, 11 de noviembre de 2013

EL PRIMER RECUERDO

El primer recuerdo, el más lejano que tengo de mi vida, cronológicamente hablando, es el de mi primer día de clase, traumático, por cierto. Es algo que siempre me preocupó, puesto que por entonces yo ya contaba con cuatro años de edad, pero lo que es cierto es que no he sido capaz de retener ningún recuerdo anterior a esa edad y si lo he hecho, lo sitúo cronológicamente a una edad posterior.

Cuando hablo con distinta gente, casi todos dicen tener recuerdos anteriores. Cierto es que me han contado multitud de anécdotas de cuando tenía menos de cuatro años e incluso he sido capaz de reconstruir dichos acontecimientos, pero siempre a partir de las pocas fotos que tengo de cuando era niño y del recuerdo de los escenarios donde sucedieron, pero no son recuerdos, son reconstrucciones mentales hechas por mí, a partir del recuerdo de los lugares. Y todo ello a pesar de la cantidad de anécdotas que me han contado de cuando era niño y que podrían haber perdurado en el tiempo por traumáticos, como el rociarme por encima todo el café recién hecho de una cafetera al intentar cogerla, el pingarme de un armario de la cocina hasta que éste cayó encima de mí o el perder temporalmente una uña del dedo gordo de un pie por culpa de una puerta que se abrió de forma inesperada, entre otras.

Lo que es curioso es que mis padres se cambiaron de vivienda cuando yo apenas contaba con ocho años de edad y, sin embargo, tengo infinidad de recuerdos de mi vida en aquella primera vivienda, como si aquellos cuatro posteriores años a mi primer día de clase hubieran sido muy intensos en cuanto al almacenamiento de experiencias o aconteceres.

Al parecer los neurólogos defienden hoy en día la tesis de que es imposible tener recuerdos precisos anteriores a los cuatro o cinco años de edad, pues sólo a partir de esta edad el hipocampo, una de las sedes de la memoria, está perfectamente configurado. Según ellos, las personas que dicen tener recuerdos de edades anteriores, en realidad han construido falsos recuerdos a partir de fotos o historias oídas a familiares.

Es por ello que la mayoría de las personas no es capaz de recordar hechos que ocurrieron cuando eran muy pequeños, pese a haber sido protagonistas de ellos, aunque sí que es posible que alguna experiencia quede marcada en el cerebro, por distintas cuestiones. Se trata de algo muy normal y que los científicos denominan “Amnesia Infantil”. No es una enfermedad, sino que es una consecuencia de la forma en que los niños utilizan su cerebro mientras éste se desarrolla. Los niños retienen recuerdos por poco tiempo y, a medida que pasan los años, éstos desaparecen y son remplazados por otros. La amnesia infantil suele englobar el período entre el nacimiento y los cuatro años, aunque las memorias pueden ser borrosas hasta los ocho. A diferencia de los adultos, el cerebro infantil procesa y almacena los estímulos e información de manera diferente y, a medida que los bebés y niños crecen, los contenidos se mueven y analizan de forma distinta, lo que evita el poder acceder a ellos tal como haríamos con un evento reciente o grabado en un cerebro más desarrollado.

La razón de no recordar los primeros años de nuestra vida, se debe a los altos niveles de producción neuronal durante esa época. La formación de nuevas neuronas aumenta la capacidad para recordar, pero también limpia la mente de viejos recuerdos. La capacidad de recordar disminuye cuando aumenta la formación de nuevas neuronas.

Los niños son capaces de absorber información de manera mucho más rápida que un adulto, pero lo que ellos consideran importante de recordar varía mucho de lo que el resto consideraría relevante. En la primera infancia, (antes de cumplir los cuatro o cinco años), el hipocampo y corteza pre-frontal están muy poco desarrollados, siendo las zonas encargadas de almacenar recuerdos a largo plazo en los adultos. Al ser el hipocampo muy dinámico, no puede acumular información de forma estable. Eso podría explicar la falta de recuerdos a largo plazo en la primera infancia. Además, entre los cuatro y los ocho años de edad, la memoria tiende a ser más borrosa, por lo que quizás se recuerden sensaciones pero no eventos. El cerebro en desarrollo es más plástico y se reorganiza a gran velocidad y, por lo tanto, la memoria, en ese momento, es más frágil y vulnerable y puede borrarse fácilmente. En ese proceso se difuminan huellas de memoria que dan paso a nuevos recuerdos y aprendizajes, por lo que se puede decir que hay un momento en que nuestro cerebro limpia datos para aumentar su capacidad.

Todo ello se debe a que cuando somos niños, se tiene una forma única de absorber lo que ocurre a nuestro alrededor. En un principio los niños son siempre los protagonistas en la memoria y clasifican el hecho según cómo lo vieron. Al no tener la capacidad cognitiva o de lenguaje para procesarlo y almacenarlo de forma correcta, se suele almacenar como imágenes y el hecho se vuelve borroso o simplemente se pierde en el tiempo. Además, aquellos recuerdos considerados como traumáticos, se borran más rápidamente para volverse casi inaccesibles, en lo que quizá sea una forma de protección para un cerebro en plena formación. También, se cree que las niñas tienden a mantener recuerdos antes que los niños. Estudios determinan que las niñas pueden recordar algo que ocurrió cuando tenían tres años y medio mientras que en el caso de los varones, la edad sube a los cuatro años.

Todo esto lo acaba de demostrar la psicóloga canadiense Carole Peterson de la Universidad Memorial de Newfoundland, con un nuevo estudio con menores. Hasta el momento se pensaba que el fenómeno de la amnesia infantil, (la escasez o ausencia de recuerdos de los primeros años de nuestra vida), se producía sólo en los adultos. Sin embargo, este fenómeno también sucede en los menores. En los mayores, la edad media del momento del primer recuerdo es de tres años y medio, pero en los niños esta memoria cambia según se va creciendo.

El caso es que yo achacaba que mi falta de recuerdos anteriores a los cuatro años de edad se debía a una torpeza infantil por mi parte. Igual que comencé a andar algo más tarde de lo normal, pensaba que solamente fui capaz de retener recuerdos a una edad más tardía que el resto. Sin embargo, veo que es algo normal no recordar nada de mis cuatro primeros años de vida y que lo excepcional hubiese sido lo contrario.